sábado, 30 de noviembre de 2024

Cucharaditas de leche y rocío

 I

Todos intentamos encajar nuestra vida vivida en nuestra vida pensada, pero algunos lo hacen con tanto ahínco que reducen toda su vida vivida a casi nada. Fue el caso del filósofo Derek Parfit, que para no restarle tiempo a su dedicación a la filosofía, pedaleaba desnudo en su bicicleta estática leyendo filosofía; comenzaba a cepillarse los dientes leyendo filosofía y se olvidaba de sus dientes y su cepillo, por lo que se pasaba horas en esta operación; cada día desayunaba lo mismo (mueslis y yogur) y cenaba lo mismo (zanahorias, queso, lechuga y apio) porque hacer de su alimentación una rutina le facilitaba pensar en filosofía mientras se alimentaba; se hacía café directamente con el agua caliente del grifo para no perder tempo calentándola; tomaba una mezcla de vodka y pastillas cada noche para poder dormir... y así dejar de pensar en filosofía.

Conclusión: una vida demasiado examinada, deja de de ser una vida.

II

En los últimos días de su vida la reina Mariana de Austria alimentaba a su hijo, Carlos II, el Hechizado, con cucharaditas de leche y rocío.

Y aquí no se me ocurre ninguna conclusión.

III

Sábado. El sol entra a raudales por mi ventana y es tan agradable bañarse en su luz... La luz como medida del tiempo.

viernes, 29 de noviembre de 2024

Parásitos

I

De vuelta a casa, ayer por la noche. En la plaza de Cataluña sube cercanías que me trae a El Masnou un buen número de personas agotadas después de su jornada laboral. Varios no tardan en quedarse dormidos, unos apoyando la cabeza en el cristal de la ventanilla y otros en el hombro de su vecino. ¡Qué diferencia entre volver de viaje y volver del trabajo! Hay cansancios y cansancios. Aunque a las 23:19 abrí la puerta de mi casa, decidí no venir aquí a quejarme. No tengo motivos para ello.

II

Hoy he llevado a uno de mis nietos al colegio y durante el resto de la mañana me he limitado a vegetar, aprovechando este generoso sol de otoño que nos ha regalado el día. 

III

He intentado rematar el artículo sobre el estoicismo, pero me he puesto a ello con una voluntad tan sutil, que se me ha deshilachado al segundo párrafo. De Maistre asegura en Les Soirées de Saint-Pétersbourg que no hay filosofía sin el arte de despreciar las objeciones. Así es. Aquello en lo que nos detenemos a pensar es aquello que ha conseguido traspasar el cedazo de nuestro desprecio. Y ahí está el sesgo inevitable.

IV

Acabo de decidir de qué tratará mi próximo artículo en el ARA: de la invasión de lo emocional-identitario en el arte de esta última década. La emotividad identitaria está parasitándolo todo.

jueves, 28 de noviembre de 2024

Vivir es comenzar

 I

Viaje larguísimo en tren, de León a Barcelona. Me cansa, pero no me disgusta... si viajo en confort. Ahora ya ha oscurecido, pero las tierras de Burgos bañadas por los tonos pasteles del atardecer han compensado con el milagro de su aparición, la monotonía del triqui-traca.

II

En Miranda de Ebro, lo juro, ha subido una chica que parecía el doble de nuestro Carlos II, el Hechizado. La misma cabeza, la misma nariz, los mismos labios, el mismo pelo...

III

En Vitoria he notado que algo se movía entre mis pies. Mi inquietud ha sido grande, porque temía que fuese una rata... pero era un perro que ha salido de la cesta en la que viajaba un par de asientos delante de mi.

IV

Alsasua. 1966. Allí estaba yo, con once años, en un internado, intentado hacerme un hombre de provecho, me decían. Lo que más me inquietaba era el dormitorio colectivo, tan grande en la noche susurrante de ruidos. Más de una vez me levanté de la cama cuando todo el mundo dormía e intentaba escaparme. Lo tenía todo planificado: me bastaba con seguir la vía del tren para llegar a Pamplona, y de Pamplona a mi pueblo... Dios proveería. Como no encontraba medio de escapar, porque todo estaba cerrado a cal y canto, me iba a la despensa a comer chocolate. Nunca oí que nadie echase en falta todo el chocolate que me comí. Una vez fui al cuarto de la televisión, encendí el aparato, cuidando de que la voz estuviese muy baja, y me encontré con que habíamos llegado a la Luna. Me despertaban los trenes de que pasaban cerca del internado, Durante el día eran sorprendentes la nubes compactas de vapor blanquísimo que expelían; por la noche su esforzado avanzar por los raíles helados era tan intenso en su renqueo que parecía que el ttren estaba entrando en nuestro dormitorio. Ahroa, tantos años depsués, yo, viajero de este ttrren he visto por la ventanilla lo que queda de aquel edificio. Es labor del tempo dejar a nuestros recuerdos sin referentes claros.

V

Vuelvo de León con un agradable sabor en la memoria. Tengo la sensación de que nada ha terminado, sino que algo ha comenzado. Y vivir es ver comenzar.

VI

Carlos II habla a gritos por el móvil. Le está gritando a su padre (¡pobre Felipe IV).

miércoles, 27 de noviembre de 2024

La tierra de León agradecida

 I

Estoy en León, cordialidad a raudales y frío previsible, con momentos de un sol tibio y acogedor. La ciudad -el casco antiguo, en realidad- me gusta mucho, porque, entre las muchas delicadezas que le ofrece al visitante, está la de unas puestas de sol dignas de merecer un lugar privilegiado en las guías turísticas de la ciudad. 

II

Esto, amigos, está muy lejos. Per aquí parecen firmemente convencidos de que lo que está lejos es Barcelona. No sé yo...

III

No podemos vivir sin la intimidad que nos proporcionan los espacios reducidos y familiares, pero tampoco parece que seamos capaces de vivir solo en ellos y necesitamos -necesito- salir a espacios abiertos, a paisajes diferentes en los que soy un visitante fugaz y voraz y a los que no estoy seguro de regresar.  Ya no me queda tiempo para volver a todos los lugares a los que quisiera. 


No sé si la catedral de León es la más hermosa del mundo. Sé que es la que más me ha impresionado de todas las que he visto. Aquí no pesa la piedra, lo que cuenta es la luz, el espacio interior, la plegaria del asombro. 

IV

Salí en tren de Barcelona a las 9:05 y llegué a León a las 18:30. Me dio tempo para hacer muchas cosas. Incluso casi acabé el artículo sobre los estoicos. Pero qué largo... 

V

Estoy alojado en la Real Colegiata, sobre las murallas romanas, al lado de San Isidoro, a cinco minutos de la catedral. Todo está en su sitio. Todo está bien.

VI 

Mañana visito la Fundación Sierra-Pambley.


VII
Me sigue pareciendo un milagro que un desconocido se me acerque a pedirme que le dedique el libro que acaba de comprar. ¡Con la de libros que hay por las librerías, y ha elegido uno mío! Intento huir de las fórmulas vacías y escribir algo sincero, pero casi siempre pienso que no estoy a la altura de la mirada que tengo en frente.

domingo, 24 de noviembre de 2024

Perillán

 I

Contestándole un mensaje a Jorge Freire me emerge espontáneamente de no sé donde, pero directo y contundente, el adjetivo "perillán", que no utilizaba desde hace decenios. Y de repente la memoria me ha comenzado a hervir con recuerdos de mi infancia en mi pueblo, cuando "perillán" era un término común, uno de esos que sin ser un halago, todos queríamos merecer, porque el perillán es el pícaro, el tuno, el bachiller... astuto al que sus fechorías le salen endiabladamente bien. Hay -o había- un maquiavelismo de aldea que ha sido muy nuestro, pero que se ha ido quedando sin nombres.

II

Escribo en un artículo el adverbio griego "exaiphnês" (de repente). Y a las pocas horas recibo un correo de una institución cultural que me indica que puede ser de mi interés un artículo académico titulado «Conference: Now, Exaiphnês, and the Present Moment in Ancient Philosophy». Bien por el artículo, que es interesante, mal porque el envío pone de manifiesto que no conozco los ojos que me vigilan.

III

Posiblemente no haya progreso sin pérdidas.

IV

Recibo la invitación a escribir un artículo sobre las razones por las que se ha puesto tan de moda el estoicismo. Lo acepto encantado. Lo primero que pienso es que lo que se ha puesto de moda no es el estoicismo, que fue una filosofía de sutilezas, sino algunos fragmentos del estoicismo imperial, que fue el estoicismo de personas tan poco estoicas como Séneca. Lo que parece estar en auge es un estoicismo fragmentario, de citas sueltas, carente del rigor dialéctico con el que los estoicos genuinos pensaban sobre las tres partes de su filosofía, la física, la lógica y la moral, que en conjunto formaban un sistema coherente al que daban el nombre de Logos (o de Dios: de un Dios inmanente al mundo físico). La inquebrantable voluntad de sistema que caracterizó a los estoicos no está, en modo alguno, de moda.

viernes, 22 de noviembre de 2024

Un amor perdurable a fuerza de no serlo

I

En las últimas décadas del siglo XIX vivió en Oviedo un hidalgo llamado don Pepito Alegre, considerado unánimemente como «cumplido caballero, honra y prez de enamorados».

En su mocedad se enamoró y tan excelsa le pareció la experiencia que decidió mantenerla viva como «amor de enamorados». No permitiría que su amor se rebajara a las oscuras maniobras del deseo. Fue este amor puro y limpio lo que dio un sentido omnipresente a su vida. 

Cada tarde, a las siete en punto, después de dar un paseo por el balneario de las Caldas, don Pepito se dirigía en coche a un portal de la calle de Gastañaga, donde esperaba la aparición de su novia que, siempre acompañada, se dirigía a él apoyada en un fino bastón. El amor se mantenía intacto, pero la edad no, y a los 70 años era imprescindible la ayuda de alguna prótesis para encarar el ideal.

Don Pepito la recibía ceremoniosamente, con gestos invariables. En la mano izquierda sujetaba su sombrero y su bastón, mientras con la derecha le entregaba a su amada un ramo de flores. Y a continuación repetían, idénticas, las palabras de cada tarde:

- ¡Ah! ¿Qué horas son estas de llegar, mi señor don José?

- La tarde estaba deliciosa, mis señora Margarita. Me entretuve en el jardín. He aquí que os traigo la recompensa por mi tardanza.

Pasaban media hora justa en la chocolatería y tras beber medio pocillo de chocolate,  los sexagenarios se despedían hasta el día siguiente.

Encuentro esta historia de amor, que reescribo con cierta libertad, en la biografía de Clarín escrita por Juan Antonio Cabezas, que la concluye así: «Fue el de don Pepito y doña Margarita un amor perdurable a fuerza de intentar no serlo".

II

En realidad la Luna simplemente no oye a los perros.

III

Una cita de Clarín: «No, no desesperemos; los pueblos no deben ser viejos; no deben contar sus años, aunque deben amar su historia; no está probado que no sea posible una resurrección».

jueves, 21 de noviembre de 2024

Las águilas no cazan moscas

 I

Respuesta de Rémi Brague al periodista que le pregunta cómo logra un estilo tan claro: «El bolígrafo rojo de mi mujer»

II

Viaje casi relámpago a Mallorca que, sin duda alguna, ha merecido mucho la pena. Ha sido un placer viajar con Sergio Vila-Sanjuán y ser introducido por él en la Fundación Juan March y me voy con un recuerdo agradabilísimo del clima que conseguimos crear. Podría mentar también la comida y la cena...

III

He aprovechado la ida y la vuelta para darle un buen bocado a la biografía de Clarín de Espasa-Calpe, irregular, pero, en conjunto, muy interesante. A los autores de estas biografías parece a veces que les pagaban por hoja, pero, en conjunto, son ejemplares.

IV

Si los latinos decían que «Aquila non capit muscas», Clarín, más poético pensaba que si bien estaba en la naturaleza de los perros ladrar a la Luna, ésta, la Luna, nunca ha considerado necesario ladrarle a un perro. 

Euclides y las competencias

La gran paradoja de PISA es que, a pesar de ser una prueba diseñada para medir competencias, los mejores resultados los obtienen los países ...