martes, 2 de febrero de 2010

Viejos papeles

Gracias a Abel Cutillas recupero un texto que escribí hace casi veinte años sobre un diálogo muy curioso de Platón, el Clitofonte. Es interesante el ejercicio de observarse uno a sí mismo con veinte años de perspectiva.

Se trata de una conferencia que di ante una audiencia modélicamente desinteresada en lo que decía. Quizás por eso la archivé y allí se quedó, con otros muchos papeles.

Cuando comienzo a leer me encuentro con una frase que me gusta y hasta me sorprendo de haberla escrito: "La crítica platónica moderna no solamente nace con Schleiermacher. Nace, sobre todo, con el prejuicio de Schleiermacher según el cual es posible comprender a Platón mejor de lo que él se comprendía a sí mismo. El peligro inherente a este prejuicio es obvio: a poco que se fuerce, los mismos diálogos dejan de ser un referente necesario para la interpretación de Platón".

Eso de comprender a Platón mejor de lo que se comprendía él mismo es de Kant, pero no importa, me reafirmo, completamente en la idea. La hermenéutica moderna es un ejercicio de engolamiento del yo que fagocita el objeto a su antojo, lo deglute y lo excreta como le parece bien. Inevitablemente, cuanto más confiado esté el sujeto en que lo que importa es reconstruir lo que -por ejemplo- Platón no sabía de sí mismo, menos relevante es el objeto.

Ahora veo claro que el respeto al objeto, en este caso, la voluntad de comprender a Platón como él se comprendía a sí mismo, es un deber moral y que la ética del trabajo intelectual comienza, precisamente, con este respeto al objeto de conocimiento.

13 comentarios:

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  3. Quizá todo depende del punto de vista. En caso de que los niveles de análisis que nos enseñan en musicología sean aplicables a la filosofía, el deber moral no es la comprensión del objeto tal y como se comprende él mismo (sobretodo porque en general no tenemos una idea precisa de como se comprendía él mismo), sino el dejar claro cual es el punto de vista del analista.
    Según una teoría reciente proveniente de la semiología, habría tres niveles de análisis musicológico: el poiético, el neutro y el estésico.
    El poiético se ocuparía de la obra en relación con su creador. Los resultados del análisis pueden llevar a inducciones sobre el proceso de creación de la obra. En este caso la inducción se realiza a partir de los elementos más deslumbrantes del análisis, aquellos sobre los que no podemos creer que el autor "no haya pensado en ellos". En el caso de un texto esta poiética inductiva debería partir de una comprenión del texto que se ciña al texto original y a su contexto espacio-temporal preciso.
    Esta poiética inductiva se complementa así con una "poiética externa" que tendría en cuenta lo dicho por el autor o por sus contemporáneos sobre la obra o sobre la comprensión de la obra.
    El nivel neutro, por otra parte, trataría de identificar todo lo que se encuentre en el texto pero sin partir de la premisa de que el autor "ha pensado en ello". La interpretación de la obra estaría así desligada de todo contexto creativo e interpretativo y sólo se interesaría por la obra en si. Un análisis de este tipo podría enriquecer la aportación de un diálogo de Platón sin presuponer que Platón ya lo comprendía de esta forma. En un texto, este análisis se interesaría probablemente por la forma más que por el contenido, pero podría aportar un marco de comprensión que no respondería necesariamente al marco formal que el autor se había dado a si mismo. No sé si me explico.
    El análisis estésico, por último, tomaría como referente la propia opinión del analista o la de otros analistas que hayan leído o abordado la obra en otras ocasiones. En este caso, las conclusiones ilustran la recepción y la lectura de la obra pero la desligan de su creador. Estas conclusiones no podrían ser interpretadas como lo que el autor sabía y pensaba de su propia obra, sinó como lo que otros han sabido y pensado sobre ella.
    Estas categorías son difusas pero tienen la ventaja de canalizar los análisis y de evitar en lo posible las confusiones sobre el alcance de las conclusiones del analista.
    Bon dia

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  4. Bellerofonte: Aquí no estamos de acuerdo. Yo creo que el primer deber de un músico que quiera conocer, qué se yo, una partitura de Vitoria, es ser respetuoso con el trabajo de este compositor. Y cuanto más grade es el creador, más necesaria es la sumisión. Cabalgamos, Bellerofonte, a hombros de gigantes. No debemos ser tan presuntuosos como para intentar enmendarle una partitura a Mahler...

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  5. Totalmente de acuerdo.
    Se han pasado tres pueblos con tanta "obra abierta", "relectura infinita", "muerte del autor", excesos hermenéuticos...
    Una cosa es que la obra clásica tenga siempre abiertas las puertas para nosotros y otra muy distinta que entremos a saquearla, destrozarla, deconstruirla o reconstruirla a nuestro gusto. Y detrás de ese allanamiento de morada suele haber otro delito más grave aún: el asesinato del autor, de su voz, de su pensamiento.
    Ya sabemos que es muy difícil (por no decir imposible) devolverle la voz al muerto, pero si ya de antemano vamos con la idea del saqueo...
    Nada de esto parece muy ético, no.

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  6. Claro, el primer deber es el respeto a la obra, pero podemos abordarla desde perspectivas distintas. Lo que me parece importante es precisamente indicar desde cual lo hacemos. No creo que sea una cuestión de presunción. Nadie dice que el objetivo sea enmendar la obra. Hubo un tiempo para esas cosas (el de Mahler, por ejemplo) pero por suerte es agua pasada. El analista, idealmente, no juzga el valor de la obra, sino que realiza un esfuerzo de comprensión (y, si seguimos con el "idealmente", un esfuerzo de comprensión humilde).
    Eso no impide que yo pueda abordar una sinfonía de Mahler "poniéndome en su piel", olbidándome de Mahler o partiendo de lo que ha llamado la atención a otros o a mí mismo en esta sinfonía. En ninguno de estos casos juzgo del valor de una sinfonía de Mahler. Lo máximo que haría, si fuera un analista tan genial como el compositor, es "rajouter" significado a la tal sinfonía, lo que, a mi modo de ver, aumentaría y no estrecharía la grandeza de la obra. Un buen análisis, independientemente de lo que Mahler pensara esribiendo la obra, puede inspirar a los grandes como Mahler que viven en nuestro tiempo y abrir nuevas posibilidades en el pensamiento y la creación musical. Evidentemente para esto se necesita un buen analista, aunque de esto no hay que preocuparse: en general, parece que el Futuro reconoce a los suyos. Quizá se podría decir lo mismo para la filosofía, pero esto me lo dirá usted.

    Por otro lado, su respuesta me hace pensar en otra dirección. Tengo la impresión de que el análisis moderno se ejerce casi exclusivamente en positivo. En nuestro tiempo, el hecho de consagrar un análisis Mahler ya es un juicio de valor positivo en si mismo, puesto que en el análisis propiamente dicho el juicio de valor está prohibido. En nuestra época de interculturalidad y intertodo, nos hemos desacostumbrado a juzgar algo negativamente. En la época de Mahler había álguienes de reconocido prestigio que dijeron que Mahler era un pésimo compositor o que Tomás de Iriarte era un pésimo poeta. Gloria a Mahler y a Tomás de Iriarte, pero ¿no es sospechoso de algo el que todo nos parezca bueno y que prohibamos en las clases el juicio de valor en aras de una mayor cientificidad? Estoy de acuerdo en el principio pero ¿no será que tenemos miedo de algo? Los análisis puramente "poiéticos" de hoy, el retorno a las fuentes (del que soy un entusiasta en el campo de la música antigua), el esfuerzo por revivir la historia en su pureza, etc. ¿no son en si mismos los elementos que nuestra época aporta al significado de estas obras? Si algo han entendido la musicología histórica y el mundo de la música antigua es que la autenticidad es imposible y que arqueología, al fin y al cabo, es creación.

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  7. Conde_Duque: Efectivamente, quizás nunca lleguemos a comprender del todo a Platón, a Kant, a Heidegger, etc. Pero eso sólo pone de manifiesto nuestra escasa estatura. Quizás, en el fondo, sólo los grandes son capaces de dialogar entre sí. Y nosotros todo lo que podemos hacer es alimentarnos con las migajas de su diálogo.
    Pero si no aceptamos que Platón (o Kant, etc) era un señor inteligente que no decía tonterías, estamos, en el fondo, haciéndonos un flaco favor a nosotros mismos, porque nos impedimos pensarlos en lo que exactamente querían decir. Por eso es tan triste que animemos a nuestros alumnos a opinar sobre los grandes mucho antes de haberlos no ya conocido sino ni tan siquiera intuido.

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  8. Bellerofonte: Sí, el futuro reconoce a los suyos... siempre que haya alguien dispuesto a reconocerlos.
    Entiendo que el caso de la música, toda interpretación es inevitablemente una recreación. Pero para mí lo relevante es la voluntad de respeto a la palabra del genio. Eso no impide, en absoluto, que la transmisión tenga siempre un componente de actualización, pero la necesidad moral de tener al otro como referente, es decir, de situarme en posición subordinada ante el grande me parece esencial. Y no porque nos reste mérito a los pequeños, sino porque nos permite entenderlos y, por lo tanto, engrandecernos en la medida de nuestras capacidades.
    Personalmente tengo cada vez más claro que aprender a leer lejos de ser una actividad escolar es la obra de toda una vida.

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  9. De acuerdo contigo. Voy más allá. Considero que "desvirtuar el objeto" es el medio más cutre y a la vez más eficaz para sentirse el ombligo del mundo. Y no me refiero solo a un texto.

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  10. De acuerdo pues. Muchas gracias y bona nit!

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  11. Encontrado por ahí.

    MINISTERIO DE SANIDAD Y POLÍTICA SOCIAL

    1164
    Orden SAS/3710/2009, de 22 de diciembre, por la que se clasifica la Fundación Marquesa de Balboa Ancianos Solitarios Venidos a Menos y se procede a su inscripción en el Registro de Fundaciones del Ministerio de Sanidad y Política Social.
    Examinada la escritura de constitución de la Fundación Marquesa de Balboa Ancianos Solitarios Venidos a Menos (A.S.V.A.M.), instituida en Madrid.


    La dotación inicial de la Fundación es de seiscientos un mil doce euros con diez céntimos de euro (601.012, 10 €) aportados por la fundadora y depositados en una entidad bancaria a nombre de la Fundación.

    Quinto.–El domicilio de la entidad radica en la calle Jorge Juan, número 19, 5º izquierda, de Madrid, y su ámbito territorial de actuación, según consta en el artículo 5 de sus Estatutos, será todo el territorio del Estado Español.

    Sexto.–El objeto de la Fundación queda determinado en el artículo 6 de los Estatutos, en la forma siguiente:

    Los fines de la Fundación consisten en: «Atender y cuidar a pobres vergonzantes y ancianos solitarios venidos a menos, que vivan solos o en condiciones precarias, con su familia o con personas a quienes también estorban, o en residencias que tienen deficientes condiciones de higiene y en donde además les traten mal, atendiendo primero a las mujeres, y preferentemente a las que tuvieron una buena posición, con preferencia a las personas de la condición social que tuvo la extinta Excma. Sra. Marquesa de Balboa, que necesitan ayuda y no se atreven a solicitarla o no lo consiguen».


    Madrid, 22 de diciembre de 2009.–La Ministra de Sanidad y Política Social, P.D. (Orden SAS/1969/2009, de 15 de julio), el Secretario General Técnico del Ministerio de Sanidad y Política Social, Luis Pedro Villameriel Presencio.

    [Del Boletín Oficial del Estado de 25 de Enero de 2010, Nº 21, Secc III. Pg. 7219]

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  12. Creo que la única manera de saber si hemos comprendido a Platón sería, que éste buen caballero viniera a decirnos si lo hemos hecho o andamos errados.

    El terreno del análisis tiende, según creo, a vencer al creador en su terreno, o en el terreno anterior a la creación, dejando a la obra como un mero producto de la conjunción de inteligencia, medio ambiente y ...

    Me viene a la cabeza aquello de Becket, cuando un periodista le conminó, a raiz de un libro recién publicado, por lo que había querido decir en él. La respuesta fue fulminante: "Exatamente lo que he escrito".

    En cierta ocasión, siendo yo muy joven y en el papel de crítico de cine, le expliqué a un director, la manera en que había construído una secuencia. Me miró asombrado y me respondió: NO tenía ni idea, ¿es así, realmente? Pero, ¿le ha gustado la película?

    Y la verdad: si me había gustado.

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