jueves, 28 de agosto de 2014

¿Quién quiere ser un aprendiz de tendero?

Decía Kierkegaard, que ha sido uno de los pocos filósofos que sabían reírse, que en el teatro moderno el malo está siempre representado por los personajes más brillantes, mientras que el bueno, el que actúa correctamente, está representado por un aprendiz de tendero. Los espectadores actuales encuentran esto tan normal, que lo que aprenden de la obra es la confirmación de lo que ya saben: que no pueden contentarse con ser aprendices de tendero.

5 comentarios:

  1. Jo prefereixo ser bona persona i ser aprenent de botiguer.

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  2. A David Bentley Hart, Kierkegaard no le hace gracia.

    http://www.firstthings.com/article/2005/01/the-laughter-of-the-philosophers

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  3. Ya a los buenos burgueses decimonónicos les encantaban las aventuras de piratas y de todo tipo de personajes capaces de salirse de la ley, de las normas de la sociedad, de la moral, etc. Muy bonito para un rato de evasión, pero uno suele preferir que el tipo de al lado sea un civilizado cumplidor de todas las leyes.

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  4. Si los espectadores actuales aprenden en el teatro moderno lo que ya saben es que, en realidad, no aprenden nada porque ya lo saben, a no ser que no sepan que saben eso que el teatro moderno intenta enseñarles. Sucede muchas veces que no sabes que sabes algo y también que el teatro moderno de todos los tiempos pretende enseñar algo a los espectadores que todos ya saben.

    En cualquier caso, yo soy tendero y antes fui aprendiz de tendero y leo literatura moderna, o… a la inversa, leo literatura moderna y soy, al mismo tiempo, tendero. Un tendero que, como casi todos, ha de atender a su clientela escuchando y aconsejando sobre sus dilemas que los mortifican; por ejemplo, ¿cómo es posible que siendo ellos, mis clientes, tan geniales no sean todavía lo suficiente ricos? Nadie habla de maldad, sólo de billetes contantes y sonantes. Yo les respondo lo que quieren oír, que la culpa la tienen los políticos y los filósofos (mentes pensantes) que embaucan a los políticos y que ellos, pobres ciudadanos, solamente son unas víctimas. Ese argumento parece gustarles porque al final acaban comprando algo en mi tienda, lo que sea y sin fijarse demasiado, y la mayoría vuelven, pero regresan para preguntarme más dilemas, si deben o no divorciarse o si yo estoy también en venta, ya sabe, cosas de este estilo.

    Saludos.

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