martes, 25 de septiembre de 2007

Una historia de la libertad

La lista de los amigos de Leo Strauss ocuparía varias páginas. De sus años juveniles en Alemania incluiría los nombres de Nehama Liebowitz, Nahum Glatzer, Shlomo Pines, Hannah Arendt, Walter Benjamín, Gersom Scholem, Alexander Koyré, Alexander Kojève, Jacob Klein, Karl Löwith, Hans Jonas, Franz Rosenzweig, Hans G. Gadamer, Raimon Aron... Todas estas relaciones resistieron el paso de los años, excepto en los casos de Rosenzweig, muerto prematuramente, y de Arendt, a quien Strauss parece que se declaró recibiendo unas dolorosas calabazas.

En París tuvo tratos (aunque no estoy seguro que se pueda hablar aquí de amistad) con Pierre Klossowski, Georges Bataille y Roger Callois.

Esta lista se amplía, evidentemente con su paso por Gran bretaña y, especialmente, tras su asentamiento en los Estados Unidos. En ella se encuentran todos los colores del arco político, desde el conservadurismo más tradicionalista hasta el marxismo. De este último color los nombres más notables son los de C.B. Macpherson y R.H. Tawney. Sin la ayuda desinteresada de este último no hay duda de que la carrera de Leo Strauss se hubiese desarrollado de manera diferente a como lo hizo. Gracias a Tawney pudo investigar libremente sobre Hobbes en Inglaterra y conseguir una plaza docente en la Universidad de Chicago.

De alguno de estos nombres es difícil decir algo significativo respecto a sus relaciones filosóficas con Leo Strauss. Por desgracia la mayor parte de la correspondencia de Strauss está sin publicar. Pero como el que la sigue la consigue, finalmente voy logrando reconstruir, pieza a pieza, este rompecabezas. La última pieza hallada ha sido la de Shlomo Pines (1908-1990), amigo íntimo de Leo Strauss a pesar de que sus visiones de la historia del judaísmo no podían ser más opuestas. Otro día hablaré de esta cuestión. Hoy me limitaré a ofrecer un muy esquemático resumen sobre el pensamiento de Pines en relación con la idea de libertad.

Según Pines el concepto de libertad, entendido como ideal hacia el que se tiende política o religiosamente no se encuentra en la Biblia judía (me imagino que Strauss diría que ello se debe a la misma razón por la que tampoco se encuentra la idea de "physis", de naturaleza). Aparece en el judaísmo tardíamente, en la Palestina sometida a los romanos, procedente de la cultura greco-romana. Pero entre los griegos y romanos el concepto de libertad designaba el estado de un individuo o de un pueblo, es decir, se trataba de un bien del que disfrutaban los hombres libres, mientras que entre los judíos se transformó en aspiración nacional. Los judíos habrían sido el primer pueblo en crear, en una situación de dominación política, la ideología de la liberación. Con Pablo esta idea se interioriza y se expresa como liberación personal del yugo de la Torah. A través de esta vía se integró en la cultura europea pasando a dar forma a un ideal laico en cuya elaboración Spinoza jugó un papel de primer orden. En conclusión,

“la libertad como término que expresa la revuelta de los oprimidos contra los opresores, es una de las herencias del judaísmo al mundo”.

Más información:

PINES, Schlomo, La liberté de philosopher, Desclée de Brouwer, París, 1997.

El suicidio de Arthur Koestler

I

El suicido de André Gorz me trae insistentemente a la memoria el cometido hace casi 25 años por ese personaje inclasificable que fue Arthur Koestler. Conservo el relato de lo sucedido que escribió George Mikes, su compatriota y amigo íntimo ("The Story of a Friendship"). Lo compré en una librería de viejo de Praga hace ya unos años, poco después de la caída del régimen comunista. Me interesó inmediatamente, tanto por su contenido como, sobre todo, por pensar que el poseedor de ese libro lo habría mantenido oculto durante los años de la dictadura, ya que Koestler estaba absolutamente prohibido en los países comunistas, y que cuando, finalmente, podía mostrarlo a plena luz, acabó de rebajas en manos de un turista español. En el fondo aquí había una cierta -aunque un poco tortuosa- lógica, puesto que el primer testamento que escribió Arthur Koestler fue su "Diálogo con la muerte", subtitulado "Un testamento español", donde recoge su detención por las tropas franquistas en Málaga, en 1937, su condena a muerte y los durísimos y meses que pasó en la cárcel de Sevilla esperando la ejecución de su condena.

II

El 3 de marzo de 1983 la española Amelia Marino acudió a casa de los Koestler para hacer la limpieza. Vio muy pronto la nota. Estaba escrita por Cynthia Koestler y decía:

“Por favor, no vayas al piso de arriba. Telefonea a la policía y diles que vengan a casa".

Amelia llamó inmediatamente a una amiga de la familia y le leyó la nota. Fue esta amiga quien llamó a la policía. Cuando el inspector David Thomas llegó a la casa se dirigió directamente al piso superior. Los encontró sentados plácidamente en sus lugares habituales. Arthur en su sillón con la espalda hacia el balcón y un vaso vacío en la mano. Cynthia estaba en el sofá, a su izquierda. Llevaban 36 horas muertos. La causa fue una sobredosis de barbitúricos

Con su muerte Arthur Koestles fue fiel a la última causa que defendió en vida: la eutanasia voluntaria. Si a lo largo de los años sesenta había defendido incansablemente que ningún hombre tiene derecho a matar a otro hombre a sangre fría, en sus últimos años pasó a defender, prioritariamente, que cada hombre tiene derecho a matarse a sí mismo a sangre fría.

Junto a Arthur estaba la siguiente nota, redactada casi un año antes, el 3 de junio de 1982:

A quien pueda interesar.

El propósito de esta nota es dejar totalmente claro que intento suicidarme tomando una sobredosis de fármacos sin el conocimiento ni la ayuda de ninguna otra persona. Los fármacos han sido conseguidos legalmente y acumulados durante un largo perido de tiempo.

Intentar suicidarse es un juego arriesgado cuyo resultado es únicamente conocido por el jugador si el intento falla, pero no si tiene éxito. Si este intento fallase y yo sobreviviera en un estado físico o mental deficiente en el que no pudiera controlarme a mí mismo o comunicar mis deseos, solicito que se me permita morir en mi propia casa y no ser resucitado o mantenido artificialmente con vida. Solicito también que mi mujer, o el médico o cualquier otro amigo presente, haga valer el ‘habeas corpus’ contra cualquier intento de trasladarme de mi casa a un hospital.

Mis razones para decidir poner un fin a mi vida son sencillas y convincentes: La enfermedad de Parkinson y una variedad de leucemia que mata lentamente. He mantenido esta última enfermedad en secreto incluso a mis amigos íntimos para evitarles aflicciones. Después de un declive bastante rápido durante el último año, el proceso ha alcanzado actualmente un estado agudo con complicaciones añadidas que me aconsejan buscar mi autoliberación ahora, antes de que sea incapaz de preparar las cosas adecuadamente.

Quiero que mis amigos sepan que abandono su compañía con plenas facultades mentales, con alguna tímida esperanza en una vida posterior despersonalizada más allá de los límites del espacio y del tiempo y de los límites de nuestra comprensión. Este sentimiento oceánico me ha sostenido frecuentemente en momentos difíciles, y ahora también, mientras estoy escribiendo esto.

Lo que hace, a pesar de todo, difícil dar este último paso es el dolor que pueda infligir a mis pocos amigos supervivientes, especialmente a mi esposa Cynthia. A ella le debo la relativa paz y felicidad de la que he disfrutado en este último periodo de mi vida –y nunca antes.

III
Sobre André Gorz

Ceux qui le connaissaient de longue date, ceux qui ont lu sa "Lettre à D." comprendront son incapacité à vivre sans elle, son seul inexplicable philosophique:

"C’est cela: la passion amoureuse est une manière d’entrer en résonance avec l’autre, corps et âme, et avec lui ou elle seuls. Nous sommes en deçà et au-delà de la philosophie."

Leur exceptionnel amour, écrivait-il, tenait en ce qu’elle le faisait "exister", "accéder à un autre monde". C'est vers ce nouvel ailleurs que sont partis les amoureux de l'Aube.

Vía: Rue 89

Des lettres étaient adressées à des proches. Quelques jours avant son suicide, André Gorz aurait fait part à une amie de sa douleur devant l'aggravation de l'état de santé de son épouse.

Vía: Nouvelobs


Añadido del miércoles a las 8:21

Leo en Le Monde esta nota de Hervé Le Tellier: "Il était sa vie, elle était la sienne. C'est ensemble qu'André et Dorine Gorz ont choisi de la quitter. Mourir, chez les philosophes, est parfois l'ultime célébration de la vie"

lunes, 24 de septiembre de 2007

El suicidio de André Gorz

París.(EFE).- El filósofo francés André Gorz, co-fundador del prestigioso semanal "Le Nouvel Observateur" junto a Jean Daniel, se suicidó en compañía de su esposa en su domicilio de Vosnon (centro), informaron hoy sus allegados.

Según varios testimonios, los cuerpos de las dos personas fueron hallados sin vida, el uno junto al otro, mientras un cártel colocado en la puerta pedía que se avisara a la Gendarmería.

La
esposa del filósofo padecía una enfermedad evolutiva desde hace años.

Nacido en Viena en febrero de 1923 hijo de un vendedor de sellos judío y de una secretaria católica, Gorz llegó a París en 1949, tras haber estudiado en Suiza.

Pronto entró en contacto con el mundo intelectual de la capital francesa y empezó a trabajar como periodista de diversas publicaciones, donde sus primeros artículos aparecen con el pseudónimo de Michel Bosquet.

En 1961 entró en el comité de dirección de la revista "Les Temps Modernes", que había sido fundada en 1944 por Jean-Paul Sartre. En pocos años asumió la dirección política de la publicación, donde se posicionó como el líder intelectual de la tendencia "italiana" de la "nueva izquierda", inspirada en nombres como Bruno Trentin, Garavani o Vittorio Foa.

En 1964 funda junto a Daniel "Le Nouvel Observateur", al que estuvo ligado durante años, hasta que aparecieron diferencias con el resto de los dirigentes, que no admitían sus posturas radicales, cada vez más volcadas en la ecología.

Sus ensayos y trabajos en este terreno le llevaron a ser considerado como uno de los padres de la ecología política en Francia y del anticapitalismo.

Desde inicios de la década de los 90 se encontraba alejado de la primera línea periodística y vivía en un retiro junto a su esposa en la localidad en la que fueron encontrados sus cuerpos.


Esta es la noticia. Por sí misma ya hubiera merecido un sitio en El Café de Ocata. Pero hay un motivo de más peso para recogerla, un motivo que tiene que ver con la vergüenza y la justicia. Hace unos meses me hacía eco de unas declaraciones de Gorz con un tono entre escéptico y cínico que ahora, de verdad, me produce una profunda vergüenza. No tenía ningún derecho a dudar de la sinceridad de sus palabras cuando confesaba, por ejemplo, lo siguiente: “Ambos quisiéramos no sobrevivir a la muerte del otro. Nos hemos dicho con frecuencia que si tuviéramos una segunda vida, quisiéramos vivirla juntos”. He pecado de frívolo, de imprudente y de unas cuantas cosas más que me digo a mí mismo en silencio.

Comentario sobre Gorz en El Café de Ocata del 27 de octubre de 2006: Un amor chiripitiflautico. El título ya lo dice todo.

Diálogo paterno-filial

En relación con el penúltimo post, y más en concreto con las relaciones entre padres e hijos, he recordado la conversación que mantuvieron hace unos años un familiar mío, "K.", y su primogénito de 6 años, J. Os prometo que lo narrado se ajusta milimétricamente a lo acaecido:

J: Papa, ¿puedo hacerte una pregunta?

K: Sí, claro, hijo, lo que quieras.

J: Es que me da vergüenza.

K: No pasa nada, tú pregúntame lo que quieras.

J: ¿Aunque sea de follar?

K (sobresaltado, intentando mantener la compostura): Claro, claro, hijo, de lo que sea.

J: ¿Y no te vas a enfadar?

K: Te prometo que no me enfadaré.

J: Papa…

K: Dime…

J: ¿Tú follas o eres virgen?


Posteriormente el perplejo padre se enteró que los niños de la clase de su hijo estaban haciendo una encuesta entre ellos sobre esta cuestión. Ya se sabe: el despertar del espíritu científico.

3 imágenes

Os voy a regalar, porque me da la gana , tres imágenes que las olas de internet han traído hasta mi playa.


Esta primera es de Joseph Pujol, un catalán inmortal que por alguna oscura razón no conoce en la Cataluña actual el renombre a que sus sonadas hazañas lo hacen merecedor. Bien es cierto que él en el Moulin Rouge, donde actuaba, se hacía pasar por Marsellés, pero a mi no me sorprendería que fuera de Reus. Su nombre artístico era "Le Petoman" y sólo añadiré que Freud lo visitaba con frecuencia por considerarlo un caso evidente de estancamiento psicológico en la fase anal de la libido.

Vía: acc
Esta segunda no necesita comentarios.

Y aquí el gran don Luis. Os aconsejo este blog, Flickhead, dedicado a su persona y obra.

A las 17:47 añado una imagen más, y que en lugar de 3 sean las imágenes 4, también porque sí:


domingo, 23 de septiembre de 2007

Antes las cosas se hacían de otra manera

Antes las cosas se hacían de otra manera. Ahora llegas un día a casa tan feliz y te encuentras al que tu hija te presenta (si te lo presenta) como su novio sentado en tu sofá y tienes que tragarte la mala leche en silencio, aparentando que vives en el mejor de los mundos posibles. Sin embargo no hay padre que, al ver usurpado su trono y el amor de su princesa por un recién llegado, no sienta impulsos asesinos.

Antes estas cosas estaban regladas como debe ser, se iba paso a paso, con urbanidad. En mi pueblo se hacían así:

Primero el chico se le declaraba formalmente a la chica. Si esta lo aceptaba, se pasaba a la fase dos, que era la de la petición de mano. El padre del novio acudía a la casa de la novia a solicitar a los padres de ésta permiso para que se iniciase el cortejo. Pasada esta barrera, se comenzaba a cortejar. Esto significaba dos cosas: que los novios podían ir juntos durante el día, bailar en pareja arrimándose un poco más y, sobre todo, que él podía acudir por las noches a la puerta de la casa de ella. Pero sin cruzar el umbral. Estas puertas acostumbraban a ser dobles, de manera que se podía abrir la parte superior manteniendo cerrada, con cerrojo, la inferior, cosa que permitía que la chica se pusiera en la parte de adentro y el chico en la de afuera, lo cual contribuía mucho a la tranquilidad de los padres. El siguiente paso se daba cuando los padres de la novia autorizaban al novio a entrar en casa, lo cual normalmente significaba que tenía que pasarse noches y noches jugando a las cartas con toda su futura familia política. A cambio se le permitía a la novia que saliera a despedirlo a la puerta. Eso sí, la despedida debía ser breve, porque la madre de la novia contaba los segundos desde el balcón. Finalmente, se fijaba la fecha de la boda y las formalidades se relajaban un poco, pero sólo un poco.

He recordado todo esto al leer en La panxa del bou que los novios de antes tenían que desarrollar una "diversitat d’opcions no penetratives" en sus relaciones. Me he apuntado esta magnífica expresión. ¡Evidentemente! La opción penetrativa se reservaba para cuando tenía que reservarse, pues ¿para qué iba a casarse un hombre si podía ejercer la opción penetrativa cuando quisiera?

Antes, efectivamente, las cosas se hacían de otra manera.

Alguien a quien conozco muy, pero que muy bien, me confesaba que cuando el novio de su hija se presentó en su casa con el carnet de conducir recién estrenado para llevarla a no sé donde en coche, sintió que le ascendían desde el subconsciente todos los prejuicios de antaño, y se encaró con el forastero soltándole estas graves palabras: “Como mi hija vuelva a casa con un rasguño porque has tenido el más mínimo accidente, te sigo a patadas por todo el pueblo”. No os quiero ni contar como se puso su hija, la desagradecida.

Cada vez comprendo mejor a los reyes de los cuentos, que enviaban un heraldo por todo el país en busca de pretendientes cuando consideraban que su hija ya estaba en edad casadera. Sin consultar con ella, evidentemente. A todo el que se presentaba lo examinaban minuciosamente, para ver cómo andaban de las destrezas que se supone que deben lucir en un yerno como Dios manda: tiro al arco, matar dragones, sagacidad, fidelidad, etc. ¡A ver quién se atreve ahora a proponerle al novio de su hija algo semejante!

Insisto, las cosas, antes, se hacían de otra manera. Y no quiero ni pensar en las opciones penetrativas de la actualidad.

El Gran Pan ha muerto II

Pan, Arnold Böcklin, 1857

Le estoy dando vueltas al post anterior sobre la muerte de Pan. A la primera conclusión a la que he llegado es que Pan debe formar parte de la zoosofía, ocupando además un lugar preeminente. Este dios de la naturaleza aún no domesticada no ha sido ajeno a la filosofía.

Nietzsche no fue quien primero proclamó la muerte de Dios. Pascal ya había recogido el lamento de Plutarco: "Le grand Pan est mort" (Pensées, 695). Lamento que, según Steiner, es uno de los más emotivos de la literatura occidental. Y Nietzche lo tiene muy presente al escribir en “El nacimiento de la tragedia” que “con la muerte de la tragedia griega surgió un vacío enorme, que por todas partes fue sentido profundamente: de igual modo que en tiempos de Tiberio los navegantes griegos oían en una isla solitaria el estremecedor grito: «El gran Pan ha muerto»: así resonó ahora a través del mundo griego, como un doloroso gemido: «¡La tragedia ha muerto!”. En diversos lugares de su obra, especialmente en sus fragmentos inéditos y póstumos hace mención explícita de la muerte de Pan.

Kart Löwith escribe sobre la muerte de Pan algo sumamente interesante en "Heidegger, pensador de un tiempo indigente":

“La sentencia sobre la muerte de Dios ha figurado, aunque "siempre de modo tácito", en el seno de toda la historia de Occidente, metafísicamente considerada. Pero, ¿de qué manera? ¿Quizá porque en las postrimerías de la antigüedad ya se habló de la muerte del Gran Pan, o porque el Occidente cristiano ha basado su fe en un Dios crucificado? ¿Qué tiene que ver en rigor el Gran Pan con el Dios bíblico y el Cristo crucificado por querer salvar a los hombres con la muerte de Dios cometida por el "Hombre más feo"? Heidegger (...) afirma que la muerte de Dios en que pensó Hegel cuando habló, citando a Pascal (Pensées, 441), del "infinito dolor" de que Dios haya muerto, es "algo enteramente distinto" de lo que ha pensado Nietzsche; pero, "a pesar de ello", entre ambas afirmaciones y la muerte del Gran Pan existe una "conexión esencial", la que se oculta "en la esencia de toda Metafísica". La conexión que hay entre la concepción pagana (Plutarco), la cristiana (Pascal), la religioso-filosófica (Hegel) y la anticristiana (Nietzsche) sobre la muerte de Dios descansa probablemente en que, según Heidegger, toda la Historia de Occidente, desde sus comienzos antes de Cristo hasta Nietzsche, constituye una historia del olvido del Ser según la cual "no hay nada que hacer con el Ser"; el Cristianismo puede ser considerando como una consecuencia de ese nihilismo originario”.

Con respecto a Pío Baroja, desconozco cuáles fueron sus fuentes para la confección de su texto sobre la muerte de Pan, pero le encuentro una cierta familiaridad con un poema de Elizabeth Barrett Browning (1806–1861) titulado “The dead pan”. Pondré el ejemplo de una de sus estrofas:

And that dismal cry rose slowly
And sank slowly through the air,
Full of spirit’s melancholy
And eternity’s despair;
And they heard the words it said,—
“Pan is dead! great Pan is dead!
Pan, Pan is dead!”

Ilustración de Pan que tiene como referencia irónica el poema de Elizabeth Barrett Browning. A pie de la ilustración se leía este texto “¡Ja, ja! ¿Quién decía que he muerto y que el miedo pánico era una cosa de la Arcadia pasada?"

Un niño en el hogar.

El pasado día 8 participé en Vic en la inauguración del curso escolar y aprovechando el viaje, me perdí un rato en Costa Llibreter, la libre...