viernes, 21 de abril de 2017

La socialización de la inteligencia

En uno de los capítulos de El huerto de Epicteto (1906) cuenta Antonio Zozaya su utopía. Se trata de un futuro en el que la inteligencia y, sobe todo, el arte y el genio, habrán sido socializados, de manera que ya no habrá escritores famosos porque todo el mundo será un gran escritor. "No habrá Homeros", dice, "ni Apeles ni Fidias". "No habrá grandes estatuas, ni lienzos, ni en los nuevos cantos geórgicos sonará rumor fresco de manantiales y crujido de ondulantes espigas; cada cual será artista de su propio vivir, y el universo entero se llamará pinacoteca". En ese mundo serán "imposibles los Sócrates".


Al superhombre le corresponderá la superhembra y "el gusto, la gracia, la majestad del coro hará imposibles las protagonistas memorables, Frinés y Aspasias, Medeas y Andrómacas".

Me ha divertido la lectura de esta idea pero, tras leerla, me he dado cuenta de que, en cierta manera, este es el sueño nunca explicitado, pero no por ello menos real, de la nueva pedagogía: socializar el arte y el genio mediante la difusión de la buena nueva de que cada uno -cada uno de los seres humanos que poblamos el mundo- tiene su propia vía hacia la excelencia y que, por o tanto, todos podemos ser excelentes. Quizás nuestras excelencias sean distintas, de acuerdo con nuestra específica inteligencia, pero ninguna será superior a la otra. Todos seremos iguales porque seremos igualmente diferentes.

6 comentarios:

  1. Debe disculparme hoy, don Gregorio, me habré levantado con el pie de abogado del diablo.

    No soy defensor de la neopedagogía. Ni he leído El huerto de Epicteto. Permítame unos comentarios al segundo y tercer párrafo de su escrito.

    Como tal, Übermensch es «superpersona». No es corrección política. Mann (varón) no es Mensch (ser humano), como sabe usted mejor que yo.

    ¿Ser persona no es que seamos excelentes de modo distinto? Creo que eso es precisamente la educación. De otro modo, con adoctrinar, con repetir sin más nos valdría a todos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pablo, debería haber escrito esos términos entre comillas, porque son los que utiliza Zozaya pensando más en Wells que en Nietzsche.
      La última pregunta tiene su miga. Yo creo que nuestras similitudes son, al menos, tan grandes como nuestras diferencias y que que si quieres ser diferente y,a demás, comprensible, necesitas dominar la cultura común, que e sola que nos permite hablar entre nosotros. Cuando no se entiende que sólo somos autónomos dentro d un contexto heterónomo, se acaba defendiendo el narcisismo de la diferencia por el mero hecho de ser diferente.

      Eliminar
    2. Don Gregorio, por supuesto que el λόγος es común.

      Que seamos excelentes de modo distinto yo lo veo con el ejemplo de la música. Si todos tenemos que dar el mismo tono, esto sería la gran monotonía. Precisamente porque damos tonos distintos, el mundo es una gran sinfonía.

      De una cultura y formación comunes, salen distintas personalidades. A unos se le dan peor los números, a otros las letras, a los de más allá los idiomas y a otros cuantos la informática. No todos tenemos que cumplir el mismo patrón final. Me extrañaría que disintiésemos en este punto.

      Recuerdo haber leído hace dos décadas que las personas nos debemos respeto mutuo porque somos diferentes en nuestras capacidades. Era un texto latino (a no ser que la memoria me engañe mucho) de alguien tan poco sospechoso de neopedagogía y competencialismo como Tomás de Aquino.

      Eliminar
  2. Don Gregorio, ¿sabe usted si -El huerto de Epicteto- es un referente del Departament d'Educiació de la Generalitat de Catalunya para redactar el nuevo decreto de evaluación para la secundaria?

    José

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Don José, me crea usted una duda que no me va a dejar dormir en todo el fin de semana.

      Eliminar
  3. Pues imagínese yo, que me gano la vida entre alumnos de la ESO...

    (espero con impaciencia su comentario del susodicho decreto)

    José

    ResponderEliminar

Miau

En la historia de la literatura infantil española hay un librito que, por las singulares circunstancias en que fue escrito, merece un c...