viernes, 9 de agosto de 2024

El indio Cipriano

I

Una librería de viejo no es una librería de libros de segunda mano. La diferencia fundamental entre ambas es que en la primera hay un librero y en la segunda un vendedor de libros.

II

Las poquísimas noticias que llegan del Darien sobrecogen. Recuerdo las penalidades que escribía el conquistador Pedrarias Dávila cuando pasó por aquí. Ahora es peor, porque esta selva está repleta de desalmados que roban y violan a la pobre gente que se pone en camino hacia el paraíso del norte y matan a quien se resiste.

Me cuentan cosas que no me atrevo a contar.

III

Dos anuncios en el periódico de hoy:



IV

Resumen del día: Entrevista en el programa Malas compañías, del canal 7; desayuno en un café francés; gratísima visita a El estado de la Educación, tan sabiamente dirigido por Isabel Román; comida en un asador argentino; encuentro con la ministra: visita a un par de decepcionantes librerías de segunda mano; gran caminata un calabobos pertinaz; llego empapado al hotel... Me sirvo un buen vaso de ron. Mañana será el último día de mi estancia aquí, en Costa Rica. Será más liviano. Pero me proponen volver con mi mujer y quedarnos aquí un mes entero. No he contestado ni que sí ni que no.

jueves, 8 de agosto de 2024

Perdido en San José

 I

Esta tarde me he perdido en San José. Al volver de Cartago he pedido que me llevasen a una librería de viejo y que me dejasen allí. El librero, amable, pero sus libros no me han interesado nada. Quizás lo más notable que he encontrado ha sido el váter en la trastienda, con cucarachas que parecían conejos con armadura. Al salir de la librería, creía estar siguiendo las indicaciones que me han dado, pero en vez de coger la calle 1 he cogido la avenida del mismo número y me he ido por las ramas. Como estaba totalmente desorientado le he preguntado a una mujer por mi hotel. Me ha mirado con cara de asombro y me ha dicho que saliera inmediatamente del barrio en el que me encontraba. ¿Qué hacía yo por allí con traje y notables pintas de extranjero? He vuelto para atrás y después de dar mil vueltas sin sentido, he encontrado la calle que buscaba.

II

Sobre la equidad. Cuando les digo a los costarricenses que, educativamente hablando, su país es uno de los más equitativos del mundo, no se lo creen; pero lo son, porque apenas hay dispersión de notas entre ellos. El 71% de la población escolar de quince años está en los dos niveles inferiores de PISA y en los superiores no hay nadie. O, para ser más exacto, los que pueda haber no llegan al 1%.

III

Costa Rica está desorientada. Tuvieron un muy buen sistema educativo y ahora miran con tanta melancolía hacia atrás, que se olvidan de mirar hacia adelante con ilusión. No me canso de repetirles que las imágenes que proyectamos sobre nosotros mismos son siempre verdaderas en sus consecuencias.

miércoles, 7 de agosto de 2024

Otro día dichosamente largo

 I

Otro día dichosamente largo que comenzó con un maravilloso desayuno con funcionarios del Ministerio de educación a las 7:30 en el sorprendente Hotel Grano de Oro. Me llevan y me traen y yo me dejo hacer, arropado por el gran caudal de cariño que me muestran. Pura vida.

II

Comida con el embajador José Chaverri que me ha permitido enterarme de abundantes cosas que no estaría bien que revelase por aquí. Este hombre, además de una sorprendente memoria y una vigorosa sabiduría, conoce a todo el mundo por su nombre y sabe cuidar la amistad de las personas que están en los puntos realmente clave de los ministerios (porteros, vigilantes, conserjes, secretarias...). Se aprende mucho con él y, sobre todo, de él.

III

A la tarde conferencia en el hotel Radisson. Comenzaba a las 17:00 y a las 16:45 había muy pocas personas en la sala. Sin embargo en un rincón del pasillo de entrada he visto un grupo de mujeres formando un círculo, como si estuviesen tramando algo. Después de la conferencia me he enterado que estaban rezando para que viniese más gente. Y realmente ha venido más gente. Se ha llenado la sala.

IV

He conocido a maestros de auténtica trinchera. Por ejemplo dos maestras de una escuela de la costa domina da por los narcos, donde los niños en el patio juegan a ser narcos o dos maestras de una zona selvática que acoge a niños de comunidades indígenas que no saben muy bien moverse por el mundo exterior. He hablado un buen rato con un costarricense de apellido Goñi que, por supuesto, tenía ascendencia navarra y con dos mujeres apellidas Azufaifa y me he vuelto a sentir arropado por el cariño de esta buena gente.

V

He firmado muchos libros -míos, obviamente- que ha traído un distribuidor que está predispuesto a distribuir los libros de la Editorial Rosamerón por Centroamérica. El rezo de las mujeres han sido muy generosamente atendido.


lunes, 5 de agosto de 2024

Telegráficamente

 I

Vamos adelantando. Ya sé qué quiere decir esa expresión, "Pura vida", tan utilizada por los costarricenses: "Excelente".

II

Esta mañana me he visto media hora con la ministra de educación. Hemos quedado para la tarde del jueves. Hay mucho que hacer y, desde luego, pueden contar conmigo para lo que consideren oportuno.

III

Un soriano apellidado Ruiz llega a un puerto de Costa Rica y nada más desembarcar se encuentra una moneda de oro. "O sea que es verdad", se dice, "aquí el oro está por todas partes". Llama a dos hermanos que ha dejando en Soria y los tres comienzan a ganar dinero y a hacer negocios. Acaban amasando una fortuna y siendo importadores de caballos españoles. Ninguno de los tres se casa y dejan todo lo que han construido en herencia a sus sobrinos sorianos. Uno de estos sobrinos intentará, poco después de llegar a Costa Rica, dar un golpe de Estado. Me han contado la historia, con mil detalles complementarios muy jugosos, comiendo en un magnífico restaurante situado frente a la embajada española de San José.

IV

Un diplomático me ha contado una versión muy sabrosa de las andanzas de Grigulevich, el espía soviético, por tierras costarricenses. 

V

Me gusta esta gente. Pura vida, créanme. 

De oxidaciones

 I

Ayer cumplí 45 años de casado. 45 años que han pasado en un vuelo.

II

Encontrar a alguien que te siga queriendo a pesar de conocer todos y cada uno de tus defectos, es cosa grande, amigos.

III

El de ayer fue uno de esos días largos que el rememorarlos te parece que tuvieron muchas más de 24 horas. Me llevaron y me trajeron de aquí para allá y yo me dejé hacer, satisfecho. Hablé de pedagogía y de Maquiavelo; de catas de vino y de aceite y disfruté de una cata memorable de un café tan excelente que no sabía ni que existía; conocí a personas grandes y generosas a los que les cuesta pronunciar la erre y disfruté de esa cordialidad tan entrañable de los costarricenses, que se te queda prendida en el alma. Vi todos los verdes de una montaña tropical, feraz e intrigante y soñé en compañía con solucionar problemas imposibles.

IV

Hoy me he despertado impaciente, porque me espera una entrevista en la televisión, un encuentro con la ministra de educación y un debate con un grupo de estudiantes... más no sé cuántas cosas más.

V

Decía un filósofo que la vida es como el hierro, si no se usa, se oxida. En el trópico el peligro de oxidación es más evidente.

V

He comenzado a escribir el artículo para el ARA de este sábado. Tratará de los juegos olímpicos y de la vida pensada y la vida vivida.

sábado, 3 de agosto de 2024

Crítica de la oveja negra

 I

He asistiendo a un sudoroso congreso pedagógico en Punta Cana y me he encontrado con que la oveja negra sigue teniendo muy buena prensa entre los pedagogos modernos. Así que voy a defender a la oveja blanca.

En primer lugar, porque sin ovejas blancas, las ovejas negras serían la ortodoxia, como pasa con la pedagogía actual. 

En segundo lugar porque no hay pedagogo ortodoxo que no ensalce a la oveja negra, pero estoy seguro de que esos defensores de la excepcionalidad rebelde desean que los aviones aterricen y despeguen a su hora, que los servicios de estén impolutos, que el personal sea amable y eficiente, que el compañero del asiento de la izquierda no sea un terrorista y que el del asiento de la derecha se lleve bien con la higiene. Tiendo a creer que ellos, como yo, esperan encontrarse las cosas de casa, al llegar después de un viaje, como esperaban encontrarlas (que no esté su hogar okupado, por ejemplo), que su sofá y su cama sigan allí, y que su mujer no se haya fugado con un cura del Palmar de Troya. Juraría que tampoco se sentirían muy felices si, al despertar al día siguiente, se encuentran convertidos en un monstruoso insecto o en un monstruoso vegetal.

Es decir, bien por las ovejas negras, que son la respuesta a nuestra insatisfacción permanente con lo real, pero sin avasallar con lo posible; que nos vayan introduciendo los cambios sin poner el mundo cada día boca abajo, o sea, que nos ofrezcan sorpresas fragmentarias que sea (relativamente) fácil integrar en la previsibilidad de un mundo cambiante.

II

Cuando la locura esa de las competencias del futuro (toda competencia del futuro es una competencia que el presente, con su inteligencia disponible, postula para un futuro que siempre llega con sorpresas bajo el brazo) se solía decir y repetir que el 66% de los niños que comienzan la escuela trabajarán en trabajos que aún no han sido inventados y tendrán que resolver problemas que hoy nadie se plantea. Si fuera verdad, que no lo es, debiéramos estar muy agradecidos al 34% de personas que según el porcentaje anterior, seguirán manteniendo en pie la previsibilidad del mundo.

III

Vayan ustedes por esos pueblos de Dios, que se encontrarán a todo el mundo, desde campesinos a panaderos, pasando por policías municipales y barrenderos, trabajando con tecnologías que hace treinta años eran inimaginables. ¿Cómo las dominan si en la escuela nadie les habló de las competencias del futuro? Las dominan porque su funcionamiento, pasado el momento inicial de la sorpresa, resulta previsible.

IV

Por cierto, me temo que al lobo le importa poco la piel de la oveja. Lo que le importa es si el pastor está dormido o despierto.

viernes, 2 de agosto de 2024

Caribeñas ausentes

 I
Hay dos momentos sublimes en este infierno caribeño para turistas con sueños cómodamente asequibles en el que andamos todos no sé si alojados o recluidos. Son el de la puesta del sol y el del primer baldeo del chaparrón vespertino. Les aseguro que todos aquellos atardeceres de cinemascope que vivimos en la edad exaltada, no son más que palidísimas aproximaciones a la realidad que viene a visitarnos cada día. Y esa lluvia refrescante que nos redime del infierno del día es, creanme, divina. Pero el calor sigue ahí y la evaporización de esta enorme esponja cultural aún hace más punzante el bochorno. Conclusión: el resto del día, en cuando los compromisos lo permiten, el único refugio consolador es el aire acondicionado de la habitación.

II

Como no salgo del resort, no sé qué mundo hay más allá. No sé si habrá una librería de viejo a doscientos metros de la salida o un garito pobre con un ron excelso. Lo que sí tengo observado es que el andar contorsionista y orgulloso de las caribeñas no se ve por los pulcros paseos del resort. Así que vuelvo con la imaginación a la Majestad Negra de Luis Pales Matos:

Por la encendida calle antillana
va Tembandumba de la Quimbamba
-rumba, macumba, candombe, bámbula-
entre dos filas de negras caras.
Ante ella un congo -gongo y maraca-
ritma una conga bomba que bamba.

Culipandeando la Reina avanza,
y de su inmensa grupa resbalan
meneos cachondos que el gongo cuaja
en ríos de azúcar y de melaza.
Prieto trapiche de sensual zafra,
el caderamen, masa con masa,
exprime ritmos, suda que sangra,
y la molienda culmina en danza.

Por la encendida calle antillana
va Tembandumba de la Quimbamba.
Flor de Tortola, rosa de Uganda,
por ti crepitan bombas y bámbulas,
por ti en calendas desenfrenadas
quema la Antilla su sangre ñáñiga.
Haití te ofrece sus calabazas;
fogosos rones te da Jamaica;
Cuba te dice: ¡dale, mulata!
Y Puerto Rico: ¡melao, melamba!

¡Sús, mis cocolos de negras caras!
Tronad, tambores; vibrad, maracas.
Por la encendida calle antillana
-rumba, macumba, candombe, bámbula-
va Tembandumba de la Quimbamba.

III
Pues nada de eso estoy vieno.

IV
Esta tarde me traslado a Costa Rica. A ver...

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...