jueves, 8 de marzo de 2012

¿Pero qué significa, exactamente, “ser un antiguo”?


Básicamente significa que en estos tiempos nuestros en los que se identifica inmediatamente, sin la más mínima sombra de duda o sospecha, lo nuevo con lo bueno, uno se para a pensar y dice, “quizás”.
Ser un antiguo significa que uno mira con cara de bobo a estas gentes que se creen que por poseer acceso a internet ya tienen hilo directo con la sabiduría. Con una sabiduría, por cierto, que lo único que parece que les revela es que todas las opiniones son igualmente legítimas y que todas las formas de vida valen lo mismo ante la historia. 
Ser un antiguo es mirar con cara de incrédulo a las buenas gentes que quieren ser autónomas y, al mismo tiempo, se quejan de que los políticos no resuelven todos sus males.
Ser un antiguo es pertenecer al partido de Eliot, es decir, compartir la convicción de que hay cosas permanentes. Por ejemplo, la necesidad humana de consuelo.
Ser un antiguo es comprender que, si no podemos creer con seguridad en nada, parece prudente preservar de la increencia las instancias colectivas que parecen proporcionar consuelo, la familia, por ejemplo.
Ser un antiguo es encontrar algo de Homero en los Simpson, y creer que eso que se encuentra en ambos sitios debe reflejar algo permanente en el hombre.

5 comentarios:

  1. Pero... es novedosa la idolatria de la novedad?
    http://www.elgall.es/ficha_libro.asp?c_id=295

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    1. Es obvio que siempre ha habido modernos, pero por eso mismo había querellas entre antiguos y modernos. Ahora nadie quiere pasar por antiguo. Innovar es la palabra mágica. La fe de nuestro tiempo es la de la sinonimia entre lo nuevo y lo bueno. Y es una fe colectiva. Esto es lo novedoso.

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    2. Relativamente nueva, porque antes lo que privaba era el misoneísmo.

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  2. Para mí está claro: ser antiguo es refugiarse en la Antigüedad, de donde, una vez que se instala uno en ella, cuesta no poco salir. Joyce es antiquísimo, por supuesto...

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  3. Si detenerse y dudar es antiguo, me declaro firme partidaria.

    (Una de mis frases preferidas, de Stig Dagerman: "nuestra necesidad de consuelo es insaciable".)

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