sábado, 22 de septiembre de 2007

El Gran Pan ha muerto

Cuenta Plutarco en su discurso sobre la desaparición de los oráculos de su tiempo, que en el reinado de Tiberio, encontrándose un navío, de noche, cerca de Paxis, una de las pequeñas islas Echinades, del golfo de Patrás, no muy lejos de la desembocadura del río sagrado Aquelous, río toro y fecundo, en un momento de calma, cuando los tripulantes y los viajeros del barco estaban dormidos, el capitán Thamus oyó una voz sonora, llegada de tierra, que pronunciaba su nombre varias veces.

Thamus no contestó a las primeras llamadas, pero al último preguntó:

- ¿Qué se me quiere?

- Anuncia en Palodes –contestó la voz- esta noticia: “El Gran Pan ha muerto”

(…)

[Al llegar a su destino] el capitán Thamus avanzo en la proa de su barco, y dirigiéndose a la costa incierta, envuelta en sombras, gritó con voz tonante:

- ¡El Gran Pan ha muerto!

No había acabado de decirlo cuando se estremeció la tierra y el mar y se oyeron de todas partes gritos, voces extrañas, lamentos y gemidos.

El capitán Thamus repitió:

- ¡El Gran Pan ha muerto!

Y volvieron los lamentos y las quejas.

¿Quién era ese Gran Pan cuya muerte se anunciaba? ¿Era sólo el dios de los pastores y de los rebaños? ¿Era Osiris? (…) ¿Era el Dios del Universo, el Gran Todo, el Éter Puro, la Sustancia única de los estoicos y de los órficos, o solamente un silvano, un demonio intermedio entre los hombres y entre los dioses?

Nadie lo sabía; pero el mundo tembló cuando la voz tonante del capitán anunció de nuevo la noticia:

- ¡El Gran Pan ha muerto!

¡El Gran Pan ha muerto! Sí; se acabó la alegría de la vida antigua, fuerte e inconsciente; se acabó la confianza en la naturaleza y en los instintos; se acabó la creencia en los mitos vitales; se acabó el correr coronado de hiedra por los bosques.

¡El Gran Pan ha muerto!

Los hijos de Sem han vencido para siempre a los hombres de las demás razas; el desierto, a la selva y al bosque; el arenal, a la fuente pura; el practicismo estrecho, al fervor ideal; la unidad, a la variedad; la esclavitud, a la libertad; el rencor, al ánimo sereno y ecuánime; el monoteísmo áspero y universalista, a los cultos sonrientes y locales.

¡El Gran Pan ha muerto!

Ya los frutos nos parecerán frutos secos y exprimidos, ya la conciencia nos paralizará la voluntad, ya no nos inspiraran confianza nuestras inclinaciones, dudaremos de lo consciente y de lo inconsciente. Sospecharemos si estamos engañados en todo: si la naturaleza nos será siempre hostil, si por nuestros sentidos no nos llegarán más que apariencias, si todo no será apariencia en el mundo de los fenómenos, desde nuestro cuerpo hasta nuestra alma, y tendremos como única verdad los dogmas esquemáticos, secos y autoritarios.

¡El Gran Pan ha muerto!

En vez de la alegría nos quedará el resentimiento; en vez del ímpetu vital, la teocracia y la ley; en vez de la realidad, la entelequia; en vez d ela satisfacción, el desprecio; en vez de los frutos de la vida, el dinero. Miraremos con desdén nuestro cuerpo, miraremos con desdén nuestras pasiones. Comprobaremos el vacío de la naturaleza y pasearemos con tristeza y con horror nuestra mirada por toda la oquedad del mundo, entristecido por los hierofantes alucinados de las tierras del Sur…

¡El Gran Pan ha muerto!

Capitán Thamus: tú no sabías todo lo terrible, todo lo importante de tu grito, cuando desde la proa de tu barco anunciaste al mundo, en Palodes, con voz tonante:

¡El Gran Pan ha muerto!.

Pío Baroja, El laberinto de las Sirenas.

El texto de Plutarco al que hace referencia Baroja se halla en "¿Por qué guardan silencio los oráculos", XVII.

Esto se está caldeando

1) En la portada (ni más ni menos) de El País de hoy se lee esta extraña noticia: “Fuego amigo” desde el entorno presidencial. Un grupo de amigos de Zapatero, al frente de La Sexta y Mediapro, encona el conflicto del fútbol”. El titular remite a la página 44.

2) En la página 44 nos encontramos con un sorprendente reportaje sin firma, o mejor dicho, firmado por “El País, Madrid” en el que se cruzan las insinuaciones más variopintas, entre ellas se subraya que “la advertencia lanzada por Felipe González sobre los riesgos de ‘daños colaterales’ causa revuelo en el PSOE.”

3) Acudo inmediatamente a ver cómo reacciona Escolar, el director del próximo diario del entorno La Sexta-Mediapro, “Público”, que asegura que nace con la intención de defender “el espacio público, el interés público, el dominio público, la cosa pública, el gasto público y el foro público”. Escolar, sin apenas decir nada, no defrauda.

4) Continuará. Sin duda.

viernes, 21 de septiembre de 2007

El abrazo (filosófico) del oso

Basándose en una traducción francesa de una versión árabe del Panchatantra, La Fontaine compuso la fábula del oso y del jardinero (Libro VIII, Fábula X).

Tras muchos años de vida solitaria en lo más profundo del bosque, un oso salvaje comenzó a sentirse melancólico. Echaba en falta el calor de una compañía. Pero como daba miedo a todos los animales, le era imposible tener trato con ninguno. El mismo deseo era experimentado al mismo tiempo por un jardinero que vivía solitario entre sus domesticadas flores. Quiso la casualidad que cuando ambos salieron de sus reductos en busca de una amistad, se encontraran en una vuelta de un camino y pronto hicieran buenas migas acompañándose y cuidándose mutuamente. Un día mientras el jardinero dormía a la sombra de un árbol, una mosca se le posó en la cara. El oso, con las mejores intenciones, quiso matarla para que no molestara a su buen amigo y lo dejara dormir en paz. Así que cogió una enorme piedra y la lanzó con toda su fuerza contra la mosca. Evidentemente el oso, que sabía de puntería mucho más que de razonar, le rompió la cabeza al pobre jardinero.

Los dos últimos versos de la fábula dicen

Nada hay más peligroso que un amigo ignorante;
Es preferible un enemigo sabio.

Todo esto viene a cuento de la última obra del filósofo analítico francés (¡que sí, que también en Francia hay filósofos analíticos!) Vincent Descombes, titulada “Le Raisonnement de l’ours”. Basándose en la fábula de La Fontaine, Descombes reivindica una ética prudencial, que tenga en cuenta la peculiaridad de las cosas humanas, en la línea abierta por la racionalidad práctica de Aristóteles. El oso es un razonador práctico deficiente porque todo lo subordina a un único fin, sin percatarse de que en una conducta verdaderamente inteligente siempre hay una pluralidad de fines a conjugar.

Las intenciones de Descombes no pueden ser más loables, pero está descubriendo el Mediterráneo. Lo que en Alemania se conoce con el nombre de “Rehabilitierung der praktischen Philosophie” tiene detrás una historia de más de medio siglo y entre sus teóricos hay que incluir nombres tan ilustres como los de H. Arendt, H.G. Gadamer (y en cierta forma incluso a Leo Strauss) o, más recientemente, A. McIntyre. Y, seamos honestos, la cosa, por muy sugestiva que pueda parecer teórica y académicamente, no acaba de funcionar socialmente.

Nicolas Weill ve la diana cuando al comentar el libro de Descombes (Le Monde, viernes 21 de septiembre) señala que el hombre moderno se encuentra inmerso en una formidable paradoja:

“Si se considera la modernidad como un proceso ilimitado de racionalización, el campo de aquello que se puede justificar moralmente disminuye. Desde que, con la pérdida de la Revelación, es la filosofía la que funda la moral, no nos quedaría, a nosotros, los modernos, más que elegir entre el nihilismo y el decisionismo.”

Sin embargo Weill sugiere la posibilidad de superar esta paradoja con las herramientas de Descombes. ¿Alguien cree que, de verdad, la rehabilitación de la filosofía práctica aristotélica es capaz de dotar a la ética de un fundamento tan firme como el que le proporcionaba la Revelación?

Teresa S. en Amsterdam

"Morphine", de Santiago Rusiñol.

Felicidades a Teresa Sala por el éxito de la exposición “Barcelona 1900” (¿y van...?) que se acaba de inaugurar en el Museo Van Gogh de Ámsterdam. Si alguien podía comisariarla era ella, porque es de las pocas personas capaces de integrar coherentemente en una misma idea a artistas consagrados internacionalmente, como Pablo Picasso o Antoni Gaudí, y otros menos conocidos, aunque de indudable maestría, como Santiago Rusiñol (Teresa es posiblemente la mayor especialista en su obra), Ramon Casas, Josep Puig i Cadafalch, Isidre Nonell y Lluís Domènech i Montaner. Y, evidentemente, Teresa, comisaria con los ojos de un retrato de Al Fayum, gracias también por la invitación.

La araña: filosofía y perspectiva

Me parece a mi que la araña no ha tenido la atención filosófica que se merece, sobre todo si tenemos en cuenta que en la mitología griega la vanidosa Aracne retó a Atenea, la diosa de la razón, nacida de la mismísima cabeza de Zeus, a ver cuál de las dos era mejor tejedora. Este mito, como la mayoría de los mitos griegos, presenta varias variantes. En una de ellas, Atenea transforma a Aracne en araña para castigar su desmedida vanidad, pero en otra el castigo tiene motivaciones muy poco nobles: Aracne habría demostrado ser más diestra que la diosa y ésta, despechada, destrozó su obra y la condenó, metamorfoseada en araña, a tejer por el resto de los tiempos.

Algo vería Spinoza en el comportamiento de las arañas cuando sentía tanta atracción por ellas. ¿Quizás el símbolo del poder de la divina naturaleza? No lo sé, pero lo cierto es que Colerus, su biógrafo refiere que las buscaba para hacerlas luchar entre sí y enganchaba moscas en las telarañas para disfrutar con el festín arácnido. Disfrutaba con estas cosas y lo hacía de manera estentórea, a carcajada limpia.

Gilles Deleuze comenta varias veces a lo largo de su obra esta conducta, poniéndola en relación con lo que escribió Spinoza en la tercera parte de la Ética a propósito de los afectos de los animales y su diferencia con los humanos: De la misma manera que los peces no esperan ningún premio por nadar bien, los humanos deberíamos realizar nuestra esencia humana y vivir de acuerdo con ella, sin depositar nuestras esperanzas en premios futuros.

“Los animales –comenta Deleuze en "Spinoza. Filosofía práctica"- nos enseñan al menos el carácter irreductiblemente exterior de la muerte. No la llevan en sí mismos, aunque se la den necesariamente los unos a los otros; se trata de la muerte como "mal encuentro inevitable en el orden de las existencias naturales. Pero ellos no han inventado todavía esa muerte interior, este sado-masoquismo del esclavo-tirano”.

(Os lo confieso, así entre paréntesis: Nunca he tragado a Deleuze. Sus ideas se me amontonan formando un nudo que soy incapaz de digerir. Las mastico y las mastico y no hay manera de tragarlas: como si en lugar de carne fuera todo tendón.)

En un plano muy distinto, Francis Bacon, compara la labor de la araña con la de la hormiga y la abeja en su Novum organum para ejemplificar la superioridad del método filosófico que él propugna:

"Quienes se han ocupado hasta ahora de las ciencias han sido empiristas o racionalistas. Los empiristas, a la manera de las hormigas, se conforman con reunir y utilizar lo reunido; los racionalistas, a la manera de las arañas, tejen las telas a partir de su propia substancia; pero el método de la abeja es el mejor: recoge su materia de las flores de los jardines y los campos, pero la transforma y la digiere por una facultad que les es propia".

En Sobre verdad y mentira en sentido extramoral Nietzsche parece tener presente el anterior texto de Bacon:

"Habría que admirar aquí al hombre como un poderoso genio de la arquitectura, que ha tenido éxito en erigir, sobre fundamentos movedizos y, en cierto modo, sobre el agua fluyente, un domo conceptual infinitamente complicado; ciertamente, para hallar apoyo sobre tales fundamentos, la construcción debe ser como una tela de araña, tan delicada y flexible para no ser arrastrada por la ola, tan firme para no ser llevada por el hálito de cualquier viento. Como genio de la arquitectura, elévase el hombre bastante por sobre la abeja: ésta construye con cera, que recolecta en la naturaleza, aquél con la materia mucho más frágil de los conceptos, que antes debe fabricar y extraer de sí mismo. Se le ha de admirar mucho por esto, pero no por su instinto de verdad, de conocimiento puro de las cosas".

En diferentes lugares de su obra Nietzsche remarca que “estamos en nuestra tela de araña, y sea lo que sea lo que cacemos, no podrá ser nunca más que aquello que se deje enredar en la tela”. De aquí extraerá Ortega la intuición que pondrá en marcha su perspectivismo.

Añadido a las 10:43: ¿Cómo se me ha olvidado antes? En “El ocaso de los ídolos” Nietzsche trata a Kant de "Araña Trepadora Oportunista". En esta misma obra se lamenta de que la humanidad haya tomado en serio “las dolencias cerebrales de unos enfermos tejedores de telarañas”. Y con esta lindeza se refiere a todos los metafísicos.


N.B. Y hablando de perspectivismo y de Ortega: ¿No os parece sospechosa la actitud de El País y el conjunto de los medios de Prisa contra el gobierno? ¿Hay en el aire un tufillo raro o sólo se trata de una maniobra propagandística de Escolar?.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Imposible olvidarnos de Sarkozy

Sarkozy sigue revolucionado y no parece que sus electores deserten de su campo. De hecho los que tienen problemas para mantener prietas las filas son los socialistas. Ahora que ha salido con su propuesta de un nuevo pacto social, los comunistas (PCF) y los trotskistas (LCR: no olvidemos que Francia es el único país del mundo con un trotskismo socialmente activo) proponen movilizaciones y enarbolan de nuevo el “No pasarán”. ¿Y los socialistas? Los socialistas no saben no contestan. Es cierto que algunos están dispuestos a tocar los tambores de guerra, pero otros sostienen que “no corresponde a los partidos sustituir a los partenaires sociales”. ¿Qué quiere decir esto? A mi parecer los socialistas serían felices si los sindicatos aceptasen las reformas propuestas por Sarko y ellos pudieran apoyar este acuerdo posteriormente en el parlamento. ¿Pero que pasa si los sindicatos se lanzan a la calle y se niegan a pactar? Pues entonces, ha sostenido François Hollande, el PSF corre el riesgo de aparecer como un partido conservador, así, con estas letras (ver Le Monde de hoy). Pero esto significa afirmar que, al menos desde el punto de vista del Secretario General del PSF, oponerse a las reformas de Sarkozy es conservador: “Le PS doit avoir une vision modernisatrice: ne pas apparaître comme conservateur mais réformateur.”

Pues en estas estamos. Voy a desempolvar esta misma tarde la dialéctica de Hegel.

Postales filosóficas: La tentación metafisica

A Lluís Alegret i Biosca, in memoriam


Vía: 2photo

Un niño en el hogar.

El pasado día 8 participé en Vic en la inauguración del curso escolar y aprovechando el viaje, me perdí un rato en Costa Llibreter, la libre...