domingo, 6 de agosto de 2006

Europa at the Crossroads

Una de las maneras más directas y económicas de conseguir tener las ideas claras consiste en reducir la complejidad del mundo a dos polos opuestos: los malos y los buenos. Este procedimiento garantiza tanto la comodidad ética como la intelectual. Y es que, digan lo que digan los antiplatónicos, necesitamos sentirnos orientados hacia el Bien, ya que sólo la conciencia de nuestra proximidad con respecto a este valor supremo nos proporciona el sentimiento de ser portadores de valor.

Perdonad lo engolado de la introducción, pero escribo esto nada más acabar de leer el último libro de un autor al que es de buen tono despreciar entre nosotros: Francis Fukuyama. Se trata de “America at the Crossroads. Democracy, power and the Neoconservative Legacy” (Yale University Press, 2006). Basta echarle una ojeada para constatar de nuevo que los Estados Unidos quizás sean los malos de la historia, pero, en todo caso, son unos malos muy heterogéneos. El pensamiento norteamericano (y esto está muy lejos de ser como creen ciertos narcisistas europeos, un oxímoron) está atravesado por todo tipo de polémicas. La última es la que ha desatado Fukuyama contra sus antiguos compañeros de viaje ideológico, los neoconservadores, y especialmente contra el que parece ser el cabecilla de los nuevos halcones, Krauthammer. ¿Qué queda del neoconservadurismo?

Para algunos no debería quedar nada, ya que el neoconservadurismo ha sido una pesadilla. Su propuesta de exportar la democracia al mundo es, sencillamente aberrante. Me imagino que quienes defienden esto lo hacen de buena fe y en modo alguno son partidarios de un retorno puro y duro a la geoestrategia a lo Kissinger, es decir, a la exportación americana de dictaduras.

Sebastiano Maffettone es un filósofo europeo de buena fe que acaba de publicar un ensayo titulado “La pensabilità del mundo. Filosofia e governanza globale” (Il Saggiatore, 2006) donde, en directa confrontación con el neoconservadurismo y su propuesta de exportación de la democracia y de los derechos humanos, propone como alternativa una confusa (al menos para mi) “integrazione pluralistica”. Teorizando sobre la guerra justa, sostiene que para que una guerra merezca este nombre “ci vuole, come diceva Tommaso D’Aquino, la iuxta causa ma anche l’auctoritas.” No parece saber que es esta, exactamente, la crítica que Fukuyama dirige a la actual política exterior norteamericana.

¿Pero podemos renunciar a exportar la democracia? Mi respuesta es que será inevitablemente así si es que ya hemos dejado de creer en ella. Y que no si aún seguimos convencidos de las virtudes de la democracia como forma superior de gobierno. Algo de esto sostiene, aunque con un argumento a mi modo de ver un poco retorcido (ya se sabe, uno tiene que marcar distancias con los neoconservadores) T. Garton Ash en El País del domingo (www.timothygartonash.com) con el título de “Más democracia”. Al contrario de Garton Ash, yo no creo que debamos exportar la democracia para sentirnos más seguros los occidentales, sino que debemos defenderla como un derecho de los pueblos a gobernarse a sí mismos sin que tengan los ciudadanos usurpada su representatividad por ninguna supuesta autoridad superior a la voluntad general. Este artículo se cierra con el siguiente párrafo: “No echemos en saco roto la democratización por querer desechar a Bush. La idea es verdaderamente buena. Sólo necesita ejecutarse con mucho más cuidado y con paciencia”. Lo cual, curiosamente, coincide también con las conclusiones de Fukuyama.

Pero claro, Fukuyama es estadounidense y de derechas, ¿cómo nos lo vamos a tomar en serio?

Sabbatai Zevi

No hace mucho tiempo les conté a un grupo de amigos judíos catalanes la sorprendente historia del Mesías Sabbatai Zevi. Para mi sorpresa ninguno había oído hablar ni de él ni de Gershom Sholem, su historiador. Con intención de orear un poco El Café de Ocata, me parece oportuno traer hasta aquí esta historia (absolutamente verídica).

Sabbatai Zevi nació el 23 de julio de 1623 en Esmirna en el seno de una familia sefardí y su nacimiento coincidió con el día en que los judíos conmemoran la destrucción del templo, y que ya había sido señalado por algunos cabalistas y rabinos como el del nacimiento del Mesías. Pero 1.623 no pareció traerles a los judíos más que renovadas desgracias. Fue el año del despiadado pogromo de Chmielniecki, en Polonia, donde miles de judíos fueron asesinados. Una niña de seis años, llamada Sarah se salvó milagrosamente. Será la futura mujer de Sabbatai.

Los cálculos cabalisticos no indicaban en qué año exacto nacería el Mesías, sino cuándo sería su entronización. En el Sefer ha-Zohar, o Libro del Esplendor, escrito por Moisés de León en la segunda mitad del siglo XIII, parecía deducirse que la fecha de su llegada sería el 1.648. Entre los milenaristas cristianos se apuntaba como especialmente señalado el año 1.666. Los cálculos numéricos que hacían basándose en el Apocalipsis indicaban que este año tendría lugar la Segunda Venida de Cristo. Precisamente en 1648 Sabbathai oyó una voz que le decía que él era el Mesías e inmediatamente se proclamó como tal en su ciudad natal, delante de un grupo de seguidores exaltados a los que consideró apóstoles representativos de las doce tribus de Israel. Poco después anunció que la redención de los judíos tendría lugar el 8 de junio de 1.666. Él restauraría el Reino de Israel.

Sabbatai. Retrato realizado por un testigo ocular en Esmirna, en 1666.

Desde muy joven Sabbatai había estado fascinado por el misticismo y había acompañado su meticuloso estudio de la Kabbalah con grandes muestras de ascetismo. Se contaba que en el transcurso de sus mortificaciones era capaz de levitar y comunicarse con Dios y los ángeles y predecir el futuro. Sus éxtasis se prolongaban a veces durante grandes periodos de tiempo. Desgraciadamente también venía a visitarlo el demonio, contra el que acababa envuelto en tremendas peleas.

Sabbatai permaneció en Esmirna varios años más llevando la vida piadosa de un místico, mientras se incrementaba el número de sus seguidores y sus proclamas mesiánicas encendían la fe de las comunidades judías. Tuvo un pequeño contratiempo cuando fue excomulgado por el colegio rabínico de Esmirna y se vio obligado a exiliarse, acompañado por sus más directos discípulos. En 1.658 residía en Constantinopla, ciudad en la que se halló un antiguo documento escrito en caracteres arcaicos en el que, una vez traducido, se leyó lo siguiente: “Yo, Abraham, me recluí en una cueva durante cuarenta años, y oí una voz que decía, ‘Nacerá un niño, en el año hebreo de 5.386 (1.626 en el calendario cristiano), hijo de Mordecai Zevi, y será llamado Shabbethai. Él humillará al gran dragón; Él, el verdadero Messiah, se sentará en Mi trono.” Sabbatai aceptó el documento como una revelación.

Vamos a hacer un pequeño paréntesis en nuestra historia de Sabbatai Zevi para trasladarnos a Holanda, donde la comunidad judía se encuentra fuertemente conmocionada y no menos dividida por las noticias mesiánicas que recibía. Algunos hablaban de vender todas sus posesiones, exhumar los cuerpos de sus antepasados y emigrar con ellos a Israel. Pero el asunto que nos trae hasta aquí es otro. Nos encontramos en el 27 de julio de 1656. Los ánimos están mucho más exaltados que de ordinario en la comunidad judía del barrio de Houtgracht, que se congrega en la gran sinagoga de Amsterdam. Ese joven de 23 años, Baruch Spinoza, que está a punto de ser excomulgado es recibido con caras destempladas y los puños apretados. Será ya para siempre maldito, durante el día y durante la noche, durante el sueño y durante la vigilia, y por eso Dios deberá dirigir contra él toda su bíblica cólera. Dicen que un exaltado se lanzó contra él blandiendo un cuchillo, pero sólo le hizo un rasguño (¿gracias a Dios?). Baruch Spinoza conservó toda su vida estas ropas, con las huellas de este día, para no olvidar nunca los efectos del fanatismo.

Por decreto de los ángeles y por el mandato de los hombres santos, nosotros excomulgamos, condenamos y maldecimos a Baruch de Espinoza. Sea maldito durante el día y sea maldito por la noche, sea maldito cuando repose y maldito cuando se levante. Sea maldito cuando salga y maldito cuanto entre. El Señor no tendrá piedad con él, sino que desatará su cólera y su celo contra este hombre; todos los castigos que están escritos en este libro caerán sobre él, y el Señor borrará su nombre del reino de los cielos y lo hundirá en e mal separándolo de todas las tribus de Israel…

Baruch Spinoza

Parece que previamente los notables le habían ofrecido un acuerdo: podría seguir manteniendo sus heterodoxas opiniones siempre y cuando su conducta pública estuviese de acuerdo con la ortodoxia. Spinoza se negó, “porque lo que él buscaba era solo la verdad, y no la apariencia.”

William Ames, un cuáquero inglés habla de Spinoza en una carta firmada en abril de 1657: “Hay un judío en Ámsterdam que ha sido proscrito por los mismos judíos por decir que no hay ninguna otra guía fuera de la luz de la propia razón”.

Tras los judíos, lo condenarán los cristianos, con motivo de la publicación de su Tratado teológico-político. Los tribunales de las iglesias reformadas de Holanda, tras reunirse en sínodos extraordinarios, consideraron el libro “blasfemo y peligroso”; “vicioso y dañino”; e incluso como “el libro más vil y blasfemo de todos los que el mundo había contemplado”.

Recuperemos ahora el hilo de Sabbatai. Sabemos que residió en El Cairo de 1660 a 1662 y posteriormente se desplazó a Jerusalén, esperando un milagro que confirmara su condición de Mesías. En la Ciudad Santa continuó su vida de extremo ascetismo. Acostumbraba a pasarse las noches enteras cantando salmos, para lo cual dicen que estaba especialmente dotado, ya que poseía una hermosa y melodiosa voz. A veces entonaba también canciones de amor españolas, a las que daba interpretaciones místicas.

En estos años se casó con Sarah, la niña superviviente del pogromo de Polonia. Fue recogida por unos cristianos y enviada a un convento, de donde logró escaparse diez años después gracias a un milagro. Transformada en una joven muy hermosa, fue a Ámsterdam. ¿Quién sabe si se cruzó allí con Spinoza? Transcurridos algunos años se trasladó a Livorno, donde llevó, según decían, una vida bastante irregular. Pero milagrosamente comprendió que estaba destinada a ser la mujer del Messiah que estaba a punto de aparecer. Los informes sobre Sarah llegaron a oídos de Sabbatai, que inmediatamente la hizo llamar y se casó sin pérdida de tiempo con ella. Una antigua tradición sostenía que la mujer del Mesías tenía que ser una prostituta arrepentida.

La popularidad de Sabbatai crecía y crecía. La curiosidad inicial se convirtió rápidamente en fervor entre muchos judíos, y este en frenesí mesiánico. Al aceptar la inminencia de lo que estaba por venir, muchos judíos comenzaron a despreciar los bienes que poseían en el exilio y los malvendieron, preparándose para el regreso a Israel. Cantaban y bailaban en las calles y sacaron en procesión las tablas de la ley. Esta epidemia de misticismo afectó con especial intensidad a los judíos sefardíes. Entre los rabinos que siguieron a Sabbatai se encuentran apellidos como Fonseca, Aguilar, Galante, Zacuto, etc.

Entronización de Sabbatai. Amsterdam, 1666.

Entre los reticentes a aceptar a Sabbatai como Mesias se encontraba un comerciante sefardí de Ámsterdam llamado Alatino. Afirmaba que las señales profetizadas en las Escrituras para anunciar la presencia del Mesías aún no se habían dado con claridad. Un día, cuando se preparaba para comer cayó muerto de manera fulminante, justo entre el acto de lavarse las manos y de cortar el pan. Muchos tomaron su desgracia como un nuevo anuncio profético.

A comienzos de 1.666, Sabbatai se trasladó a Constantinopla, capital del imperio turco. Nada más llegar fue arrestado y conducido a prisión cargado de cadenas. En ningún momento, ni mientras estuvo encarcelado, dejaron de circular historias entre las comunidades judías sobre sus milagrosos hechos. Tras dos meses de cárcel, fue recluido en Abidos y, posteriormente, en Edirne, donde el sultán lo convocó el 16 de septiembre de 1.666, obligándolo a elegir una de estas tres opciones: realizar un milagro y demostrar que era efectivamente el Mesías, ser ejecutado o convertirse al Islam. Sabbatai decidió adoptar el turbante turco como señal de su conversión al Islam. Estos hechos se convirtieron inmediatamente en motivo de escarnio de los judíos entre los musulmanes y los cristianos. Sin embargo no todos los seguidores de Sabbatai perdieron su confianza en él, ya que entendieron que su conversión formaba parte de su proyecto mesiánico. Antes de entrar triunfal en Jerusalén, el Mesías debía derrotar a los turcos desde dentro, conmoviendo sus corazones para convertirlos al judaísmo.

Parece que un día sorprendiron a Sabbatai cantando salmos y en castigo fue exiliado a Dulcigno, en Montenegro, donde murió probablemente el 30 de septiembre de 1676. Contaban que su muerte fue un acto de generosidad, pues cambió su alma con la de un niño que se había caído de un árbol y estaba a punto de morir. Inmediatamente comenzaron a llegar peregrinos hasta su tumba. Aún se guarda memoria de todo esto en la actual Ulqin (antigua Dulcigno). De manera no menos inmediata el hermano de Sarah, Jacob Querido, anunció que el alma de Sabbathai había entrado en él y que ahora él era el Mesías. Me han asegurado que aún hay seguidores de Sabbatai en Turquía y en Grecia, y que se hacen llamar Donmeh (“apóstata” en turco). Su número podría alcanzar los 15.000. Sus rituales son una mezcla de judaísmo e islamismo y son realizados en Hebreo, arameo y ladino.

Recomiendo visitar Fum i Estalzí para completar (y de manera bien sorprendente) este post.

viernes, 4 de agosto de 2006

Fabien de Cugnac

"Si Dios, como lo sugería Aby Warburg, se oculta en los detalles, entonces Fabien de Cugnac es un iluminado, un auténtico loco de Dios y de sus obras" (Paul Ardenne).

Ya perdonareis que vuelva tras estos días intentando hincarle el diente racional al pedernal libanés, a una de mis aficiones más queridas, la de la fotografía. Pero no estoy dispuesto a renunciar al desorden que ordena este blog. No sé si conocéis a Fabien de Cugnac.

La metafísica más profunda es la que se ocupa de lo más sutil, y los más sutil es el instante, el tiempo más próximo a la insondable nada.

Es, quizás la más antigua de las obsesiones del hombre: atrapar al instante como si fuera una mosca a la que se puede dar caza en la prisión del puño y llevárselo a la oreja y sentir su zumbido.

A Platón le dio miedo tratar del instante, de lo que aparece súbitamente y en un abrir y cerrar de ojos desaparece. ¿Y si él no pudo, quién? Aristóteles prefiere hablar del intervalo recordando a los durmientes de Efeso, pero eso es otra cosa, vamos, creo yo. Y Agustín de la sucesión que desde el alma ordena el fluir del tiempo. Plutarco recoge una leyenda en la que el dios del tiempo, Crono, duerme en una cueva y su sueño es la vida del mundo.

El cristianismo, en cierta manera, es la prolongación del instante. San Pablo hablaba del tiempo presente como del "ho nyn kairós", el tiempo de ahora, esa sala de espera en la que aguardamos impacientes la segunda venida de Cristo, cuando se nos irá llamando uno a uno por nuestro nombre.

Probablemente el auténtico cristiano sigue creyendo que la vida es un instante dilatado donde la vida efímera es, como dijo el poeta griego, sombra de un sueño.

Donde toma más cuerpo el instante es en el amor. Pero también ante el dolor irremediable de un ser querido. Recuerdo, en este instante, sus venas cada vez más rosas, finalmente blanquecinas, casi transparentes, cuando ya anunciaban las vetas del inminente mármol.

¡Pero si no fuera por ellos! ¡Si no fuera porque sabemos que el tiempo, como el mar y como el deseo, en un instante se alborota!


jueves, 3 de agosto de 2006

Yo no estuve allí

Yo no estuve allí. No fui testigo, por lo tanto de la acción de Kuntar (o Qintar o al-Qintar). Así que tengo que regular con prudencia mi escepticismo respecto a lo que parecen hechos:

  1. Kuntar, que no era aún mayor de edad cuando sucedieron los hechos de los que está acusado, es el prisionero libanés más antiguo de Israel. Pero él siempre se ha considerado un luchador de la causa palestina. Nunca ha considerado necesario arrepentirse.
  2. Nadie niega la muerte de la niña. Se recogen o no con más detalle los (supuestos) acontecimientos.
  3. Se ha intentado varias veces su intercambio con rehenes judíos y ninguna ha tenido éxito. El gobierno Israelí ha puesto más condiciones con él que con ningún otro prisionero. Y Hezbolá tampoco -si hacemos caso de las informaciones de prensa- ha favorecido diligentemente su liberación, pues incluso en el transcurso de la negociación de los detalles de la misma, tomó más rehenes.
  4. Continúa vivo, ha estudiado en la Universidad Hebrea de Jerusalén y se ha casado.
  5. Es muy diferente presentar a Kuntar como un prisionero de la causa palestina que como el sanguinario asesino de una niña israelí.

¿Obedece la información de TIME a una teoría conspirativa israelita? ¿Es creíble la confesión de la madre de la niña? ¿Son creíbles los medios que recogen los hechos por los que Kuntar ha sido juzgado y condenado? ¿Son creíbles los medios que sistemáticamente los ignoran? Me temo que la respuesta que demos a estas preguntas ya están inevitablemente condicionada por nuestros prejuicios: por nuestros bienintencionados prejuicios.

Sigo, evidentemente, buscando información. La que vengo acumulando hasta el momento (gracias por tu colaboración, RMF) no parece sino ir en la línea de mi primer post. Pero la verdad es que toda esta cuestión me tiene un poco trastornado. Estoy intentando escribir un largo artículo y ni encuentro el tono adecuado ni consigo escuchar mi propia voz. Pero no me conformo, Luis, con ser equidistante. En cualquier caso parece evidente que es mucho más fácil dejarse arrastrar por la emotividad que controlar con prudencia la información disponible.

Samir Kuntar

RMF, de Fum i Estalzí, que es uno de los blogs más interesantes que conozco, me ha escrito en relación con el post anterior ofreciendo una reflexión que me parece necesario resaltar. Quizás podamos ayudarnos mutuamente a encontrar el camino prudentemente inteligente. Evidentemente yo confirmé la información que ofrecía con diversas fuentes, pero volveré a insistir a ver hasta dónde puedo llegar, porque quizás tenga razón RMF y convenga plantearse toda esta cuestión desde cero:

Me he quedado estupefacto al leer tu descripción de Samir Kuntar. No conocía los hechos y me parecía horroroso lo que leía.

Pero inmediatamente he pensado que lo que describías parecía un rito satánico, como un mito cuya finalidad es consolidar una visión de los árabes como demonios. Me he preguntado (estoy leyendo el último libro de Kapuscinski, magnífico, y se me está pegando su obsesión para preguntarse por todo): ¿cómo podía ser que un grupo terrorista, después de ser descubierto, en su rápida huida, decida detenerse y efectuar este "rito satánico"? ¿los testigos (porque se supone que alguien lo vió), seguramente los perseguidores, no hicieron nada mientras ocurrían los hechos? ¿y, una vez detenido, conocida su actuación, no lo "suicidaron" (sin duda, yo lo hubiera hecho)?

Estas preguntas me han llevado a buscar al personaje y sus circunstancias en la red. La wikipedia es el primer lugar, aunque hay otros y en todos se repite lo mismo. En primer lugar, Samir Kuntar no es árabe, sinó druso (aunque parece ser que no practicante), curiosamente casado con una israelí de origen árabe Se dice que su padre era palestino expulsado durante la creación de Israel. Poca cosa más se sabe de su vida, excepto que desde que está en prisión ha cursado varias carreras.

Por lo que he visto, la única fuente de la que beben todas las versiones de lo sucedido es de la madre y única superviviente. Ella no dice que viera la muerte de su marido e hija, sino que "according to eyewitnesses, one of them shot Danny in front of Einat so that his death would be the last sight she would ever see. Then he smashed my little girl's skull in against a rock with his rifle butt." Luego tu versión es un poco sui generis.

Es curioso que no cuentes lo más horroroso del caso: la mujer tiene otra hija de 2 años, Yael, y se esconde con ella. Le cierra la boca para que no hable, pero lo hace con tal fuerza que la mata por ahogo. ¿Por qué lo hace? "I remembered my mother telling me how she had hidden from the Nazis during the Holocaust. 'This is just like what happened to my mother', I thought." Me parece que éste es el hecho crucial del caso: los fantasmas del holocausto.

Relatos directos de testigos no he encontrado ninguno, ni a nadie que los nombre. Ni tampoco una descripción detallada de los hechos.

En la propia wikipedia se dice que hay libaneses que niegan los hechos tal como se conocen, sin negar, claro está, la muerte de la niña y de su padre. En la red hay poco sobre el particular, pero en algún foro parecen ofrecer versiones diferentes. Yo no lo sé porque no sé árabe.

Finalmente, he encontrado la "versión" del propio terrorista, o como mínimo de su web oficial (que curiosamente también está en hebreo). No confirma ni desmiente. Solo dice que hubo 5 bajas israelís en la "acción", y que los objetivos eran militares (recordemos que Israel había invadido el Líbano un año antes): "the goal of the operation was to attack one of the biggest military bases located in Naharya, 10 kms away from the Lebanese border and 8 kms north of the city of Acca", al lado del asentamiento a dónde huyeron al ser descubiertos, después de matar a un sargento en el intercambio de tiros .

Alguien dirá, si no lo niega, es que lo acepta. Seguramente, yo no lo sé. También sé que en casos recientes en que muy probablemente soldados americanos han matado familias enteras (con niños) en Iraq, los mismos soldados lo han negado, y sus jefes también. Voy a ser malvado: Kuntar no lo niega, porque acepta su culpabilidad en las muertes aunque no hubiera sido tal como se cuente; en cambio, el ejercito americano estaria haciendo, vergonzosamente, lo contrario.

Otra cosa: dices que pedir la libertad de Samir es una provocación. Por diversas fuentes, empezando por la wikipedia, ésta sería un hecho: "Israel agreed to release Samir Kuntar as well, but only when Hezbollah provided 'solid evidence' as to the fate of Ron Arad, an air force navigator missing in Lebanon since 1986."

Y hasta aquí todo lo que he encontrado, que es muy poco y muy poco fiable, claro está. Me parece que el único que conoce los hechos con todos los detalles está en prisión, y no creo que me lo vaya a contar.

Para acabar, una visión poco edificante de niños presuntamente israelíes, "mandando regalos al sur del Líbano", y su utilización propagandística por parte del "enemigo".

Disculpas por la longitud de comentario.

miércoles, 2 de agosto de 2006

Israel II

Llevo varios días repitiendo a propósito de esta guerra de no se sabe cuántos días entre Israel y Hezbolá, que yo estoy a favor de todas las causas buenas y en contra de todas las causas malas. Evidentemente esta impertinencia (que me ha llevado incluso a proponer una manifestación en la Plaça de Sant Jaume de Barcelona reclamando la jubilación voluntaria de todos los malos del mundo como vía más directa y menos costosa para la consecución de la paz universal) produce los efectos deseados, con lo cual ya me he librado de la murga del interrogatorio recurrente sobre los contendientes y, sobre todo, me he liberado de la condena a que se den por supuestas mis posiciones políticas y morales en un conflicto que parece haber proporcionado la ocasión para la reconciliación con sus conciencias a cuantos creen de buena fe en la identidad entre ética y política.

Evidentemente, cuando expreso mi posición con esta falacia tautológica, quedo inmediatamente retratado como un cínico ante mis interrogadores, y esto es lo peor que se puede ser en tiempos de epifanías morales. Sin embargo en modo alguno pretendo ser un cínico sino, en todo caso, un humilde socrático, pues fue Sócrates quien nos mostró insistentemente que los hombres no discutimos sobre aquello con respecto a lo cual disponemos de criterios objetivos de medición, sino sobre lo referente a lo bueno y lo justo. Si esto es así, lo normal sería encontrar entre la ciudadanía de a pie una polémica viva sobre cuáles son las buenas razones que cada uno de los contendientes de esta guerra aduce para justificarse a sí mismo. Pero, evidentemente, este es un ejercicio extraordinariamente difícil de llevar a cabo por terceras partes con una honestidad ecuánime mientras las lágrimas de las víctimas inocentes nos interpelan con su sufrimiento irreparable desde los medios de comunicación.

Pero los medios de comunicación necesariamente han de ocultar que su información está siempre mediada por -al menos- tres filtros: el de la posibilidad (sólo ofrecen el dolor que les es permitido recoger, es decir que les es accesible informativamente), el de la actualidad (sólo recogen el dolor actual, que es el que constituye la noticia) y el de sus afinidades ideológicas. Debido a ello, además de contribuir a la conformación de una opinión pública, participan activamente en la modulación de la emotividad pública. Es evidente que las guerras que no son televisadas no suscitan manifestaciones de protesta de los buenos ciudadanos europeos, con lo cual tiene lugar el curioso fenómeno de que un país en guerra tendrá tanta más oposición popular internacional a su política cuanto más respetuoso sea con la libertad de información. Es evidente, también, que toda noticia es efímera y, por lo tanto, la misma actualidad de lo efímero impide prestar atención a la secuencia que está en el origen de la actualidad.

En el caso del conflicto que nos ocupa, ¿qué medio dispone de espacio suficiente para informar con detalle de quién es el libanés Samir Kuntar, el nombre que está en el origen del actual enfrentamiento entre Israel y Hezbolá? Cuando los milicianos de Hezolá penetraron en territorio israelí, mataron a varios soldados y secuestraron a otros más, sabían perfectamente que la posibilidad de canjearlos –como más tarde pidieron- por Samir Kuntar no sería fácil. De hecho es esa difícultad la que convierte su acción, objetivamente, en una provocación.

La difíciltad de la liberación del libanés Kuntar, miembro de la O.L.P., viene determinada por las condiciones peculiares de su condena. Formaba parte de un grupo terrorista que en 1979, para intentar boicotear las negociaciones de paz entre Egipto e Israel, desembarcó en la ciudad de Nahariya. Al ser descubiertos se retiraron hacia la costa llevando dos rehenes: Danny Haran y su hija Einat, de 4 años de edad. Al ser cercados y comprender que la retirada era imposible, Samir Kuntar cogió a la niña por las piernas y la lanzó contra una roca. Posteriormente le aplastó la cabeza con la culata de su rifle y mató a su padre a balazos. Esta acción le produjo tanto prestigio entre los suyos como odio entre los israelíes. Entre los varios intentos posteriores por conseguir su liberación se encuentra el secuestro del barco italiano Achille Lauro, en 1985.

martes, 1 de agosto de 2006

De Peter Sloterdijk a Leo Strauss

Hace unos días recogía en El Café de Ocata la siguiente reflexión de Sloterdijk que, por cierto, no ha gustado nada a algunos de mis amigos: “La fundación de un Estado no es nunca inocente. Nuestros crímenes fundadores remiten a una época de la cual sólo guardan memoria nuestros historiadores. Cuando un crimen fundador es cometido ante los ojos de un mundo crítico, nos sublevamos. La violencia fundadora la soportamos en el mito, no en los periódicos. Pero quien quiere fundar quiere también el crimen necesario".

Hoy añadiré algo más.

Como es bien sabido, la Guerra de los 6 días entre Israel y sus vecinos (Egipto, Siria, Jordania e Irak) tuvo lugar entre el 5 y el 10 de junio de 1967. Fue impulsada y dirigida en el bando israelí por Moshé Dayan e Isaac Rabin. En el transcurso de las operaciones, el día 8 de junio, las fuerzas aéreas israelíes atacaron el USS Liberty, un buque de inteligencia norteamericano que se encontraba en la costa norte del Sinaí, ocasionando 43 muertos y 173 heridos. Aunque las explicaciones de lo ocurrido distan mucho de contentar a todos (los partidarios de las teorías conspirativas han encontrado aquí un hueso de lo más jugoso), lo más probable es que se tratara de un trágico error de identificación por parte de los pilotos israelíes, como parecen ponerlo de manifiesto las grabaciones de sus conversaciones. Señalo todo esto para valorar en su justa medida las palabras que Leo Strauss le escribe a su amigo Gershom Scholem en una carta fechada en Chicago el 7 de agosto de 1967:

“En lo que concierne al Hexahemeron, no conozco a nadie que no esté lleno de admiración por el ejército de Israel y por quienes lo dirigen. Debido a la total ausencia de moderación de los enemigos de Israel, no estaría justificado que Israel adoptase una actitud modesta o moderada. ¿Acaso la diferencia entre una política moral inteligente y una política inmoral inteligente es mayor que la que existe entre una política que actúa llorando y una política que no llora? La gramática coja de la frase anterior tiene su justificación en una cierta delicadeza por mi parte.”

Pues este post un poco confuso es todo cuanto, por delicadeza, quiero hoy añadir al post de Sloterdijk.

Leo Strauss

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...