martes, 30 de marzo de 2021

Un día movido

Cuando me levanto, lo primero que hago es echar una mirada a las revistas a las que estoy suscrito por internet. Hoy he leído con el mayor interés un artículo de The New Yorker sobre la psicóloga Elisabeth Loftus, profesora de la Universidad de California en Irvine. Sus estudios han desmontado completamente la visión de la memoria como un fichero o un archivo donde se recogen pasivamente eventos pasados. Según Loftus, estamos constantemente reconstruyendo nuestros recuerdos. Ya había leído su tesis de que cada recuerdo es, de hecho, una nueva rememoración, pero este artículo va más allá y diluye las fronteras entre la imaginación reproductiva y la creativa. “Nuestra representación del pasado -dice- es viva y cambiante. No es fija e inmutable. Es como un ser vivo que cambia de forma, se expande, se encoge y se expande nuevamente. Es una criatura parecida a una ameba". Cada vez que recordamos algo lo asociamos a alguna de las circunstancias del presente que han impùlsado la rememoración y esta asociación puede distorsionar el recuerdo. Siguiendo esta tesis, Loftus ha conseguido implantar en la memoria de ciertos sujetos recuerdos falsos. En general, cuanto más emotivo sea un recuerdo, menos garantías tenemos de que se trate de un recuerdo auténtico.

Tras leer el artículo y tomar algunas notas me he metido en la ducha y justo cuando estaba enjabonado, ha sonado el timbre. He intentado aclararme y secarme rápido. He salido lo más deprisa que he podido, me he resbalado en el pasillo y he caído de espaldad de una manera tan contundent que en un primer momento he sentido que algo de mi interior se había desencajado. Poco a poco me he ido recomponiendo, pero cuando he mirado por la ventana, ya no había nadie en la puerta de casa. Al escribir esto, a las 19:00 siento molestias en la espalda, pero no parece nada grave.

Hoy ha aparecido en El Mundo este artículo mío sobre nuestra última ley educativa. He intentado ser contundente porque estoy convencido de que lo que hay en juego es de la mayor importancia, especialmente para los niños culturalmente pobres.

He tomado un café en la Plaza de Ocata y he subido al cercanías, porque tenía comida con un buen amigo, el editor Jordi Nadal, en un buen restaurante de la parte alta de Barcelona, El Trapío. Hemos hablado de mil cosas, hasta de Severo Catalina, hemos reído mucho, hemos comido y bebido bien y me he despedido aceptando el encargo de escribir una cosa sobre Balmes. En su momento daré más información. He ido andando al restaurante desde la Plaza de Cataluña y he vuelto de la misma manera. Unos 10 quilómetros en total. El regreso tenía la ventaja de ser cuesta abajo, pero el inconveniente de que, como suele hacer cada vez que nos vemos, Jordi me ha cargado de libros de Alfabeto y de Plataforma. Entre ellos, dos libros de citas, uno de Valentí Puig y otro de Charles De Gaulle; la biografía de Hannah Arendt de Anne C. Heller y Hay cosas más importantes que salvar el mundo, de Benjamin Ferencz.

En el tren, abarrotado, y con gente que respetaba muy poco las normas más elementales de higiene, un violinista de unos setenta años, me ha sorendido intepretando soberbiamente el vals número 2 de Shostakovich. Le he dado dos euros. "¡Por Shosta!", le he dicho. Me ha mirado fijamente, con unos ojos enormes, ha sonreído y ha murmurado "Ah... Shosta...". No era español. ¿Eslavo, quizás?

Al llegar a casa me esperaban dos libros más que los mnsajeros le han dejado a mi vecino, No me tapes el sol, que me envía su autor, Eduardo Infante, que se está mostrando como un fenomenal divulgador de la filosofía, y la sorpresa agradabilísima de la primera novela de Borja Vaz, Viajeros en un mar de nubes. Mantengo una casi íntima complicidad con Borja desde que ambos defendimos en un ambiente un tanto hostil los videojuegos en un congreso de periodismo cultural celebrado en Sanander.
 

4 comentarios:

  1. Espero que estés mejor de la espalda. Lo de la memoria es muy interesante. Un beso

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  2. Gracias don Gregorio.

    José

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  3. Lo primero, cuidado con las prisas.
    Que la democracia haya sido incapaz de lograr una ley educativa mejor que la de Villar Palasí, hombre que si fuéramos ecuánimes , debería tener calle principal en cada villa, pues extendió la enseñanza básica y obligatoria más allá de la infancia, sin tratar a los discentes como menores de edad perpetuos, y siendo realista al abrir las vías del bup y la FP...

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  4. qUé PLACER EL HABERTE HALLADO
    hAS DEJADO UN SABOR EN MI MENTE
    lO HAS LOGRADO
    uN ESCRITO MUY BUENO
    aBRAZOS DESDE UN DIA CON SOL SIN ESTAR NUBLADO

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