domingo, 23 de octubre de 2022
sábado, 15 de octubre de 2022
Hoy, en La Vanguardia:
Entrevista que me hizo Albert Lladó para el Cultura/s de La Vanguardia:
viernes, 14 de octubre de 2022
Haciendo las Américas
Sutilmente, nuestra amiga parisina, B.M., me pide una pequeña narración del viaje que hemos hecho estos días pasados mi mujer y yo por Colombia y Ecuador. No es una empresa fácil porque son muchas las personas memorables que hemos conocido, muy ricas e intensas las experiencias vividas y muy clamorosas las añoranzas. Estamos ya en casa, pero casi nos vamos arrastrando por el suelo como las iguanas de Ecuador. No podemos levantar cabeza por el peso del sueño y de la sucesión de los flashes de lo vivido. Espero que sirvan estas pinceladas.
Por supuesto, hemos caminado. Mucho. Nada más aterrizar en Bogotá, el 1 de octubre, subimos y bajamos (andando, por supuesto), la empinadísima y retorcida cuesta del cerro tutelar de Monserrate (3152 metros de altura, 512 sobre la ciudad). Yo ya sabía que para los colombianos esta es una inmejorable carta de presentación.
A lo largo del viaje hemos cometido una y otra vez errores de principiante, aunque sin consecuencias lamentables. Por ejemplo, el primer hotel lo elegimos en el centro de Bogotá, cerca de la catedral, olvidando que las zonas céntricas de estas ciudades no suelen ser ni las más limpias ni las más acogedoras, aunque sean las más populares y concurridas. Nos volvió a pasar algo parecido en Medellín cuando al disponer de un rato libre decidimos acercarnos a la catedral metropolitana y nos encontramos con el tristísimo espectáculo humano de la Plaza Bolívar, a cuya fuente van a limpiarse las legañas los vagabundos que aún conservan un poco de pundonor, que son la aristocracia de este sumidero de la dignidad humana.
No pretendo asustar a nadie. La verdad sea dicha, con un poco de precaución se puede caminar por la mayor parte de la ciudad, cosa que a nosotros nos exigía una continua resistencia a la tentación inercial de convertir la pobreza en motivo turístico. La pobreza es aquí escandalosa porque se pasa sin transición de la riqueza a la miseria, sin que la existencia de una clase media bien articulada permita una cierta convivencia en los espacios intermedios. De ahí que entre un hotel de cuatro estrella y otro de tres, haya un abismo
El martes, día 4, tuve el inmenso honor de participar, en Cúcuta, en el "Tercer Foro Internacional de Filosofía en la Escuela", que tiene lugar en el Colegio Julio Pérez Ferrero, de esta ciudad fronteriza, bajo la inteligente e incansable dirección del entrañable amigo Jorge Enrique Ramírez, filósofo y maestro de este centro.
Cúcuta es, posiblemente, la zona más devastada por los enfrentamientos civiles en Colombia: guerrilla, paramilitares, militares, narcotraficantes (primero, colombianos y ahora mexicanos)... De ahí la emoción que me embargaba al dirigirme a adolescentes que estaban, todos, marcados, por los desastres de la guerra. ¡Pero qué ganas tenían de hablar y con qué destreza lo hicieron! ¡Qué preguntas más hondas! ¡Cómo se agruparon en torno a mí para seguir hablando de todo, hasta del estoicismo. No olvidaré en mi vida ni este encuentro ni la inagotable generosidad de Jorge, que al día siguiente nos llevó a Pamplona, ciudad cercana a Cúcuta. Y. aprovecho para decir que esta última ciudad está bañada por el río Pamplonita. De Pamplona nos acercamos al puente internacional Simón Bolívar. Había en el aire una tensión difícil de definir. Mucha policía visible y mucha más intuible. A lo lardo de los días precedentes se habían ido formando grupos de emigrantes venezolanos dispuestos a ir caminando hasta la frontera de Estados Unidos -su última frontera-, siguiendo el éxodo épico de la pobreza expuesta a todo tipo de abusos.
De Medellín, a donde llegamos el día 5, me cautivó la frondosidad floral de su vegetación tropical. No tuve mucho tiempo para disfrutar de los espacios que se supone que todo turista debe visitar, porque el objeto de la visita era un congreso en el que tuve la fortuna de conocer a dos personas cuyos nombres ya ocupan un lugar de honor en mi agenda: Jorge Eslava (del Instituto Colombiano de Neurociencia) y al tan sabio como divertido Francisco Cajigao. Creo que también aquí pude hacer realidad mi lema: "Cuando vayas al mercado, no te olvides de volver con un amigo".
El lunes 10, aterrizamos en Guayaquil, y allí nos esperaban David Pacheco y su mujer, Jhaky Vega, que, después de cebarnos con una comida realmente exquisita, se empeñaron en llevarnos al Parque Nacional de El Cajas, por encima de los 4.000 metros. En esta ciudad hemos sido tratados de manera formalmente excelente y cordialmente cariñosa, si bien, al menos en mi caso, el cansancio acumulado se iba convirtiendo en una rémora que iba pesando cada vez más. De hecho, creo que lo que me ha proporcionado de manera incontestable este viaje es la evidencia de que ya no tengo veinte años.
Y ya estamos de vuelta, en casa, donde con tanto cariño me ha recibido mi sofá.
sábado, 1 de octubre de 2022
Emociones
En estos tiempos, cualquier desacomplejado con un cursillo de escasas horas se te presenta como especialista en neuroeducación, mindfulness, psicodiagnóstico, inteligencias múltiples, educación consciente, disciplina positiva, pedagogía de la luz... o educación emocional. Conozco a varios de estos últimos que bien podrían comenzar a educar sus propias emociones, para dar ejemplo. En cualquier caso, frente a la mermelada emocional dominante, suelo plantearles este dilema:
Las emociones o atienden o no atienden a razones. Si no atienden, no hay educación emocional; si atienden, eduquemos la razón.
En mis tiempos en los CV de un profesor lo que se resaltaba era algo tan propio de su oficio como "especialista en matemáticas" o "educación física".
jueves, 29 de septiembre de 2022
Deflactar
Me he levantado esta mañana con la pierna izquierda ligeramente deflactada.
El verbo deflactar se ha puesto de moda. Deriva del inglés "to deflate" que, originariamente, significada desinflar, y que procede del latín "deflatus", soplar.
viernes, 23 de septiembre de 2022
Valera y Menéndez
“Siento que no estemos en el mismo partido político; pero ¿qué remedio? Y lo más tristemente chistoso es que estamos en opuestos partidos, no por ser opuestas nuestras opiniones e ideas, pues yo tengo la evidencia de que pensamos lo mismo en todo, sino por esto que llaman disciplina de los partidos, que nos tienen como alistados en una tropa o pandilla y regimentados a usted, bajo la bandera y mando de Cánovas, y a mí, bajo la bandera y mando de Sagasta, lo cual por mucho que estimemos a los tales caudillos, es incómodo y algo vejatorio”.
- Carta de Juan Valera, siendo embajador de España en Viena, a Marcelino Menéndez Pelayo. 17 de abril de 1893.
Le voy cogiendo cada vez más cariño a Valera a medida que voy conociendo sus debilidades, que son muchas, pero ninguna tan grande como sus virtudes.
martes, 20 de septiembre de 2022
Saludos de nuevo
Llevo varios días sin aparecer por aquí. Y no es por falta de cosas que contar, sino de tiempo para escribirlas.
El jueves pasado, día 15, conocí, al fin, personalmente, al maestro Benet Casablanca, posiblemente el compositor catalán más relevante en estos momentos y un gran, gran humanista. Hablar con él es un lujo y hacer planes conjuntos para el futuro, una aventura profesional que -ya lo verán- saldrá bien.
Antes de nuestro encuentro en El Auditori, disfruté de una comida pantagruélica y una muy larga sobremesa con cuatro amigos en el 9Nine: Callos con garbanzos de primero y una monumental paella de segundo.
Y antes estuve en la presentación de la editorial Rosamerón en un bar de l'Eixample.
Cuando puedo, voy recopilando documentos sobre Juan Rana, el conde-duque de Olivares y sor María de Jesús de Ágreda. Si cuaja lo que tengo entre manos, ya les contaré. Pero voy muy despacio.
Tengo en mis manos un ejemplar de Mi vida con Marx, de Alain Minc, publicado por Herder. Algo tengo que ver con su publicación y, además, he escrito el prólogo. Satisfecho, sin duda... aunque no me acaba de gustar la portada.
Ayer, lunes, presentación de El eje del mundo en la librería Alibri. Bien rodeado de personas a las que aprecio mucho y de algún desconocido que ha dejado de serlo. Hasta un navarro se coló por allí. Muy emocionantes las palabras de Dani Izquierdo, que hizo un esfuerzo titánico por estar allí. ¡Qué gran tipo! El sabio Andreu Jaume estuvo generoso y amable, incluso cordial. Lo primero que me dijo fue "¡Has citado la Biblia del Oso!" ¡Claro que la he citado! Él, Andreu, ha sido su reciente editor y ha escrito, además, un prólogo luminoso.
He terminado y enviado las respuestas a unas preguntas sobre el Siglo de Oro que aparecerán en el Culturas de La Vanguardia y un artículo para Catalunya Cristiana en el que he cometido la impertinencia de defender la virtud de la obediencia. El artículo que apareció en ACEPRENSA ha tenido un eco considerable. Colaboraré en estos dos últimos medios con una periodicidad bimestral.
Todo está bien y todo es pasajero. Lo único realmente perdurable desde un punto de vista estrictamente biográfico no es el producto, sino la actividad. Y lo más gozoso, el reencuentro con la a mistad.
Euclides y las competencias
La gran paradoja de PISA es que, a pesar de ser una prueba diseñada para medir competencias, los mejores resultados los obtienen los países ...

