Se han ido los hijos y los nietos y queda Bartok. Las Obras corales. Sustituyo a Imre Kertész por Lev Shestov, que escribe que "la filosofía ha sido siempre la lucha contra las evidencias". Por eso mismo el filósofo puede apostar por la fe. La evidencia es la ley, esa necesidad implacable de dotarnos de normas para regir nuestra vida, de someternos a una forma u otra. Precisamente, insisto, porque la ley parece la única actitud razonable, la revuelta (¿una revuelta?) contra la resignación es la fe. Pero estas son cosas que es mejor no ir diciéndoselas a la cara a los amigos, para no molestarlos. Escribirlas aquí es más fácil, porque las escribo para nadie, amigo lector, y por eso no veo tu reacción interpelándome.
sábado, 4 de junio de 2016
La última posada
Mientras suenan las Improvisaciones sobre canciones húngaras de Bartok, leo en La última posada de Imre Kertész: "Mi vida es una oración subordinada a la principal. ¿Y quién pronunciará con voz sonora esa incomprensible oración principal?". Cierro el libro y dejo que Bartok ocupe todo el espacio.
viernes, 3 de junio de 2016
La tarde de ayer
Ayer por la tarde Luis Moctezuma y yo nos dimos una buena caminata por Barcelona, que terminó en Casa Almirall, el que es posiblemente el bar más antiguo de la ciudad. Le estaba contando yo a Luis que estábamos cerca de El Lletraferit, el bar de Alexandre Diego Gary, hijo de Romain Gary y Jean Seberg, cuando entraron dos escoceses -lo supe porque me lo dijeron después-, se sentaron a nuestro lado y comenzaron a discutir sobre Michel Houellebecq sin ponerse de acuerdo. Para uno es un genio y para el otro, un mero provocador. Para mi sorpresa se dirigieron a mi para que hiciera de juez. ¿Qué pensaba yo sobre el escritor francés? Tras informarme de sus respectivas opiniones, le pregunté al partidario de Houellebecq si su amigo era muy buena persona. "Es una magnífica persona", me contestó. "La mejor que conozco", añadió con firmeza. "Pues aquí está la clave de todo", le dije yo. "Las buenas personas suelen ser malos lectores". Para mi sorpresa, ambos se mostraron de acuerdo conmigo.
De vuelta a casa, el tren estaba tan lleno de pasajeros que parecía un test sobre las convicciones filantrópicas de cada uno de nosotros. Me puse los auriculares y seleccioné en Spotify el segundo movimiento de la quinta de Mahler. Y con la primera nota, se hizo el vacío. Viajé hasta Ocata lejos del mundo y de sus incomodidades. ¿Dónde estamos cuando estamos escuchando música?
En casa me encontré con un mensaje. José Luis López Bulla me decía que una mujer de 82 años, niña de la guerra, conoció en Moscú a Caridad Mercader y que quería hablar conmigo.
Sigo buscando información sobre el Retrato de Montserrat, de Diego Rivera. Luis Moctezuma me ha puesto en contacto con el nieto del pintor y con Tely Duarte. El nieto no sabe nada y Tely me anima a escribir "al maestro Alberto Hijar, que conoce perfectamente todo el asunto relacionado al partido comunista. Se desempeña como investigador en el CENIDIAP".
"Compañero Luri", me contesta Alberto Hijar. "Averiguaré si en los registros del INBA aparece Monserrat. Por el lado de Claudio Albertani, director del Centro Vlady e investigador de Victor Serge, podría aparecer algún indicio. Ojalá".
Respuesta de Claudio Albertani: "Hola Gregorio: muchísimas felicidades por tu libro. Lo podemos presentar en el Centro Vlady. Voy a buscar a alguien que sea conocedor de Diego Rivera para ver si me puede proporcionar información sobre el cuadro. En cuanto sepa algo, me comunico".
A ver lo que da de sí este nuevo día.
jueves, 2 de junio de 2016
De Carmen Brufau a Mireya Cueto
Llegué a México siguiendo las huellas de Carmen Brufau. Allí supe que había veraneado en una casa llamada Mar Blau que era propiedad de la madre de Carlos Lazo. Siguiendo a Carlos Lazo entré en contacto con Yolanda, su hija. Gracias a Yolanda he conocido a Carlos Moctezuma, que está pasando unos días en Barcelona y asistió a la presentación de El cielo prometido con un sobre que Yolanda le había dado para mi. Gracias a Carlos me entero de la relación de Mireya Cueto con Grandizo Munis. Ambos se conocieron en la casa de Trotsky. A Carlos le hablé en Els 4 gats de un cuadro que pintó Diego Rivera titulado Retrato de Montserrat. Cuando lo pintó creía estar retratando a la hermana de Ramón Mercader. Yo tengo otra hipótesis. Carlos me da direcciones de varias personas relevantes en México y comienza de nuevo el erotismo de la búsqueda. Resulta que conoce al nieto de Diego Rivera. Esta tarde he quedado de nuevo con Carlos. El cuadro, por cierto, parece que ha desaparecido.
No sé si Mireya Cueto puede considerarse pedagoga. Yo creo que sí, pero eso no importa. Lo relevante es que fue una de las grandes escritoras mexicanas de teatro para niños y una de las mayores dinamizadoras del teatro de títeres. Animo, sinceramente, a todos los maestros a informarse de su vida y de su obra y si, además, pueden leer esta joya, miel sobre hojuelas.
No hay nada más fascinante que llamar a una puerta cerrada. Nunca sabes a dónde te llevará.
La última posada
"... dos hombres de mente lúcida que, viviendo en medio de un lujo halagador, ponderan la proximidad de un peligro mortal y piden de paso un poco más de nata para el café"
- Imre Kertész
- Imre Kertész
miércoles, 1 de junio de 2016
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Sócrates no se acaba nunca
No sé cuántas veces habré leído, con subrayados y notas al margen, la Apología de Sócrates . En 1997 impartí un seminario sobre ella en la S...