sábado, 13 de enero de 2007

Acercando el arte al pueblo

La obsesión de las dictaduras totalitarias es ocupar absolutamente todo el espacio vital del ciudadano, de manera que no exista diferencia alguna entre lo privado y lo público. En el totalitarismo todo es público. En ningún otro aspecto se ve más clara la dimensión profundamente religiosa y salvífica del totalitarismo como en su intento de inmiscuirse hasta en la conciencia de cada uno para salvarlo de sí mismo. De ahí la exaltación de la autocrítica y de la redención. El totalitarismo perfecto es aquel que convierte la tibieza política personal en un problema de conciencia que ha de ser urgentemente confesado, a ser posible en público. Que ya lo decían tanto Stalin como el dios bíblico: "Porque no eres ni frío ni caliente yo te vomitaré de mi boca". Una de las manifestaciones más obscenas de la voluntad totalitaria de ocupar todos los espacios, es su estética. Lo cual no estaría mal si ésta tuviese algún sentido del ridículo. Pero ya veis que no necesariamente es así. En el totalitarismo el único que no tiene nunca problemas de conciencia es el Estado totalitario. El totalitarismo es un régimen desvergonzado.





viernes, 12 de enero de 2007

Aún aprendo

Goya, "Aún aprendo"

Una anécdota magnífica cuenta que Sócrates poco antes de morir se empeñó en aprender a tocar un aire de flauta que le había traído a su celda, desde la calle, la brisa de la mañana. Quizás esa misma mañana su carcelero había madrugado para ir preparando la cicuta. En cualquier caso sus discípulos se sorprendieron mucho al encontrarlo en semejante actitud en el umbral de la muerte.

- ¿Cómo es –le preguntó uno- que dedicas tu sagrado tiempo a estas cosas?

- Porque quiero aprender a tocar esta melodía antes de morirme –dicen que les contestó.


Sobre la relación maestro discípulo, no me resisto a traer hasta aquí al entrañable Mairena, gran lector de Heidegger, por cierto.

Mairena, era, como examinador, extremadamente benévolo. Suspendía a muy pocos alumnos y siempre tras exámenes brevísimos. Por ejemplo...

-¿Sabe usted algo de los griegos?

- Los griegos..., los griegos eran unos bárbaros...

- Vaya usted bendito de Dios.

-¿...?

- Que puede usted retirarse.

Era Mairena -no obstante su apariencia seráfica- hombre, en el fondo de malísimas pulgas. A veces recibió la visita airada de algún padre de familia que se quejaba, no del suspenso adjudicado a su hijo, sino de la poca seriedad del examen. La escena violenta, aunque también rápida era inevitable.

-¿Le basta a usted ver a un niño para suspenderlo? -decía el visitante abriendo los brazos con ademán irónico de asombro admirativo?

Mairena contestaba, rojo de cólera y golpeando el suelo con el bastón:

- ¡Me basta con ver a su padre!

Antonio Machado, Juan de Mairena

Leo Strauss y Martin Heidegger

Rememorando sus años de estudiante en la Universidad de Chicago, cuenta George Steiner en "Errata", sus memorias, que Leo Strauss comenzaba sus cursos con estas palabras: “Damas y caballeros, buenos días. En esta clase no se mencionará el nombre de…, que por supuesto es estrictamente incomparable”. Y, evidentemente, él tampoco lo nombraba.

Repite la anécdota en un artículo titulado "Celan y Heidegger: diálogo en el silencio" (The Times Literary Supplement, 1 de octubre de 2004), pero afirmando ahora que Strauss repetía en sus clases que “Heidegger es, por supuesto, incomparable”, para añadir a continuación que estaba prohibido mencionar su nombre en su seminario.

Evidentemente si quieres que tus alumnos ignoren a Heidegger no hablas de él de esta manera en tus clases, arrojando sobre su nombre este halo de misterio un tanto inquisitorial. Pero claro, no obras así sólo en el caso de que estas sean tus pretensiones.

Steiner relata que, inevitablemente, los alumnos de Strauss se susurraban el nombre del innombrable y que al salir de clase corrían a la biblioteca. “Esa noche –dice de sí mismo-, intenté hincarle el diente al primer párrafo de "Ser y tiempo". Era incapaz de entender incluso la frase más breve y aparentemente directa. Pero el torbellino ya había comenzado a girar, el presentimiento radical de un mundo absolutamente nuevo para mí.”

La conclusión de todo esto es fácil: “Esta es la cuestión –concluye Steiner-. Llamar la atención de un estudiante hacia aquello que, en un principio, sobrepasa su entendimiento, pero cuya estatura y fascinación le obligan a persistir en el intento.”

miércoles, 10 de enero de 2007

Slavoj Zizek, el chico de moda

Slavoj Zizek, el nuevo referente del pensamiento de izquierda, ha tenido su última epifanía el día 9 en El País, con un artículo titulado, “Negar los hechos, descubrir la verdad”. Comienza aconsejando algo que parece sensato: “No deberíamos llorar la muerte de Sadam Husein (...)... Guardemos nuestras lágrimas para otras cosas”.

Debemos interpretar, pues, que en el presente hay cosas que merecen nuestras lágrimas de manera más legítima. ¿Cuáles pueden ser? Zizek recoge, para orientarnos, el criterio de autoridad de Muhammed Saïd al-Sahaf, “aquel desafortunado ministro iraquí de Información que en las conferencias de prensa diarias negaba heroicamente incluso los hechos más evidentes, sin salirse nunca de la línea oficial (...) a veces incluso soltaba alguna extraña verdad: enfrentado, por ejemplo, a la afirmación de que los americanos controlaban una zona de Bagdad, espetó: "Los americanos no controlan nada; ni siquiera se controlan a sí mismos"”.

Al leer esto he pensado en lo que su abuela solía decirle a Leo Strauss: “Te quedarías sorprendido, hijo mío, si supieras con qué escasa sabiduría este mundo nuestro es gobernado”. ¿Iría Zizek a proponer que dedicásemos nuestras lágrimas a la escasez de sabiduría de los que nos gobiernan? Eso sería interesante. Quizás hasta nos aclarase si los que nos gobiernan son una panda de memos –lo cual sería más digno de un pataleo que de una lágrima- o si el gobierno de los hombres sobre sí mismos está, por la propia naturaleza de la cosa política, siempre falto de sabiduría. Claro que, en este último caso, nuestras lágrimas no aumentarían la sabiduría política.

¿A qué hay que dedicar nuestras lágrimas? Pues a la maldad de los americanos, que es una maldad que, siguiendo el razonamiento de Zizek, va acompañada de estulticia, con lo cual, habría que deducir que es una maldad irresponsable. Pero no es esto lo que el sabio Zizek concluye, puesto que al final del artículo se pregunta: “¿Quién ahorcará a George W. Bush?

Zizek es, supuestamente, un europeo inteligente. Y, sin embargo, parece incapaz de comprender cómo siendo tan fácil gobernar bien y con justicia, los americanos se empeñan en gobernar mal y con injusticia. A Zizek le falta, para ser coherente, proponer que los americanos consulten a los sabios europeos para diseñar su política exterior.

Una muestra de la ignorancia malvada de los americanos la encuentra Zizek en la diferencia que Jeanne Kirkpatrick estableció -¡en 1979!- entre regímenes "autoritarios" y "totalitarios".

Esta distinción –escribe Zizek- sirvió de justificación para la política colaboracionista de Estados Unidos con ciertos dictadores de derechas, mientras que trataba con mucha mayor dureza a los regímenes comunistas: los dictadores autoritarios son gobernantes pragmáticos a quienes les preocupa su poder y su riqueza y les traen sin cuidado las cuestiones ideológicas (...); en comparación con ellos, los líderes totalitarios son unos fanáticos desinteresados que creen en sus ideologías y están dispuestos a quemarlo todo por sus ideales. De modo que uno puede tratar con los gobernantes autoritarios, pues reaccionan de una manera racional y predecible a las amenazas materiales y militares, mientras que los líderes totalitarios son mucho más peligrosos y hay que enfrentarse a ellos directamente”.

A continuación pone Zizek sobre la mesa la prueba del nueve de la estulticia americana: “Lo irónico del asunto es que esta distinción es la síntesis perfecta de los errores cometidos por Estados Unidos en la ocupación de Irak: Sadam era un dictador autoritario.”

Cuando Kirkpatrick diferenciaba entre “autoritario” y “totalitario” tenía, sin duda, razón. Si ambas son formas despreciables de la tiranía, la tiranía totalitaria moderna ha demostrado su enorme capacidad destructiva al justificarse a sí misma con argumentos supuestamente científicos a cuyo servicio ha puesto todo el potencial de la moderna tecnología. La dictadura totalitaria controla todos los ámbitos de la vida, pública y privada, con el convencimiento de que está preservando el bien común no sólo de su país, sino mundial. Si la dictadura autoritaria es una plaga para los ciudadanos de un país, la totalitaria es un cáncer en la política internacional.

El totalitarismo moderno ha demostrado -y continúa demostrando- hasta qué punto la política internacional está guiada por parámetros hobbesianos.

La característica esencial del totalitarismo moderno es que es el enemigo existencial de las democracias. El enemigo existencial es aquel con el que no hay posibilidad de negociar porque la afirmación de su existencia significa la negación de la nuestra.

Claro está que podemos discutir si Sadam era un enemigo existencial o no de los Estados Unidos. Incluso podemos discutir si Estados Unidos es un enemigo existencial de Europa o si el diálogo es más poderoso que cualquier enemigo existencial. Todo puede ser discutido. Lo que no está nada claro es que la realidad política, y especialmente, la realidad de la política internacional, que es la Política con mayúscula, esté dispuesta a conmoverse con nuestros argumentos.

Que quede claro: No he derramado ninguna lágrima por Zizek.

martes, 9 de enero de 2007

Aportes a la filosofía del evento

Glauca me ha tocado la moral.

Últimamente –ha dejado escrito en un comentario del anterior post-, está un poco entre escatológico y marginal Don Gregorio !!!!!!!! Así voy a seguir siendo una ignorante!!!! Con lo bonito que era alucinarme con sus escritos indescriptibles!!!

¡Pues muy bien!

Glauca, maja, serás todo lo excelente frenocirrótica que quieras, pero me has dado en toda la Línea de la Concepción. Así que, en justa correspondencia, te voy a dar yo a ti una sobredosis de sublimidad que se te va a quedar tieso el sentido de la alucinación. ¿Quieres reflexiones de altura? Para proporcionártelas he ido directamente al “Acerca del evento” de Heidegger y he seleccionado un parágrafo al azar. Te reto a ti (que has leído las obras completas de los gnósticos), y al resto de contertulios de este Café de Ocata a que me aclaréis qué quiere decir el teutón en esta parrafada:

Sobre el evento

Parágrafo 246

“El abrigo de la verdad en lo verdadero”.

“Abrigo es en el fondo la guarda del evento a través de la impugnación de la contienda.

Guarda del ocultarse (del vacilante rehusarse) no es un mero conservar de algo, sino impugnar la proyectante sujeción a lo abierto, la contienda, en cuya subsistencia es disputada la pertenencia al evento.

Así la verdad se esencia como lo verdadero respectivamente abrigado. Pero esto verdadero es sólo lo que es como lo no-verdadero, no siendo e infundamentado a la vez.

Hacer accesible el abrigo de la verdad desde sus modos próximos del procurar correspondiendo ser y tiempo.”

M. Heidegger,

Aportes a la filosofía del evento,

Editorial Biblos, 2003, p. 312.

Traducción de DINA V. Picotti C.

Al “Ser” pongo por testigo que no he andando buscando ningún pasaje de especial dificultad. Este es el tono general del libro. Igualmente pongo por testigo al Ereignis que no he tocado ni una coma del párrafo. Que no me perdonaría yo el más leve retoque de la perfección.

¡Hala, guapa, a ver qué!

La vida en la selva

Hay días en que uno vive en la selva. En que la vida es la selva. Y eso es todo. No valen lamentaciones ni tragicomedias de baratillo. Aún no te has librado del abrazo de la constrictor con halitosis cuando un tigre tiñoso se lanza a por tí. Y antes de tener tiempo a pensar en alguna posibilidad de salvación el estruendo del tren se te echa encima. Son estos días cuanto más cuesta tomársela -a la vida- como un fenómeno deportivo y uno carece de vacunas contra la infección galopante de heideggerianismo. Ya lo dice Jaume Marzal:
"Si tu casa está quemando,
tu mujer va con un fraile
y en tu culo un avispero,
¿A dónde irías primero?"
Os dejo aquí este meme, a todos.

La ilustración es del italiano Achille Beltrame (1871 - 1945), que durante décadas ilustró las portadas de 'La Domenica del Corriere', de 'Il Corriere della Sera'.

lunes, 8 de enero de 2007

Polpette al grasso di Marco

Siguiendo con mi campaña de difusión del arte hipercontemporáneo, hoy le toca el turno a Marco Evaristi. El comentario de la cosa voy a dejarlo en inglés, que queda como más snob.

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»Polpette al grasso di Marco« (2006). After having undergone a minor liposuction, Marco Evaristti used his own fat in the preparation of a meal of meatballs.

Suele decir Maruja Torres que cuanto más gente conoce mejor le caen los Corleone. A mi me pasa algo semejante. Cuanto más arte ultramoderno conozco, más clásico me parece Piero Manzoni.

Manzoni dejó escrito que su "Merda d'artista" debería cotizarse de acuerdo con la fluctuación del oro. ¡Ni hablar! ¡Es muchísimo más cara! Y eso que me aseguran que alguna de las latas de la susodicha ha explotado engolada en su propio orgullo.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...