sábado, 7 de septiembre de 2019

Dormir entre sábanas

Ya hay que dormir con las ventanas cerradas. Hay que arroparse, buscar entre las sábanas el calor que nos falta. Es posible, de nuevo, reencontrarse con la intimidad.

La intimidad es el espacio que hay entre la pasión pura y la acción pura. 

En la pasión pura algo que surge de nosotros se apodera de nosotros y nos encierra en nosotros mismos. En la acción pura, algo que nos saca de nosotros nos confunde con la actividad que realizamos. 

La pasión pura: el enamoramiento, el duelo... No hay manera de alejarse de nuestras emociones. El mundo se reduce al latido de nuestro corazón.

La acción pura: el juego del niño. La vida entera está en la acción. Nos volcamos en ella. El mundo se reduce al juguete que tenemos entre manos.

Se necesita un espacio intermedio para hacer posible la reflexión serena sobre nosotros mismos que nos permita, por ejemplo, preguntarnos por qué, si conocemos lo bueno, con tanta frecuencia elijamos lo malo.

Tengo que perder peso.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Nuestros errores nos corrigen

En uno de sus  aforismos, Antonio Pérez, personaje complejo donde los haya, escribe: “Los ídolos no gustan de ver delante de sí al escultor que los labró”.

¿Es entonces la creencia algo así como la ignorancia de/en un escultor?

Y en esto me he dado cuenta de que llegaba con una hora de antelación.

Pongamos las cosas en orden. Esta mañana he tenido un gratísimo encuentro con los profesores de un centro educativo, en una casa de colonias situada cerca de Ocata, pero al otro lado de la Sierra Litoral. Me he levantado puntualmente a la hora marcada en el despertador, me he duchado, me he vestido, he hecho un par de cosas más y con el tiempo justo, me he puesto en marcha. A medio camino me he dado cuenta de que el acto comenzaba a las 10:00 y llegaba con hora y media de anticipación. Podía haber vuelto a casa, pero he preferido desviarme para entrar en los pueblos de la Sierra, Òrrius y Dosrius. He tomado un café en este segundo pueblo, he leído un poco y he encajado mi horario real con el previsto. 

Ya comienzan las encinas y pinos ha adquirir sus tonos otoñales. Con el sol iluminándolos en diagonal y la carretera vacía, el recorrido ha merecido la pena. Con frecuencia nuestros errores nos corrigen.

Iba pensando en lo que iba a decir y mientras me comprometía a no decir nada que no creyera, me iba preguntando por las certezas que sostienen mis creencias, pero atendiendo a lo urgente, he dejado las preguntas a un lado para disfrutar en paz de la luz de la mañana y del color de las encinas.

Somos el obvio escultor de nuestros errores.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Lo singular

I
Escribe Derrida en La tarjeta postal: "Desde el momento en que lo que te escribo se convierte en literatura, ya no me dirijo a ti y, por consiguiente, falto a ese deber que me ordena que me dirija a ti de forma singular".

II
Derrida se dedica con frecuencia a someter lo obvio a análisis hiperbólicos, con lo cual lo cotidiano tiene que acabar pidiendo perdón por no estar a la altura de lo imposible. Uno se dirige a los demás con los recursos que tiene y entre estos recursos están las frases hechas. Para dirigirme al otro de forma singular necesitaría un idioma singular.  

III
También cuando me pienso mis pensamientos se convierten en literatura y ya no me dirijo a mí mismo de forma singular.

IV
Platón decía que lo singular es inefable, "álogos", no hay palabras para nombrarlo ni pensamientos para pensarlo.

V
Artículo en El Subjetivo: El enemigo es el enemigo.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Días de repasos

I
Ha aparecido mi sombrero, el sombrero con el que recorrí el sur de los Estados Unidos y el sur de Bulgaria, el sombrero que lleva prendido en cada milímetro un recuerdo, el sombrero que me perdieron mis nietos. Se había quedado en el castillo de Cardona, sin duda a impregnarse de nuevos recuerdos.
II
Días de repasos de prótesis: Oculista, dentista, otorrino. El viejo, como animal con prótesis.
III
Profunda insatisfacción con algunas cosas que estoy escribiendo. No consigo avanzar y cuando creo haber avanzado, resulta que he retrocedido. Sé que escribo mal cuando tengo las ideas confusas, pero para aclararme las ideas tengo que escribirlas. Necesito ver mi confusión sobre el papel. Pero ahora me quedo mirándola como un Narciso acomplejado y no encuentro manera de progresar. Necesito alguna prótesis intelectual. No estoy disfrutando.
IV
La naturaleza es tan sabia -ya dijo Aristóteles que no hace nada en vano- que inventó el verano para que los hombres pudiéramos disfrutar de las cervezas. Se acaba el verano y para sacarle todo el gusto a la cerveza se necesita la ayuda, inestimable, ciertamente, de un pincho de tortilla. La cerveza deja de ser “causa sui”. 
V
A punto de comenzar el nuevo curso escolar, leo en Alex Beard (Otras formas de aprender, 2019) que el 40% de chicos y el 35% de las chicas finlandesas reconocen, a los 15 años, que no les gusta la escuela.

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martes, 3 de septiembre de 2019

Seguir con vida

 I
Me encuentro a un amigo del pueblo al que hace tiempo que no he visto. Está sentado con su mujer en la terraza de un bar. Me siento a su lado. Pido un cortado. Hablamos de nuestros hijos, de nuestros nietos, de nuestras cosas y, de repente, mi amigo se me queda mirando fijamente, me pone la mano en el hombre y me dice: "Perdona, pero no sé quién eres. Debes ser amigo mío, porque me hablas con cariño, pero no sé quién eres". Intento reaccionar son normalidad, pero ¿qué es la normalidad en estos casos? Su mujer y yo nos cruzamos las miradas, en silencio. En cuanto puedo le digo mi nombre y cuatro referencias comunes que me parecen decisivas. "Si, sí, me contesta, pero no tengo nada detrás de tus palabras, no tengo recuerdos de nada, pero, si no te importa, la próxima vez que me veas, siéntate a mi lado, porque creo que me aprecias."
II
Me invita una poderosa institución internacional que paga muy bien a que hable de A. Les contesto que, de acuerdo, siempre que ellos tengan claro lo que yo entiendo por A. Se lo explico. Respuesta: creemos que tus conocimientos sobre A son mucho más amplios y profundos que los nuestros, por lo tanto, mejor que dejemos la invitación para otra ocasión.
III

lunes, 2 de septiembre de 2019

Le trinaban las corcheas

I
Me ha despertado el súbito incendio de la noche, el flash de un rayo inesperado. Me he levantado desorientado. La oscuridad del cielo estaba viva. La tormenta lanzaba fogonazos eléctricos al azar respondidos por un rumor profundo de truenos que parecía salir de la tierra.
II
No hay tormenta se verano que no me recuerde la cara de desolación de mi madre mirando al cielo, temiendo la granizada que nos podría dejar sin cosecha y, por lo tanto, sin ingresos ni sustento. “Hijo mío -me decía entonces con una voz que era más la de una orden perentoria que la de un lamento-, no seas del campo, que es lo último del mundo”. 
III
Un día se presentó en nuestra casa el médico del pueblo -el médico, don Ramiro Layana, no el maestro- y le dijo a mi madre: “Gloria, tu hijo vale para los estudios”, que es como se decían entonces estas cosas. Aquel anuncio nos creó no pocos quebraderos de cabeza, porque no era fácil darle respuesta siendo una familia humilde que vivía en un pueblo pequeño. Al final, encontramos un internado económicamente asequible -y caritativo- en el norte de Navarra y fui a despedirme del médico con un nudo en la garganta que no había medicina que curase. 
IV
Recuerdo los primeros meses del internado con un dolor que sé que nunca se diluirá. Todos se reían de mi forma de hablar, porque terminaba los infinitivos en ele ("comel", "venil"...), decía "ahura" en vez de "ahora, "muete" en lugar de "chaval" y cosas así. Y, sin embargo, para mí era evidente que los que hablaban mal eran todos ellos. 
 V
Por supuesto, añoraba mi casa. La añoraba especialmente los días de tormenta cuando recordaba las palabras de mi madre mientras apretaba mi frente contra el vidrio de la ventana: “Hijo, no seas del campo, que es lo último del mundo”. Pero me estaba costando hablar bien el español de aquellos extraños.
VI
Ravel, no me olvido de ti. Ayer pensaba que te trinaban las corcheas lo quisieras o no, que te cobraban vida en el pentagrama y no podían reprimir de vez en cuando un pío en la.
VII
Ha comenzado el diluvio. Me voy a la cama.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Alborada del gracioso

I
Ayer por la tarde se estrenó oficialmente la temporada de las esplendorosas puestas de sol en la playa de Ocata. Lo sé porque yo estaba allí tomando nota de las metamorfosis del cielo sobre Collserola. Ravel es testigo. Justo cuando comenzó el espectáculo, se puso a susurrarme por los auriculares la Alborada del gracioso. Total, tu atardecer no es más que un amanecer para otro.

II
Amiel está hoy demasiado olvidado, pero su Diario Íntimo nunca decepciona. Ayer por la noche me sorprendió diciéndome esto: "Esta noche he experimentado un vacío al entrar en mí mismo".

III
Los días se me hacen cortos. Con 24 horas no tengo suficiente. ¡Quiero hacer tantas cosas! ¡Hay tanto que escuchar, que leer, que escribir, que viajar, que ver crecer y menguar! Con frecuencia al entrar en mí mismo siento un ajetreo, como de casa en traslado. He desmontado la casa vieja, la he empaquetado y he traído todo a la casa nueva, pero no puedo colocar cada cosa en su sitio porque no paran de llegar nuevos paquetes. Estoy permanentemente de mudanza.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...