viernes, 25 de abril de 2008

Contra la cultura III

La cultura, tal como la veneramos hoy, es una figura de la Ilustración o, mejor dicho, fue la gran virtud teologal de los ilustrados, porque integraba en su seno a la fe, a la esperanza y a la caridad.

Condorcet describió con precisión el cielo al que conducía esta fe en su “Esquisse du tableau des progrès de l’esprit humain”: “Llegará el momento en el que el sol sólo iluminará sobre la tierra a hombres libres que no reconocerán otra autoridad que su razón; en el que los tiranos y los esclavos, los sacerdotes y sus estúpidos o hipócritas instrumentos no existirán más que en la historia y los teatros”.

¿Se acerca ese momento? Las opiniones se dividen. Es cierto que abundan las bibliotecas y que las mujeres frecuentan los clubs de lectura. Raul Muniente, del Café Filosófico Mismamente, me decía ayer (no exactamente con estas palabras, pero yo lo interpreté así) que según el tema que tratan asisten más mujeres, más hombres o más argentinos. Que hay que hablar de la ira, chicas; del aburrimiento y la soledad, chicos; de la felicidad, argentinos.

No, no se acerca ese momento. Para los ilustrados la cultura era la punta de lanza del presente abriéndole las carnes al futuro; para nosotros es, básicamente, algo que se refiere al pasado y se encuentra en la historia del arte, de la literatura, de la filosofía, etc. Tanto es así que buena parte del turismo consiste en organizar viajes al pasado cultural del hombre.

La cultura se refiere al pasado pero, se supone, tiene cierta utilidad moral para MI presente, porque -se dice- la cultura forma. La fuente última de esta convicción en el poder formador de la cultura se encuentra en el intelectualismo socrático, que es la afirmación de que cuanto más sabemos mejores somos, porque nadie elige obrar mal más que por ignorancia.

Musil refutó el intelectualismo socrático en "El hombre sin atributos". Pero este no es un libro para regalar para Sant Jordi.

Los libros son buenos, la cultura es buena. Hemos elevado la cultura por encima, incluso, de la política. ¡Curiosa paradoja: El ‘homo culturalis’ es superior al ‘homo politicus’ y de esta manera jubilamos a Condorcet, que ahora tiene su lugar en la historia de las ideas. Lo hemos hecho cultura.

¿Qué es la cultura?

No lo sé, pero sí sé como funciona eso que en la callle se conoce habitualmente como cultura. La cultura es, antes que ninguna otra cosa, un fenomenal aparato de reducción de tensiones. O, para decirlo con el vocabulario de P. Solterdijk, un dispositivo de apaciguamiento. Lo comprobé el 23, el día de Sant Jordi.

jueves, 24 de abril de 2008

Ecce Homo

Tuve que hablar recientemente sobre este autorretrato de Durero de 1500, una obra que me tiene, desde hace tiempo, completamente subyugado. En ella veo el encuentro de un proceso de humanización de lo divino y de divinización de lo humano que en pintura puede seguirse con bastante precisión a lo largo de la segunda mirad del siglo XV y que en filosofía da lugar a la asombrosa Oración por la dignidad del hombre, de Pico della Mirandola.

La secuencia de humanización de lo divino me condujo, porque los caminos del Señor son inescrutables, a un desconocido, Maerten van Heemskerck, que pintó unos "Ecce Homo" entre 1525 y 1555 sobre los cuales os voy a ahorrar mis comentarios. Son los siguientes:





De nada. Mañana recupero el hilo de la crítica de la cultura. En Sant Jordi tenía que hacer trabajo de campo.

Un consejo para los que viven en Barcelona: el Café Filosófico MismaMente.

Sant Jordi

Este es mi resumen del día de Sant Jordi en Barcelona.

Las Ramblas.

Las nubes.


Una.
Dos.

El cielo, que no se acaba nunca.

Ya lo decía.

Las primeras luces de artificio: el fuego del dragón. Inmediatamente las rosas comenzaron a marchitarse.

Homenaje al "lletraferit", inasequible al desaliento.

Con Patrizia y mi agente provocador, en busca del lugar en el que nos gustan las shawarmas.

Despedida de Patrizia, que tenía que volar temprano.

Camino de la Casa Amatller. A donde, finalmente, consiguió arrastrarnos Glauka...

... para que le hablásemos de Tomàs Arias, indudablemente. Y así, hablando de un poeta se acabó el día.

miércoles, 23 de abril de 2008

Nefelibatas del mundo...


Como todo el mundo anda hoy recomendando libros, yo también me apunto al carro y recomiendo estos dos. Pero atención, son libros que pueden hacer mucho mal. Por eso se los dedico únicamente, pero de corazón, a los nefelibatas, amigos que andan como yo cayéndose de bruces por las zanjas de la ciudad en obras por andar mirando las nubes caprichosas.

martes, 22 de abril de 2008

El mundo y yo

Una china regordeta y de mejillas coloradas me enseñó a decir “yi jao” en el puerto de Masnou. Así aprendí a arrancarle una sonrisa cada vez que la veía. “Yi jao”, le decía. Pero ella se cansó de que le arrancara sonrisas de manera gratuita. Lo que quería es que le comprara las películas que llevaba pirateadas en una mochila.

Un negro de 19 años me dijo “¡Padre!”, en la plaza de Ocata y yo le compré por seis euros todo lo que llevaba en la mochila de los Chunguitos y de Azúcar Moreno. A partir de aquel día cada vez que me veía me gritaba “¡Padre!”, y yo le daba un par de euros a cambio de no comprarle nada y que mantuviera la boca de su mochila cerrada. Me enseñó a decir “buenos días” en mandinga y yo le correspondí enseñándole a decir “yi jao”. Así pasó a decirme “¡Padre, yi jao!”, pero yo no he conseguido memorizar como se dice “buenos días” en mandinga. ¡Con lo bien que hubiera quedado en este post!

Me he sentado frente a un gilipollas esta tarde en el tren. Hablaba a gritos por el móvil con un tal Pedro al que le insistía en que tenía que dar recuerdos de su parte a un tal Paco y a una tal Sandra. Un auténtico bárbaro que creía que el vagón del tren era su cuarto de estar. Me apuesto algo a que en su cuarto de estar tiene enmarcado un gran puzzle con un paisaje suizo muy relajante. No se me ocurre pensar nada peor de él.

Un detalle deshonesto en el pensamiento de Yves-Charles Zarka

Esta tarde he asistido a lo que supuestamente era la presentación del libro de Yves-Charles Zarka “Un detalle nazi en el pensamiento de Carl Schmitt”. Tal como ha ido la cosa he entendido perfectamente los palazos que ha recibido este panfleto tanto en Italia (cosa que Zarka ha subrayado) como en Francia (cosa que ha ocultado). El mensaje ha sido sencillo: Schmitt era un personaje perverso, más manipulador que inteligente y, por supuesto, completamente falto de escrúpulos. Y se han presentado abundantes textos –todos ciertos, recalco- para sostener esta tesis.
El problema es que Carl Schmitt fue un personaje complejo e intentar resolver su complejidad ocultando los hechos que no se avienen con el panfleto, no parece muy serio.
Se lo ha acusado de antiliberal, que lo era. Pero hay que añadir: como el 95 por ciento de la población continental europea. Se lo ha acusado de antijudío –que lo fue y de manera notabilísima-, de cínico, manipulador… y, sobre todo, de haber elaborado un sugestivo mito de sí mismo que ha condicionando las interpretaciones poco perspicaces de su pensamiento, que por lo visto son casi todas, excepto la de Zarka.
Voy a limitarme a ofrecer una serie de hechos, perfectamente documentados, que no tienen la intención de reivindicar a Schmitt, sino la complejidad de su figura y, dicho sea de paso añadiré que quien jibariza el pensamiento de un filósofo complejo para poderlo manipular con más facilidad, nos habla más de sí que del filósofo en cuestión.
1. Carl Schmitt fue, durante mucho tiempo defensor de la Constitución de Weimar. Buena parte de su prestigio internacional se lo ganó con sus análisis del derecho constitucional en la República de Weimar. Defendió la aplicación de las cláusulas constitucionales que permitían una salida presidencialista de la crisis en la que se veía inmersa Alemania, para evitar así la parálisis política y la alternativa totalitaria. Coincidió en esto con el jurista socialdemócrata Ernst Fraenkel.
2. Los especialistas de la constitución de la República Federal Alemana han resaltado la presencia latente de las ideas de Schmitt en los debates constitucionales. El mismo Schmitt se reconoció a sí mismo en ciertos aspectos de la Constitución de Bonn.
3. La colaboración de Schmitt con los nazis comienza en 1933 y concluye en diciembre de 1936, al ser desposeído de todos sus cargos oficiales y funciones políticas relevantes a causa de la desconfianza que despertaba en el núcleo duro de las SS, que siempre le reprocharon las relaciones que había mantenido con los judíos, las iglesias y los conservadores. El día 3 de diciembre de 1936 la revista portavoz de las SS, Das Schwarze Korps, le dirigió un ataque directo que se hizo aún más virulento en el siguiente número. Se le acusó de mentiroso y oportunista y se citaban los artículos suyos anteriores al 33 en los que había rechazado la ideología racista.
4. Si el pensamiento de Schmitt contamina, entonces resultaron contaminados todos cuanto lo admiraron, entre los que se encuentran Aron, Kojève, Taubes, Derrida, Agamben…o incluso René Capitant, el jurista de Charles de Gaulle.
5. ¿Y qué decir de la herencia schmittiana del maoísta Joachim Schickel o del ecologista Joschka Fischer?
6. Zarka ha resaltado que Schmitt persiguió con saña el pensamiento judío y que defendió la radical separación del pensamiento alemán del judío. Se le ha olvidado decir que las modificaciones que introdujo en la tercera edición de una de sus obras fundamentales, “El concepto de lo político”, le fueron sugeridas por el judío Leo Strauss, de quien conservó cuidadosamente su correspondencia.
7. Walter Benjamín reconoció abiertamente su deuda intelectual con Schmitt. Cuando le envió su libro sobre el drama barroco (“Ursprung der deutschen Trauerspiels”) le adjunto una carta en la que le decía: “Os daréis bien pronto cuenta de hasta qué punto este libro os es deudor en cuanto a la presentación de la doctrina de la soberanía en el siglo XVII. Permitidme que os diga, además, que gracias a vuestros métodos de investigación en filosofía del Estado, he encontrado en vuestras obras ulteriores, en particular en ‘La Dictadura’, una confirmación de mis métodos de investigación en filosofía del arte’”.
8. Quien quiera comprobar la inteligencia de Carl Schmitt, que lea los interrogatorios a que fue sometido en Nuremberg. En un momento dado le recuerda a su interrogador que en 1936, cuando él estaba siendo difamado por las SS, se celebraron las Olimpiadas en Berlín, “con la participación de todas las naciones del mundo”.
9. Se ha dicho que Schmitt tenía una concepción racista del enemigo, y se ha presentado un texto para confirmarlo. Yo presento otro, y que cada cual deduzca lo que quiera: “¿A quien puedo, en suma, reconocer como mi enemigo? Visiblemente solamente a aquel que puede ponerme en apuros. Al reconocerlo como enemigo, reconozco que puede ponerme en apuros. ¿Y quién puede realmente ponerme en apuros? Solamente yo mismo. O bien mi hermano. Es eso: el otro es mi hermano; el otro se presenta como mi hermano, y el hermano se presenta como mi enemigo. Adán y Eva tenían dos hijos, Caín y Abel. Así comienza la historia de la humanidad” (1947).
10. El día 29 de abril, en el transcurso del tercer interrogatorio a que es sometido en Nuremberg, el interrogador le pregunta: “¿No os da vergüenza haber escrito en su momento cosas como las que escribisteis?”, a lo que Schmitt contesta: “Al día de hoy, sí, evidentemente”.
Pero la tarde, gracias a Dios, no ha acabado aquí, sino con una cerveza con el gran Ferrancab.

lunes, 21 de abril de 2008

Contra la cultura II

Acabo de leer “Le grand dégoût culturel”, de Alain Brossat. Es un mal libro que da mucho que pensar. Es un mal libro porque el autor confunde sus ocurrencias panfletarias con argumentos, pero esas ocurrencias que no encuentran respuesta en el libro, se quedan contigo en forma de pregunta una vez acabada la lectura. La más importante es: “¿Qué es eso de lo que todo el mundo habla también y que llamamos cultura?”. Si es tan unánimemente alabada, debería ser bien conocida, pero no parece que sea así.

Justo al acabar este libro me encontré en la prensa con la noticia de que la Generalitat invertirá 32 millones de euros en la búsqueda de nuevos lectores. Es un gasto que nadie le recriminará. O en todo caso le dirán que no es suficiente. La del fomento de la lectura es una causa –se supone- noble. Tan noble que incluso ha sido capaz de conciliar a los presidentes del Espanyol y del Barça, que se reunieron antes del partido que los enfrentó el sábado, aparcando sus rencillas, para apoyarla. Además de noble esta causa es milagrosa.

De todos los fenómenos culturales el más fomentado por los poderes públicos es el de la lectura. Con escaso éxito, todo hay que decirlo, pero aquí lo que se valora es la buena voluntad.

Yo tengo mis dudas sobre si lo que se fomenta es la lectura indiscriminada o el fetichismo del libro, pero tampoco sé si hay mucha diferencia entre ambos conceptos.

Personalmente considero mucho más elevado el ejercicio de contemplar las nubes que el de la lectura y mientras pueda, interrumpiré cualquier lectura para seguir el curso de las nubes, especialmente si el espectáculo que nos brindan es el de estos días. Pero los poderes públicos no consideran noble, por lo visto, fomentar la contemplación de las nubes. Las nubes no son fetiches culturales.

Desde un punto de vista formativo probablemente la conducta más determinante en la formación de una persona sea la del diálogo. Toda la cultura antigua es una loa del diálogo. Platón, el gran Platón, decía que sólo somos capaces de razonar cuando aprendemos a dialogar con nosotros mismos, es decir, cuando interiorizamos el diálogo con los demás. Y él sabía, mejor que nadie, que el diálogo tiende, por su propia naturaleza, a acabar mal. Pero los poderes públicos no fomentan el diálogo sino en todo caso, su expresión más beata y, visto como va la escuela, lo que está en auge es el fomento de la opinión y la expresión individual, cuando, como todo el mundo sabe, la manera más eficaz de no escucharnos es la de hablar todos a la vez.

¿Por qué los poderes públicos se olvidan de fomentar el silencio? ¿Acaso porque es poco comercial?

Por otra parte los poderes públicos, como no quieren ser criticados, fomentan “la lectura”, no esta o aquella lectura. No quieren ejercer de maestros… excepto cuando se trata de loar una figura del pasado, pero en este caso el homenaje cultural tiene mucho de homenaje narcisista a nosotros mismos como miembros de una cultura que produce lumbreras. Es decir, suele ser un acto político, cosa sin duda positiva, pero que no nos aclara el sentido de la cultura.

¿Por qué nadie nos enseña a educar el criterio lector? ¿Qué es lo verdaderamente cultural, la lectura o la formación del criterio?

Yo tiro a la basura abundantes libros, sin ninguna pena. Muchos de ellos no valen ni el peso del papel en el que están escritos. Cuando echo la vista atrás lo que me deja admirado no es lo que he aprendido, sino la cantidad de tiempo que he perdido leyendo memeces. Nada he echado más en falta en mi vida que un maestro que me aconsejara sobre todo lo que no tenía que leer.

Sigo con Mickey

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...