jueves, 17 de febrero de 2022

De Gramsci a Felisberto

Creo que era Gramsci el que hablaba del partido político como de un intelectual colectivo. Lo leí a finales de los 70. Al poco tiempo, PSUC y el PCE se suicidaron, coincidiendo con el suicidio de UCD. Estos casos de idiotas colectivos nos dicen mucho sobre la racionalidad política.

El lunes pasado en el Colegio de Doctores me hicieron una pregunta que presuponía que el poder es omnipotente, inteligente y maquiavélico. Contesté que es consolador pensar que el poder es inteligente, aunque sea perverso. Mejor pensar eso que aceptar que la inteligencia política es siempre escasa y que, como le dije a Santi Vila el martes, la virtud de un político la decide su fortuna (la frase es de Maquiavelo).

Hoy he tenido una larga charla con un grupo de pedagogos de Uruguay. Alguno de ellos tenía varios libros míos. Siempre siento una especial responsabilidad ante estas situaciones. ¿Y si estoy equivocado? En cualquier caso, intento animar a la gente a ir, como pedía Sócrates, por donde la razón los lleve. El encuentro ha sido muy cordial y me ha permitido reivindicar al gran Felisberto Hernández. Les he dicho, entre otras muchas cosas que el beato pedagógico es la plaga del sistema educativo. Es beato el que quiere tanto a un alumno que no lo pone a prueba para evitarse la posibilidad de sentirse defraudarlo.

Atareado

Me escriben ustedes sobre mi ausencia en este café y me dejan con una sombra de mala conciencia. Pero, créanme, no llego.  Poner en marcha una editorial ha sido una empresa muy ilusionante, aunque no les negaré que ha habido momentos en que la burocracia oficial nos lo ha puesto difícil. Ahí andamos tres socios, románticos, sin duda, pero que creemos dominar el sutil arte de la suma empresarial. Para serles sinceros, mis socios trabajan y yo voy de diletante. Ellos me aceptan así y yo los admiro a ellos. Poner a andar todo esto, comenzando con recursos humildes y ambiciones grandes tiene, obviamente, sus riesgos, pero ahí está la gracia del asunto. Es una actividad deportiva. A mí me gustaría que, cuando pasado un tiempo, ya llevemos, ¡qué sé yo!, cien libros editados, en el 101 y en el 102 pongamos la misma ilusión que hemos puesto en el primero y el segundo. Es decir, que conservemos intacto el interés -un poco fetichista, si quieren- por el libro, el respeto por los autores y la decisión de acabar cada libro con esmero. Es muy hermoso senrtirte co-creador de algo, ver como va dando sus primeros pasos y levantar la cabeza para otear el futuro. Espero no aburriros comunicándos los libros que vayamos publicando.
 
 

El lunes y el martes he andado de presentaciones. El lunes presentamos en el Colegio de Doctores y Licenciados el número 200 de la revista Valors. Una inmensa alegría encontrarme con viejos amigos a los que no veía desde antes de la pandemia. Creo que nos lo pasamos bien. Debatí con Begoña Román sobre cuestiones del presente moderados por Jordi Sacristán y después me fui con el gran Miquel Seguró Mendlewicz a cenar. ¡Qué bien se está con la gente que quieres! Discutimos sobre la filosofía política de Suárez y nos quedamos tan a gusto.

Ayer Sergio Vila-San Juan, al que tanto admiro, me invitó a comer al Círculo Ecuestre, hablamos de la correspondencia entre Felipe IV y sor María de Ágreda y de mil cosas más. A las 19:00 tocaba presentación del último libro de Santi Vila.


Hace unos años estaba yo sentado a una mesa en la ceremonia de entrega de los premios Planeta y a mi izquierda había una silla libre. Poco después de comenzar a cenar apareció, presuroso, Santi Vila. Al hombre se le veía muy tocado. Solo lo había visto una vez, cuando los dos presentamos un libro de nuestro común amigo Jordi Amat. No sabía muy bien de qué podíamos hablar, así que tanteé el recurrso de un libro de Pla, su Cambó, que me parece un libro profético. Aquello tuvo un efecto balsámico. Él no se lo había leído, yo le recomendé encarecidamente su lectura, él se lo leyó, le sentó como una medicina salutífera y, a consecuencia de aquello vino la invitación para esta presentación. Había mucha gente importante, desde Mas a Collboni pero yo me enamoré de la madre de Santi Vila por razones que no hace falta decir aquí. Me sorprendió muy gratamente la libertad de palabra de Vila y llegué a la conclusión que hay político para rato.


La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...