viernes, 4 de octubre de 2019

Novedades de otoño

Éste está siendo un año curioso. Tras La imaginación conservadora, mi intención era dedicarme intensamente a un libro en defensa del conocimiento que espero tener acabado el mes que viene y que, si todo va bien, saldrá en febrero. Pero el hombre propone y el azar dispone. En marzo pasé dos semanas en México, la mayor parte de ellas en Puebla, a la sombra del volcán Popocatépetl, que andaba con las tripas revueltas, y fascinado por los milagros cotidinos de ese país indefinible, romántico y cruel, áspero y tierno, sinuoso y directo..., acabé un libro de aforismos que había iniciado hacía tiempo. Lo publicará de aquí a unos días mi querido amigo, el poeta sevillano Javier Sánchez Menéndez, en esa editorial tan entrañable para mí que es La isla de Siltolá. 
En julio, una conjunción de elementos cordiales, entre los que se encontraban mis admirados Luis Solano, de Libros del Asteroide, y Sergio Vila-Sanjuán, me llevó a dar una conferencia a los editores catalanes en el Forum Edita, titulada "Sin educación, no hay lectura", que ahora -en unos días- publican mis amigos de Plataforma. En noviembre hablaré sobre esta misma cuestión en Santiago, en una convención de editores gallegos.


Aún hay alguna cosa más, también inesperada, y muy especial -relacionada con los pájaros de Ravel-, para comienzos del año que viene... pero esperemos a hablar de ella a tener, al menos, la portada.

Cuando comencé a publicar -siempre estaré agradecido a la Editorial Trotta por abrirme tan generosamente las puertas-, escribía libros muy pedantes, llenos de notas a pie de página y bibliografía, que no hacían más que acallar mi voz, sepultada entre mucha erudición mal digerida. Pero un día descubrí que ya no escribía para mi curriculum, que ya no estaba en ninguna carrera de méritos,  que ya no quería demostrar nada sobre mí mismo, sino demostrarme cosas a mí mismo, y me puse a escuchar mi propia voz y a modularla. La edad trae con ella no pocos achaques, pero entre ellos se esconde un regalo inesperado, la libertad. Es un regalo grande y exigente que me está ayudando a redescubrir el mundo y a redescubrirme a mí mismo.

9 comentarios:

  1. Un placer seguirle en ese camino de libertad.

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  2. qué suerte...Ud pasó de profesor de Filosofía a profedor jubilado. Y de profesor jubilado de Filosofía al júbilo del filosofar. Que envidia, coño.
    HL

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  3. por cierto, intuyo que en ese período de transmutación, Ud se ha curado casi definitivamente de esos akúphenos.
    HL

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    1. la cóclea, es una tuba (como la de la portada) de la que resuenan los aforismos...
      HL

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    2. los aforismos son los acúfenos del tímpano metafísico
      HL

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    3. perdón, ya acabo.
      no quería dejar de decir al cierre, en edte apasionante tema, que los acúfenos y los aforismos parecen ir de la mano cuando la "laberintitis" es un perderse en el camino del oído interno, como la "aforititis" es el divagar del pensamiento sin camino.
      Si el laberinto otirronológico provoca el desequilibrio y la caída, el aforismo metafísico puede conducir al desequilibrio de un pensamiento desmedido o sin límites.
      HL

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    4. (siempre que se lea la etimología de aforismo, no como separación (aphorizein) sino precisamente como lo contrario: apho+horizein (lo que va más allá del horizonte, pensar lo ilimitado, pensar sin límites...).
      HL

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  4. Pues a mí "El proceso de Sócrates" me encantó , y "Prometeos", que todavía no he leído pero que duerme el sueño de los justos en mi biblioteca, me parece que también me va a gustar.

    Snif...

    ¿De quién era aquel poema- ¿García Martín?- que parafraseaba el "Satisfacciones" de Brecht, y que incluía a "las bibliografías" ?

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