jueves, 30 de enero de 2020

Sobre el arte de leer


Sobre el arte de leer reseña de García-Máiquez en Nueva Revista

Brexit

Los británicos se van. Y no se van porque lo hayan echado a los dados o porque el cambio climático les haya afectado la capacidad de raciocinio, sino porque han echado cuentas, han visto pros y contras... y han optado por seguir haciendo política de manera autónoma.

En su decisión ha pesado más la política que la estricta economía.

La primera condición para hacer política es tener ideas y autonomía para asumir riesgos. Y los británicos creen que en la UE, en lugar de ideas hay intereses comerciales. Y si se trata de intereses comerciales, los británicos prefieren exportar lo suyo que importar lo ajeno.

Los británicos prefieren alianzas seguras con los suyos, norteamericanos, canadienses, australianos... porque saben que les responden en caso de necesidad, mientras que de Europa, hoy por hoy, no parece que pueda esperarse más que vagas promesas, buenos sentimientos e índices de bienestar.

Los británicos quieren recuperar la autonomía sobre sus fronteras porque sin esa autonomía ni se hace política afuera ni se crea un sentido de copertenencia dentro. No quieren disolver el Reino Unido de la Gran bretaña en Europa sino recuperar un sentido de integración interna que, a su parecer, la UE pone en riesgo.

Los británicos saben que en un contexto mundial en el que el Pacífico va para arriba, el Atlántico va para abajo y el Mediterráneo es un lugar de turismo y museos arqueológicos, si no estás actuando donde se cuecen las cosas, quedas marginado. No les cuesta mucho dejar atrás a una Europa que no puede creer en sí misma por la sencilla razón de que no sabe quién es.

Los británicos tienen una firme voluntad de actores.

Por supuesto, todo les puede salir mal a los británicos. Eso ya lo saben. Pero saben también -y esto es lo importante- que sólo  asumiendo riesgos un país seguro en sí mismo crece, se fortalece y se cohesiona.

Si yo fiese inglés, tendría más confianza en Washington que en Bruselas.

Ellos se van tan contentos y nosotros les cantamos melancólicas canciones de despedida un tanto cursis. 

miércoles, 29 de enero de 2020

Esta tarde me voy a Puebla

Ustedes ya están al tanto de mis reticencias a lo que Pedro Mártir de Anglería llamaba "novolatría", o sea, a la rendición incondicional ante lo nuevo por el mero hecho de ser nuevo, sin ninguna consideración a su bondad. Para el novólatra, lo nuevo es más relevante que lo bueno. Como he podido comprobar varias veces, en nuestros días nadie se enfada si le dices que está equivocado. "Es mi opinión", te contestará, dando por supuesto que toda opinión es respetable por el mero hecho de ser propiedad de quien la emite, independientemente de su fuerza argumental. Pero se corren serios riesgos si te atreves a decirle que está anticuado.

El hecho de que sea crítico con los novólatras no significa, en absoluto, que sea ni reacio ni ajeno a una cuantas novedades de nuestro tiempo que contribuyen a hacer la vida más densa. Trasteo con frecuencia por las redes sociales y gracias a ellas he descubierto a personas de las que me enorgullezco ahora de considerarme su amigo y ninguno de mis últimos libros podría haberse escrito sin el correo electrónico y sin el acceso a las hemerotecas, archivos y editoriales remotas.

Esta tarde doy una videoconferencia a un grupo de profesores de una universidad de Puebla, México. Bien es cierto que el técnico de la universidad ha sido paciente conmigo, porque no solamente quiero que me vean. Quiero, al mismo tiempo, pasar diferentes imágenes y esquemas de un PowerPoint.  ¿No es maravilloso poder impartir una lección en vivo y en casi-directo a un grupo de mexicanos sin moverte de tu casa? No puedo sino gritar entusiasmado un "¡Viva la buena tecnología!"

domingo, 26 de enero de 2020

Cánovas, la otra faceta

Paseaba Cánovas del brazo de la embajadora alemana en un baile que se celebraba en la Embajada. Varias señoras se acercaban a él e insistían en las pretensiones que le tenían formuladas.

- Mucho le deben molestar las señoras con tanta petición -le dijo la embajadora.
Cánovas contestó: 
- Señora, a mí no me molestan las mujeres por lo que me piden, sino por lo que me niegan.

A su mujer, de la que según todos los testimonios, estaba profundamente enamorado, Cánovas le decía:
- Te adoro, Joaquina, y te seré siempre fiel. Con una condición y con un límite. Yo no haré el amor a nadie, pero si se acerca a mí una mujer, no la rechazo. Fíjate que sólo un hombre, el casto José, despreció a una mujer y lleva veinte siglos haciendo el ridículo".

M. Fernández Núñez, Anecdotario político, 1931.

viernes, 24 de enero de 2020

La última innovación humana

La última innovación humana podría ser la máquina de producir innovaciones.

La memoria

La memoria tiene hoy mala fama entre los neopedagogos. Es absurdo, ya que no hay nadie que quisiera tener menos memoria que la que tiene, pero así es. La perplejidad que esto produce no habla mal de la memoria, sino de sus absurdos denigradores, que entienden, en contra de toda la tradición y de todo cuando la ciencia nos muestra con rigor, que la memoria es algo así como un archivo empolvado de datos acumulados para el olvido.

La mejor definición de la memoria que conozco es la de Covarrubias, que en 1611 afirma que consiste en percibir ahora las cosas que se quedan con nosotros. 

Efectivamente, la esencia de la memoria no radica en el residuo que las cosas nos dejan al pasar, sino en la capacidad de revivir todo eso que, al pasar, se ha quedado con nosotros. En este sentido, la memoria amplifica nuestras posibilidades de experiencias vitales.

Por otra parte, cuando hablamos del olvido hay que hacerlo con cuidado, porque nunca sabemos ni si eso que creemos olvidado emergerá mañana, súbitamente, a la superficie de la conciencia como un corcho hundido salta a la superficie del agua, ni lo que pudimos aprender gracias a aquello que hoy parece olvidado.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...