jueves, 4 de febrero de 2010

La compasión ciega

Leo en The Economist un artículo que me ha dado -y me sigue dando- mucho que pensar. Se titula "The cruelty of compasion" y le da un señor repaso a uno de los principios sagrados de eso que llamamos Europa, la "cohesión social". Tendré que consultar con Roc Armenter y con María Blanco, que ellos saben de estas cosas. La tesis central del artículo es que la cohesión social se está convirtiendo en una excusa para no abordar reformas necesarias.

Pero, claro, si nos tocan la cohesión social, ¿De qué vamos a enorgullecernos los europeos? ¡Y si no nos la tocan, a ver si su defensa numantina nos va a dejar sin Europa!

La cohesión social- defiende el articulista- es uno de esos valores que todo europeo decente está dispuesto a defender, convencido de que nos garantiza el primer puesto en el ranking de la paz social. Pero... ¿Y si tienen razón los de The Economist y la preservación de la cohesión se ha convertido es una excusa, tanto para los políticos de izquierda como de derecha, para evitar asumir riesgos?

La defensa de la cohesión social no le ha impedido al gobierno griego (remitámonos a países lejanos) llevar al país al borde de la bancarrota.

¿Hay cohesión social más allá de la bancarrota? Porque, amigos, la cohesión social, cuesta una pasta.

El deseo perfectamente comprensible de preservar la cohesión social podría estar ahondando las diferencias entre lo que el articulista denomina los "insiders" (los que tienen un puesto de trabajo fijo y bien remunerado) y los "outsiders" (los que viven en una precariedad laboral creciente). ¿Y si esta separación continúa creciendo, no se está resintiendo la cohesión social?

¿Esto es verdad o un cuento de la derecha económica para sacar partido de la crisis?

Miren ustedes, el asunto me parece tan importante que prefiero guardarme mi opinión (porque es una opinión que no estoy en condiciones de fundamentar con conocimiento de causa) y pedir la suya.

13 comentarios:

  1. El problema (o uno de ellos, supongo) es que los que deben decidir estas cosas no viven en nuestro país. De hecho, no viven en el mundo, sino en una realidad paralela. Vaya, que viven demasiado bien y, lo peor de todo, es que están ahí porque saben que se vive bien y hacen todo lo humanamente posible para perpetuarse.
    En resumidas cuentas, que ninguno (ni estos ni los otros, porque no hay más) tiene cojones de cambiar nada. Y así nos luce el pelo.
    ¿Cree usted que ha llegado el momento de emigrar?

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  2. Quizás a una cartuja... pero no dejan entrar mujeres. Y me parece que tanto para usted como para mí, ese es un peaje excesivo.
    ¿Conoce usted la cartuja de Montalegre, en Tiana? Hoy me han contado una historia preciosa de un monje que hace dos años visitó por primera vez unos grandes almacenes... y volvió corriendo a la cartuja.

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  3. Yo no puedo permanecer mucho rato en unos grandes almacenes. Ni siquera hace falta que haya mucha gente. Es una mezcla entre la luz, el aire viciado y alguna cosa más, no lo sé, pero me pongo -literalmente- enfermo.
    La cartuja de Montalegre la he visto de lejos, escondida entre las colinas que la rodean, y desde hace años que tengo ganas de visitarla, pero... No para quedarme, me temo. Yo estaba pensando más bien en emigrar hacia un país civilizado.

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  4. Home... la cohesió social ¿no ha estat sempre un subterfugi per mirar d'escapar-se de la guillotina?

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  5. La cohesión es una característica de los cuerpos; el adjetivo "social" es el problema.
    Vivimos tiempos de adjetivos: cualquier estupidez se enmascara bajo adjetivos para desvirtuarla y así romper, generar confusion, y miedo: el matrimonio "clásico" el respeto "institucional" son adjetivaciones además mal hechas de las que trufan un habla que no dice nada pero induce al miedo, a la confusión, que es lo que le interesa a la satrapía para que nadie se levante y los saquemos a tiros, que es lo que deberiamos hacer.

    Son tiempos de confusión, Luri, y este tipo de alabros, la neolingüa y la progrez alientan eso.

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  6. Supongo que hay varios usos de la palabrita.

    Si oigo a un sindicato o político hablar de la "cohesión social" pienso en el clásico insider-outsider; trabajadores con trabajo y funcionarios siendo los insiders en cada caso. Este es un uso al que nadie se atreve en USA, por ejemplo. Y es algo que nos sale muy caro; y estamos cerca que les salga muy caro a los insiders también.

    Pero es cierto que Europa (continental) es en algunas cosas diferente, y supongo que podríamos llamar a la menor dispersión salarial "cohesión social," por ejemplo. No hay nada grave en escoger un modelo con menos crecimiento pero mayor igualdad, pero definitivamente el resultado no es lo que vivimos. Lo que vivimos es el insider-outsider.

    Yo prefiero otros modelos de cohesión, si me preguntas, por ejemplo creo que la movilidad puede ser instrumental aunque lleve a mayor dispersión salarial.

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  7. Aunque el título parece que se han copiado a Zweig, a mí me hizo pensar en el Adolphe de Constant. Muy a menudo me da la impresión de estar gobernado por el protagonista de esa novela.

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  8. 'The members of the vanguard (...) wanted to be the leaders of a revolution of compassion. (...) They spacialized in being the advocates of all those in America and the third World who did not challenge their sense of superiority and who, they imagined, would accept their leadership. None of the exquisite thrills of egalitarian vanity were alien to them.'
    (The closing of the american mind)

    ¡Qué listo era Bloom!

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  9. Yo creo que la clave está en esta frase:

    «The gulf between insiders and outsiders destroys the very social cohesion that the policy is meant to preserve.»

    Desde siempre (para mí siempre empieza en los 60s) ha habido una aristocracia y unos parias de la clase obrera; aplicarles a todos el mismo calificativo, es más que una simplificación, es un abuso. (Similar abuso denunciaba Galbraith cuando decía que la palabra "trabajo" describe por igual lo que para unos es fuente de sufrimiento y para otros de prestigio y riqueza)

    En los años del milagro económico, esa aristocracia eran los trabajadores de Seat y demás empresas del INI o paraestatales. Cuando esas empresas empezaron a aplicar criterios de productividad el paradigma del trabajador aristócrata fue basculando hacia el sector público: seguridad del puesto de trabajo, remuneración en línea con el sector privado y quasi-impunidad.

    Pues bien, ¿a quién van a defender los sindicatos?: ¿a esta aristocracia, que los nutre y sostiene; o a los parias (desempleados, sub-empleados o temporalmente mal empleados)? Y, consecuentemente, ¿a quién intentará amansar la administración y mantener en sus privilegios?

    Ahí reside la verdadera ausencia de "cohesión social". Lo otro, el malvado capitalista, es un espantajo, un tigre de papel.

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  10. Pienso que en la situación de crisi laboral y social actual es imposible mantener la cohesión social. Aún así, las políticas de cohesión social permiten a los más desfavorecidos ser personas (durante un tiempo). El problema es que se dice pero no se logra; las políticas de cohesión social hoy son ineficaces. En educación se constata.Puede que los capitalistas de derechas no sepan como arreglarlo y le echen la culpa a la pobre cohesión social.

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  11. La verdad es que no tengo muchos comentarios que hacer. Les confieso, eso sí, que estoy un tanto asustado.
    España en estos momentos, me parece el Titanic.Y lo único que no nos podemos permitir hacer es parar las máquinas.

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  12. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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El landismo dramático

El landismo dramático, en El Subjetivo.