Dado que no tenía ya nada que hacer en Madrid, me he vuelto este medio día para Barcelona en el AVE. El vagón iba lleno y algunas personas se cubrían la cara intentando ocultar pudorosamente su miedo respiratorio, con pañuelos o ropa. Pero no ha pasado nada relevante hasta que entre Zaragoza y Lérida un pasajero ha tosido. Creo que instintivamente todos hemos estado un buen rato reteniendo el aliento y temiendo una reanudación de la tos. A los pocos segundos ha retornado la calma. Pero se ha vuelto a interrumpir abruptamente con la temida repetición de la tos cuando ya no la esperábamos y aquí ya ha habido como un movimiento general de intranquilidad en el vagón. Varias personas se han levantado y poniéndose la ropa que tenían a mano en la cara, de forma que apenas se les veían los ojos, han abandonado el vagón. Yo venía leyendo a Maurice Barrès que es uno de esos autores que no te gustan y, sin embargo, no puedes dejar de leer una vez que has comenzado.
miércoles, 11 de marzo de 2020
martes, 10 de marzo de 2020
En Madrid. 2
Hoy Madrid presentaba una aspecto inquietante. Cuando he bajado a desayunar, en el comedor del hotel no había nadie. Ni un alma. Las camareras me han recibido intentando, a todas luces, aparentar una normalidad que no sentían. Yo, desde luego, me he sentido intimidado por el vacío que había a mi alrededor. Cuando ya estaba acabando ha entrado una pareja y, poco después, Juan Antonio Pedreño, a quien conocí hace años en Murcia y a quien no he dejado de admirar desde entonces. Hemos hablado de la inquietante situación que estábamos viviendo, con un rosario de actos suspendidos que nos condena a una inactividad forzada. Visto que la agenda se me vaciaba, he decidido regresar a Barcelona mañana a medio día. Las pérdidas económicas serán considerables, sin duda. Los apretones de manos escasean. Practicamos una cordialidad a distancia, higiénica y timorata, una cordialidad preventiva, pero, inevitablemente, todos, tarde o temprano, acabamos llevándonos la mano a la cara, que parece ser la meta final de todos nuestros gestos.
En Madrid. 1
Siento en Madrid una generalizada sensación de desconcierto, de falta de un liderazgo claro, de improvisación... de andar a tientas. Es decir, siento el latido, aún lejano, pero acercándose del miedo y el miedo no necesita razones, es suficiente con la verosimilitud de su representación.
El miedo siempre se las arregla para crear su propia causa.
Hace pocos días aquí no iba a pasar nada; hoy aquí puede pasar... ¡vete tú a saber qué! Hay quien se consuela porque la muerte se ceba en los viejos, que es una forma muy rastrera de encontrar consuelo.
En las épocas de estabilidad tendemos a creer que llevamos las riendas de la naturaleza y que esta va quedando progresivamente en un segundo plano. ¿Qué es el progresismo sino la convicción de que es posible imponerle una lógica a la naturaleza e, incluso, una moral? Pero las épocas de estabilidad son sólo el paréntesis que se extiende entre dos alborotos de la historia. Así que, tarde o temprano, nos vemos enfrentados a nuestro verdadero tamaño.
Vistas desde hoy, las imágenes de las manifestaciones de ayer sólo se explican por la frivolidad de olvidar la naturaleza.
lunes, 9 de marzo de 2020
domingo, 8 de marzo de 2020
Sobre la perfección
Me aseguraba mi nieto Bruno (10 años) esta mañana que "en este mundo nada es perfecto". Su razonamiento ha seguido esta progresión:
1. Con un ojo siempre vemos mejor que con el otro, con una mano escribimos mejor que con la otra, con un pie chutamos mejor que con el otro.
2. Por lo tanto todos los seres humanos tenemos alguna imperfección.
3. En realidad en este mundo no existe la perfección...
... (largo silencio).
4. No hay nada perfecto. Ni la geometría es perfecta.
- ¿Te digo algo que es perfecto? -le he preguntado.
- A ver...
- Un vaso de agua fresca cuando tienes sed.
- ¡Es verdad!
- El abrazo de tu madre cuando llevas varios días sin verla.
- Tienes razón.
- Un buen bocadillo cuando tienes hambre.
- ¿Cómo los de hamburguesa del Frankfurt Parera?
- Por ejemplo.
- Pues sí...
Y hemos ido recogiendo cosas perfectas que se dan en este mundo imperfecto y nos ha salido una lista larguísima. Para celebrarlo vamos a hacer espaguetis al ajoaceite.
sábado, 7 de marzo de 2020
Las potencias del alma
Esta mañana, en los salesianos de Horta (Barcelona) he defendido la vigencia del viejo esquema escolástico de las potencias del alma:
En estos tiempos tan raros en los que se prefiere hablar del "yo", del "sujeto" o del "cerebro" antes que del alma, he comenzado reivindicando el alma para pasar posteriormente a la defensa de la memoria.
La superioridad del alma sobre el yo, el sujeto o el cerebro es su capacidad de cuidar de sí misma. En la cura o cuidado del alma se encuentra, según Jan Patocka, la esencia de Europa.
Entiendo por alma el ámbito en el que lo mejor que podemos llegar a ser se dirige a lo que somos (a la inercia de lo que somos). Por "lo mejor que podemos llegar a ser" no me refiero a nada arcano o religioso. En cierta forma todos sabemos lo que es, pero se encuentra disperso en el conjunto de experiencias personales de las que nos sentimos orgullosos porque, de alguna forma, ponían de manifiesto lo más elevado de nosotros mismos. Pero como esas experiencias son fragmentarias, la tarea del cuidado de sí comienza en el proyecto de dar una forma unitaria a esos fragmentos para que puedan ser una orientación fiable de nuestra moralidad.
En esta tarea hemos de elegir bien los compañeros. Conviene que sean grandes porque sólo los grandes se contemplan a sí mismos desde lo alto, mientras que los pequeños se contentan con contemplarse desde lo bajo, por ejemplo desde la emotividad más ramplona.
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La normalidad
El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...


