miércoles, 29 de abril de 2015

Conocimiento, emoción e individualismo

No es el conocimiento, sino las emociones, lo que fomenta el individualismo. La razón es común, las emociones, idióticas.

19 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Así es, porque se descubre, y no se construye.

      Eliminar
  2. Me pregunto si es posible ampliar el significado de la palabra "conocimiento" para abarcar también el que no es racional. ¿No existe un conocimiento mítico? ¿habría que usar otra palabra para este último tipo de conocimiento?

    Enrique García Vargas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Enrique, el conocimiento, para merecer su nombre, debería ser capaz de dar cuenta de sí mismo... y de la ignorancia que le va asociada. Por eso Nicolás de Cusa hablaba de la docta ignorancia y Vives del ras nesciendi. Allá donde no podemos ver, también necesitamos actuar. Y aquí se despliegan todos aquellos "saberes" que nos orientan en la vida en común.

      Eliminar
  3. ¿Esto de las emociones tiene algo que ver con lo de El Nombre de la Rosa que penalizaba la risa y mataba a los que leían aquel libro? Y por otro lado, ¿hay emoción sin conocimiento? Al revés se puede suponer que sí deduciendo de su análisis y comentarios. Gracias por sus reflexiones.

    ResponderEliminar
  4. Si si si, vaya idiotez estar triste porque se halla muerto mi madre.

    Habría que distinguir al individuo de la individualidad, y en ambas hay emociones y hay dolor, que puede ser un gran maestro. Y hay sentimiento por un inconsciente no muerto. Hay emociones razonables y sentimientos histéricos.

    Saludos

    ResponderEliminar
  5. Don Gregorio, me ha dejado pensando... No había yo pensado en los "saberes" emotivos como complemento de la razón... Luego he caído en que si de lo que se trata es de una cuestión de autoconciencia, el pecado original es la forma primigenia de conocimiento. Y es un relato. Lo mejor que la razón ha sabido oponerle a este relato es el del buen salvaje. Habrá que valorar los méritos de cada contendiente.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Recordemos a Pascal: el corazón tiene razones...
      Lo que ocurre es que las razones del corazón timen su expresión en la metáfora, la metonimia, etc. Mientras que los argumentos racionales poseen una estructura formal lógica que los legitima. Por eso la razón es común. "En el principio era el lógos", dice el evangelista. ¡Claro! Por eso las verdades de razón no se construyen, sino que se descubren (el teorema de Pitágoras) mientras que las del corazón... son las razones que construye MI corazón.

      Eliminar
  6. Sin duda. Y le agradezco el interés y la pertinencia de la aclaración que me hace, don Gregorio. Pero en cualquier caso, me parece que las verdades de la razón son también (o en mayor medida) individualizantes, ya que tienen lo analítico como base y sustento (las ideas claras y distintas), mientras que las de sentimiento pueden construir sobre lo que hay de común (la pertenencia). La diferencia fundamental, desde mi punto de vista, no estaría tanto en el carácter individualizante o idiotizante de cada una de estas vías, sino en su carácter respectivamente abstracto (razón) y concreto o personal (sentimiento). Por eso, las verdades míticas las construye mi (nuestro) corazón (que es un sitio demasiado ardiente), mientras que las de razón parecen situadas en un mundo excelso (como no necesitando ser pensadas, que diría Spinoza), un lugar cuyo principal problema es que se encuentra a una temperatura vital siempre situada en torno al cero absoluto. Y ahí, no se puede vivir.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo que planteas, Enrique, es de una enorme importancia. Sigo pensando que la verdad, para merecer el nombre de tal, no ha de ser ni tuya ni mía, sino común y que las posibilidades de acceso a la misma han de ser universales para todo ser dotado de razón. Otra cosa distinta es si estas verdades pueden sustentar la vida en común, la vida política. E incluso, si la razón por sí misma pueden embridar la irracionalidad del hombre. Para Platón estaba claro que la educación del hombre exigía el concurso de elementos racionales (la geometría) junto a otros que podemos llamar semiracionales (la música) y, por último el encantamiento del mito. Sabía que en la vida cotidiana de los hombres la fe tiene más fuerza que la razón. La prueba es que hay más personas dispuestas a matar y morir por la fe que por el teorema de Pitágoras. Por lo tanto, en la vida cotidiana o, por emplear la terminología de Husserl, en el mundo de la vida, lo más alto no es la ciencia (la ciencia es de hecho, una reducción del mundo de la vida). Maquiavelo observa por algún sitio que Quirón fue un gran educador porque era mitad humano y mitad animal.
      Que el entusiasmo mítico es real es algo evidente. Basta para comprobarlo con asistir a un partido de fútbol. Nadie es ni nihilista ni racionalista cuando anta el himno de su equipo. Pero precisamente por eso el entusiasmo es el opio del pueblo.
      Añado que el mito congrega precisamente porque es capaz de fundir lo individual con lo colectivo y aquí hay algo, ciertamente, parecido al conocimiento científico. Pero con la enorme diferencia de que el mito no dice su canción más que al con consigo va.

      Eliminar
  7. Esto último que dice es cierto para cada mito en particular o para conjunto de mitos de una misma comunidad. No me cabe duda. Pero si fuésemos capaces de considerar la unidad de los temas de la mitología por encima del tiempo y del espacio, de establecer una tipología universal de relatos, igual que consideramos la unidad de los contenidos de la razón, al menos tendríamos un instrumento para comprender la acción y el pensamiento humanos en términos algo más que racionales. Y también sería, de algún modo, un descubrimiento.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Enrique soy muy escéptico sobre la posibilidad de construir una hermenéutica general del mito. De se posible sería algo semejante a la teoría del juego, que dice lo que son los juegos pero no nos garantiza que sepamos jugar a ninguno. Los mitos que tienen valor son siempre nuestros mitos. Cuando quieras podemos hacer une experimento: una noche podemos cambiar la imagen de la Virgen de Montserrat por la de la Virgen del Rocío, a ver qué pasa. No hay duda de que teológicamente no hay diferencia entre ellas.

      Eliminar
    2. Ja,ja,ja,ja. Sería una cosa digna de ver la cara de mis paisanos de Almonte en esa circunstancia. Ya me lo estoy imaginando. Pero en el fondo lo que hay ahí detrás de una romería campestre es lo mismo o muy parecido desde la época de los festivales campesinos antiguos que recordaba Louis Gernet ¿ no?

      Eliminar
    3. Debemos diferenciar entre el rito y el mito si queremos entender bien lo que es un mito. Lo que hace nuestro a un mito es precisamente lo que le va asociado como liturgia, el rito. Los dioses, como decía Esquilo, tienen muchos nombres y una sola forma. Pero a cada dios le gusta que lo invoquemos con el nombre del que le dan sus devotos en cada lugar. Me parece que el estructuralismo no ha entendido muy bien las esenciales diferencias rituales entre la virgen de Montserrat y la de Almonte.

      Eliminar
  8. Claro, se trata en el fondo de saber hasta dónde llega lo particular (el rito) y cuánta fuerza tiene lo general, aquello que desborda lo etnográfico para ser antropológico. Debo confesar que no me desagradan algunas soluciones estructuralistas. Pero es verdad que el punto débil está precisamente donde usted señala: en que es una propeusta tan universalista, tan abstracta que acaba siendo racional en extremo y, por tanto, poco adecuada para atender al estudio de lo que pretende. ¿La alternativa es el posmodernismo? Me marean un poco esas aguas, aunque me gusta navegar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El posmodernismo no sabe que los dioses -nuestros dioses- siempre tienen sed. Tampoco sabe que mientras haya necesidad de fe, habrá necesidad de dioses y que, como decía Platón, no nos peleamos entre nosotros por aquello sobre lo que disponemos de un instrumento preciso de medición, sino por nuestros dioses. Respecto el estructuralismo, una cosa más: es incapaz de explicar la diferencia entre lo nuestro y lo bueno.

      Eliminar
  9. Descartes confió en poder forjar ese instrumento de medición también con respecto a los dioses, precisamente para acabar con las guerras de religión. Pero mire lo que le pasó: fue incapaz de salir de sí mismo sin intervención divina. A mí lo que me atrae del estructuralismo es que carece de interés por lo bueno. No sé si me equivoco. Tal vez es deformación profesional.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pero Enrique, si ignoramos que los hombre son movidos por lo que consideran bueno, perdemos de vista la especificidad d ellas cosas humanas.

      Eliminar
  10. Claro. Me refería a mirarlo todo a través del prisma (nuestro) de lo bueno y lo malo. Como historiador me han enseñado a no moralizar la Historia. Eso quería decir. Es evidente que me interesa lo que cada época y cada comunidad considera como bueno. Pero para comprenderla, no para ejercer de fiscal ni de abogado. Por eso decía lo de la deformación profesional. Supongo que el hecho de que un lobo devore a un niño es malo para la familia del niño, pero bueno para la del lobo.

    ResponderEliminar