miércoles, 10 de febrero de 2021

Oigo voces

Se pone en contacto conmigo un militante del Socialist Workers Party (SWP), partido trotsquista nortamericano. Por cosas como esta soy decididamente partidario de las nuevas tecnologías.  Gracias a ellas hemos podido hablar durante más de una hora, por Skype, conectando Detroit y Ocata. Pero si las nuevas tecnologías hacen posible la conexión, el mantenimiento de la misma y su provecho ya no depende de ellas. Tenemos que ser capaces de entendernos y de comunicarnos cosas que nos interesen a ambos.

Resulta que Eric London -que así se llama o se hace llamar el trotsquista- está entusiasmado con mi libro sobre Caridad Mercader e incluso se ha interesado por mi amiga B. Nos hemos intercambiado abundante información.

Llevo tantos años detrás de los Mercader y su núcleo de amistades, que el hecho de encontrarme con una nueva foto -en este caso de Eduardo Ceniceros- ha sido para mí como descubrir una vieja foto de familia de cuya existencia no tenía ni idea.

 
A ustedes esta imagen no tiene por qué decirles nada, sin embargo a mí no deja de hablarme. Por eso pienso que, en cierta forma, lo que hace con nosotros eso que llamamos cultura es volvernos paranoicos: por su culpa oímos voces. Oímos las voces de todos aquellos que nos acompañan desde que al topar con ellos sentimos la intensidad de su presencia. He pasado un buen rato mirándole a la cara a este hombre. Fue el abogado de Ramón Mercader y, posiblementee, su mejor amigo. Y, ya veis, es parte de mi familia sentimental. 
 
Con Eric London seguiré hablando. Creo que hemos hecho buenas migas.

2 comentarios:

  1. Enhorabuena, hoy su mundo es un poco mas rico.

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  2. Dejarse habitar por familiares advenedizos tiene su riqueza y por lo que veo su satisfacción.

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La cortesía

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