domingo, 23 de abril de 2017

El alumno incompetente

Si nos tomamos en serio las competencias, cuanto más valor otorguemos al saber hacer, más nítidamente se nos pondrá de manifiesto lo que Sennett llama el “fantasma de la inutilidad”, es decir, el alumno incompetente. 

La escuela del saber podía suspender a un alumno por un conocimiento deficiente en matemáticas, sin por eso suponer la incompetencia del alumno para desenvolverse en la vida.

La escuela del saber cómo, a pesar de que asegura que no quiere que ningún alumno se quede atrás, les está diciendo a los que no adquieren las competencias mínimas que lo tendrán realmente chungo en la vida.

La escuela del saber pretendía ofrecerle al alumno ciencia, es decir, un orden en sus conocimientos (la ciencia, al fin y al cabo, es el conocimiento organizado) y para ello necesitaba de la teoría y de las asignaturas.

La escuela del saber cómo pretende ofrecerle al alumno sabiduría, es decir, una organización de su vida (la sabiduría no es otra cosa que la vida organizada) y para ello cree poder prescindir de la teoría y de las asignaturas.

La escuela del saber sabía que ella no era la vida, que un alumno pasa en la escuela en torno a un 12% de su tiempo en primaria y un 15% en secundaria; que aprendemos a vivir la vida viviéndola en diferentes ámbitos (el de hijo, el de nieto, el de hermano, el de amigo, el de vecino, el de alumno...) y que en cada uno de ellos aprendemos algo relevante precisamente porque vivimos de una manera específica nuestra relación con nosotros mismos y con los otros. Se podía fracasar en la escuela sin por ello fracasar en el resto de ámbitos en los que se movía el alumno.

La escuela del saber cómo se presenta orgullosamente como la educación para la vida y, por lo tanto, fracasar en ella viene a ser una condena a muerte... mejor dicho: vendría a serlo si la escuela del saber cómo no se viera obligada, para no ponerse en ridículo a sí misma, a bajar continuamente el listón de las competencias mínimas. 




2 comentarios:

  1. En la "escuela del saber cómo" un alumno no puede fracasar. Y, aunque sea imposible, si fracasa, la culpa nunca será suya. El fracaso será el resultado de la mentalidad retrograda y cerril de algunos profesores, cada vez menos, que, de manera pertinaz, se niegan a aplicar "otras" metodologías y a adaptarse a las necesidades del alumno. El fracaso será, así mismo, resultado de la obsesión del sistema educativo por evaluar, examinar, etc, por poner obstáculos en lugar de desarrollar lo positivo que todo joven, por el hecho de serlo, posee.

    Si ese fracaso, finalmente, sale a la luz, algo difícil de imaginar, será señal de que la modernización del sistema es todavía incompleta, que se ha hecho de manera tímida y sin llegar hasta sus últimas consecuencias. Habrá que darle más tiempo y , si acaso, actuar en adelante con menos contemplaciones.

    Que Dios, con perdón, nos coja confesados.

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  2. "El sueño de los nuevos pedagogos consiste en transformar la escuela en herramienta de destrucción de la sociedad, por la mentira y la ignorancia. Esta táctica no destruirá la sociedad, en primer lugar porque los nuevos pedagogos no
    conocen esa sociedad, no se molestan en estudiarla y la juzgan a través de prejuicios perezosos y
    consternantes de paralizado simplismo; luego, porque la sociedad no tolerará durante mucho tiempo una escuela cuya finalidad confesada es zaparla desde el interior; y, en fin, porque, a fuerza de aniquilarse a sí misma para aniquilar mejor a la sociedad, la escuela, de acusadora que se creía, se vuelve la principal acusada. Su ineficacia la desacredita y la ridiculiza. Ella creía hacer la revolución, pero lo que ha hecho es naufragar."

    JF. Revel "El conocimiento inútil"

    José

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