miércoles, 20 de agosto de 2014

La madre del cordero

Orwell, reseñando el Mein Kampf, le da la razón a Hitler en algo elemental, tan elemental que tendemos a olvidarlo. Pero lo cierto es que Hitler creció en algo que no era el hitlerismo:

"The fact is that there is something deeply appealing about him. […] Hitler … knows that human beings don’t only want comfort, safety, short working-hours, hygiene, birth-control and, in general, common sense; they also, at least intermittently, want struggle and self-sacrifice, not to mention drums, flags and loyalty-parades. However they may be as economic theories, Fascism and Nazism are psychologically far sounder than any hedonistic conception of life."


7 comentarios:

  1. Publica un eslogan, el que sea, y saldrán acólitos como setas de entre el humus fruto de la descomposición de la materia orgánica.

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    1. Orwell llegó a la conclusión de que la única vacuna contra las sirenas totalitarias era la moral normal y corriente d ella gente corriente. Y yo cada día veo con más claridad que esa moral es la que sostiene el mundo. Y sostener el mundo es nuestro primer deber.

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    2. Seguramente es verdad, porque de otro modo no se entiende que a pesar de los múltiples cantos de sirena (no sólo las totalitarias) se mantenga el consenso que permite la convivencia.

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  2. El Joker de las recientes películas de Christopher Nolan, sostiene como primer deber destruir el mundo. ¿Lo consideraría un moralista cabal?

    Un saludo, don G.

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  3. Curiosa conclusión para un pensador de tan alto nivel, o sólo és "arran de mar"?

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  4. ¡Y que se siga considerando a Nietzsche un inspirador de ese instinto gregario que abanderaron y uniformizaron el nazismo y el fascismo! El gregarismo, Gregorio, es instinto puro y duro, contra el que la cultura lucha acaso con desventaja, pero ha de reconocerse que lo mejor de la humanidad no lo ha producido ese instinto. No diría lo mismo del de la sumisión, del servilismo a lo religioso -que no a lo eclesiástico, esa superchería política de los clerygman-, porque, al menos en la literatura, hay obras que quizás dependan enteramente de esa humildad.

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    1. Qué sería de la literatura occidental sin 20 siglos de análisis de la mala conciencia? Respecto al gregarismo: el entusiasmo es el opio del pueblo.

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