Siento un cierto cansancio de noticias. Hay demasiadas, demasiado sesgadas, frecuentemente son contradictorias y, la inmensa mayoría, muy poco estimulantes. Pero si uno apaga la televisión, descubre pronto que no hay refugio en las redes. Vuelvo pues, al fin, a la lectura.
Pero es imposible sustraerse a lo que nos ocurre, principalmente a las dudas del gobierno. Ahora sale el vicepresidente Pablo Iglesias diciendo que el patriotismo es poner lo general por delante de lo particular. Posiblemente está pensando en lo que los suyos llaman "la socialización del ahorro". No, señor Iglesias, el patriotismo es el reconocimiento espontáneo de lo propio en lo nuestro.
Leo que cuando salimos a comprar llenamos la cesta especialmente con productos frescos (comprensible), repostería, cerveza y bebidas de alta graduación. El consumo de cerveza se ha incrementado un 23% y el de destilados un 17%. Me imagino que estos datos no tienen en cuenta la reducción del consumo debida al cierre de bares y restaurantes.
Navegando por esos mares tecnológicos de Dios, me encuentro con estas palabras de Maya Angelou: "There is nothing quite so tragic as a young cynic, because it means the person has gone from knowing nothing to believing nothing".
¿Nos curará esta pandemia a los europeos del cinismo manso al que nos hemos ido rindiendo relajadamente, poco a poco?
¿No hay un rastro de cinismo en la tentación de aislarse del ruido circundante?


