sábado, 30 de abril de 2011

Juan Pablo II

La anécdota que voy a contar ya la había contado en este Café de Ocata. ¿Pero sería un café un café si no se repitieran de vez en cuando las mismas historias?
Se la escuché en Valencia a la persona comisionada por el gobierno de Felipe González para gestionar la primera visita de Juan Pablo II a España, Lluís Reverter. Como representante del gobierno español, tenía que acompañar al Papa como su sombra. Es (me imagino que lo seguirá siendo) una persona que además de dominar los asuntos protocolarios es extraordinariamente dicharachero. En el viaje en avión de Roma a Madrid no paró de hablar con Su Santidad. Pero tras el aterrizaje, el cardenal Dziwisz se le acercó y le dijo secamente: “Su Santidad acostumbra a rezar en los viajes”. Reverter entendió perfectamente que la observación era en realidad una orden, y decidió respetarla. Así que la siguiente etapa en avión, que creo que era de Madrid a Sevilla, mantuvo un digno y respetuoso silencio. Tan digno y respetuoso que el Papa no dejaba de mirarlo y, finalmente, le dijo:
- ¿Cómo es, querido Lluís, que no quieres hablar con el Papa?
- Es que me han asegurado que Su Santidad acostumbra a rezar en estos viajes.
- ¡Y qué voy a hacer! –le contestó el Papa, con un gesto de resignación- ¿Qué voy a hacer, si nadie me habla?

6 comentarios:

  1. Si beatificamos a gente que tiene "de l'esprit", ¿porque no beatifican también a Voltaire? Ha hecho más bien a la humanidad que muchos santos juntos.

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  2. Es genial ¡pobretico! a veces los "entornos" son tremendos ....

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  3. "¿porque no beatifican también a Voltaire?"

    ,y porqué no a Zapatero, que ese ha hecho por la humananidad lo que no está escrito, y además, le mueve siempre el espíritu unas infinitas "ansias de paz".

    ¡VIVA EL PAPA!

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  4. ¡No hay color!, si comparamos el famoso síndrome de la Moncloa, e incluso el de Estocolmo, con lo que ha de ser el del Vaticano... La única imagen comparativa que se me viene es la de Belfegor por los pasillos del Louvre...
    ¿La amistad y defensa acérrima con y de Maciel no habrían de bastar para ser algo más pudorosos? La Iglesia ha sucumbido al oropel del estrellato de los mass media y ha dejado de orientarse por las verdaderas estrellas, la polar la primera. Quizás se le pide lo que está genéticamente imposibilitada de ofrecer.

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  5. Ah, no hay soledad como la del hombre invisible, esto es, El Padre. ¡Tan atrozmente solo que hasta para hablar consigo mismo tiene que hablar-a-se en tercera persona.!

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