lunes, 11 de diciembre de 2006

Zorn und Zeit

Entrevista a Peter Sloterdijk en Le Point con motivo de la edición francesa de su último libro, “Zorn und Zeit” (Furia y tiempo). Le Point le concede, en portada, el título de “Le nouveau grand philosophe”. Lo leo con interés desde que descubrí su ya lejana "Crítica de la razón cínica". Su prosa se articula en torno a imágenes muy plásticas, precisas e impactantes, cuya lectura provoca inevitablemente un especial chisporroteo intelectual. Resumiré algunas de sus ideas:

I

Si la modernidad fue el tiempo de los grandes conquistadores, la actualidad es el tiempo de un ciudadano soberano que utiliza su soberanía para mostrar sin vergüenza su vulgaridad. Estamos asistiendo a una experiencia tan inaudita como plausible: gracias a la cultura de masas el hombre ha podido finalmente ir más allá de si mismo, pero ha tomado la dirección que lo conduce a lo inferior de sí mismo. Y no parece tener intención de detenerse.

II

En el clima del presente Eros y la avidez de poder (que viene a ser lo mismo) son omnipresentes. Se ha olvidado la generosidad del coraje, la fuerza de la ambición y la voluntad de mostrar las propias virtudes. Eros es la voluntad de recibir, y el hombre moderno no está por la labor de dar. Gracias a nuestra impregnación psicoanalítica, nos hemos transformado todos en mendicantes, en pacientes, es decir, en seres sin coraje, minados por el culto de la falta y humillados por la necesidad de calor.

III

Las colectividades culturales y políticas serán siempre grupos cuyos miembros utilizan las mismas técnicas de supervivencia: la sabiduría inherente a su lengua, el saber-hacer de sus técnicas y la sabiduría terapéutica encarnada en su religión y en su literatura. Mientras estas técnicas son eficaces, la cultura, y por lo tanto el grupo, perdura.

IV

Estos sorprendentes franceses han votado con una obstinación soberana contra la Constitución europea, demostrando así que en la actualidad Francia es una unidad política dominada por la exofobia. Teme su disolución en una unidad superior, pero esta disolución ya ha tenido parcialmente lugar. La unidad de supervivencia operacional de Francia no es ya la misma Francia, sino esta Europa que ella no quiere.

V

Será necesario transformar nuestra mega-arquitectura del bienestar, del confort y de la seguridad interna para incluir al mayor número de los que quieren entrar. Este es el frente principal en el que se desenvolverán los conflictos políticos y morales del siglo que viene.

VI

Es indudable el talento mediático de Ségolène Royal. Pero del discurso socialista se ha quedado con la forma militante, mientras el contenido está vacío. Este es el signo de los tiempos: es el vacío de contenido y el cuidado de la gesticulación lo que puede garantizar el éxito de la izquierda.

¿El derecho a vivir en paz?

Es hermoso proclamar derechos como quien proclama, infaliblemente, dogmas. Pero los derechos no caen de la historia como las frutas maduras de los árboles. O hay un hortelano vigilando el huerto o el más avispado te deja sin postre. ¿Era mejor persona cuando era menos cínico? En cualquier caso hoy parece obligado recordar a Víctor, a quien, sin embargo, hace mucho tiempo que no me apetece escuchar.

sábado, 9 de diciembre de 2006

... o barbarie

Quienes quieran saber lo que es la política, que la piensen como el arte de elegir perjudicados. He defendido esta idea en varios foros. Siempre ha despertado las iras de los idealistas, lo cual me hace pensar que no va muy desencaminada.

Idealismo. Me imagino que alguno de vosotros (si tiene más de cincuenta años) recordará al menos los coletazos post mortem de “Socialismo o barbarie”, el grupúsculo de Claude Lefort y Cornelius Castoriadis cuya principal aportación al pensamiento político fue la demostración empírica de que un grupúsculo marginal es infinitamente divisible en partículas cada vez más pequeñas, pero igualmente esencialistas que el grupúsculo matriz. Acabo de leer algunos capítulos de una obra de Castoriadis, pensador tan contundente como poco original (Lo que hace a Grecia I: De Homero a Heráclito. Seminarios 1982-1983. La creación humana II, FCE, 2006). No esperaba acabar con una frase adherida en la suela de la memoria de la que no tengo manera de desprenderme. Es esta:

Hagamos lo que hagamos nunca haremos otra cosa que lo que se hacía en una ciudad democrática (griega); cierta colectividad decide; somos iguales, y siempre hay alguien que queda excluido, así, de esta colectividad de iguales. Hagan lo que ustedes hagan, siempre será así

¿Siempre será así?

Las almas beatas nunca lo admitirán. Son incapaces de aceptar que cada régimen político genera de forma natural sus anticuerpos específicos y, por lo tanto, sus propios excluidos. Las almas beatas son, sobre todo, incapaces de mirar a la cara a los excluidos que generan sus buenas, sus altísimas, sus dignísimas buenas intenciones. Son absolutamente ciegas respecto a los exiliados por su celestial filantropía.

Las almas políticamente beatas son muy de temer. En cuanto sospechan que no compartes su entusiasmo te lanzan a un campo de reeducación.

viernes, 8 de diciembre de 2006

Raimundo Lulio I

Raimundo Lulio era un joven bastante calavera. Para sacarlo de su vida imprudente, a sus padres no se les ocurrió mejor idea que casarlo con Catalina de Lasbot, con quien tuvo dos hijos, y poco más. Al poco tiempo ya andaba de nuevo siguiendo los revoloteos y frusfruses de las faldas. Llegó a entrar a una iglesia montado a caballo para declarar públicamente su amor a una dama bien casada y de noble estirpe. Cuenta la leyenda que esta dama, decidida a poner freno definitivo a las veleidades de Raimundo, le ofreció, de acuerdo con su esposo, una cita en su casa. El joven acudió puntual, con la alegría propia de quien cree inmediata la culminación de su esperanza. La mujer lo recibió con coquetería y dulzura, y cuando Raimuno estaba más confiado, se descubrió el pecho, mostrándole el cáncer que la devoraba. “Contempla, Raimundo, lo que amas, desiste del afecto con que me idolatras. Pon todo ese cariño en objeto digno de la adoración de todos. Ama a Jesucristo. Si tantas muestras de amor hubieses hecho por él, cual las hiciste por mi, ya hubieras merecido el reino de los cielos”.

Sigo la descripción de Adolfo de Castro: “Horrorizóse del cáncer, quedó conmovido ante las voces de aquella señora tan infeliz como bella y virtuosa, y se acogió al retiro de su casa vertiendo lágrimas de arrepentimiento. Quiso dejar y dejó la corte, dio, con permiso de su mujer e hijos, su hacienda a los menesterosos, y dedicóse a emplear en servicio de Dios cuanto le durase la vida”.

Y así, de esta manera, nació un fervoroso antiaverroísta.

¡Lo que son las cosas!

jueves, 7 de diciembre de 2006

"El discreto"

Baltasar Gracián, “El discreto”:

“No se ha de querer ni aborrecer para siempre. Confiar de los amigos hoy como enemigos mañana, y los peores, y pues pasa en la realidad, pase en la prevención; no se han de dar armas a los tránsfugas de la amistad, que hacen con ellas la mayor guerra; al contrario, con los enemigos siempre puerta abierta a la reconciliación.

Futesas IX

I

(primera futesa impúdica)

La mujer a la que yo amo
Es tan enorme
Que en su corazón dormimos yo
Y yo mismo
Mi otro yo

La corteja mientras tanto

II

Medo: “Hubo un tiempo en que su mera presencia colmaba todos mis anhelos de realidad. Desde entonces, sólo me explico a mí mismo en mis sueños

III

Medo (otra vez): “Quiero deciros algo sobre las convicciones. No os sorprenda su volubilidad. Se mudan en cuanto cambia el paisaje anímico que las sustentaba nutriéndolas de verosimilitud. Uno se deja poseer por un sentimiento nuevo y acaba teniendo que volver a aprender la tabla del dos”.

IV

La modelo al pintor: Si ni soy como me digo, ni soy como tú quieres, ¿cómo soy?

El pintor (asomando la cabeza por un extremo del lienzo): ¿Qué me dices exactamente cuando me dices “te quiero”?.

La modelo (en voz alta): ¡Tantas cosas!

La modelo (para sí misma): Y tan diferentes de una vez a otra...

V

Vete a saber qué entendía Sigmund Freud cuando su mujer le decía “te quiero”. En estos casos creo yo que se dejaría guiar por la barahúnda del cuerpo.

VI

Epitafio que me gustaría poder ver sobre mi tumba, si un día fuera a llevarme flores: “Vivió todos los días de su vida”.

VII

(segunda futesa impúdica)

Llueve en Pamplona y la desconocida que me ha cobrado las "Obras escogidas de filósofos", de Adolfo de Castro, me ha dicho. "Tú eres Gregorio Luri hace muchos años estuve enamorada de ti." Y me he estrujado la memoria y no he conseguido exprimir ni una sola gota. Ni un recuerdo. Nada. He dejado a la desconocida con dos fórmulas de cortesía. Ya no volveré a entrar en esa librería.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...