domingo, 5 de noviembre de 2017

Todas eran Laurette


"L'or ou L'eaurette", escribe otras veces y...


... L'elixir: eau de ma vie. L'eau ou L'or ou L'aure...


... ce dernier signe d'une exaltation...


... qui naturellement
qui naturelllelelmen ...


... dépasse le raisonnable...


... Notre Dame de Lorette...


... vous êtes ma vie, L'eaurette".

Pero Laurette se fue. Al otro lado del Atlántico, en México, la esperaba Victor Serge. Sin embargo a lo largo de la travesía Laurette intentaba mantener vivo el nexo que los unía: "Si cada vez que he tenido ganas de escribirte lo hubiera hecho, con el papel de mis cartas tendrías fuego para todo el invierno".

Él era Victor Brauner. Al quedarse solo en la Marsella de 1941, escribió páginas y páginas sobre "el vampiro pasivo".

Manuscrits-cahiers et carnets de Victor Brauner

Vinyes verdes vora el mar


viernes, 3 de noviembre de 2017

La paradójica conciencia de clase

“En quince líneas geniales de ¿Qué hacer?, Lenin mostró que la conciencia no nace necesariamente de las condiciones materiales-sociales; más exactamente, que la condición del asalariado no facilita más que una toma de conciencia limitada que el mismo Lenin definía como mentalidad trade-unionista. En la forma revolucionaria, la conciencia de clase fue importada al seno del proletariado por grandes intelectuales llegados de las clases dirigentes.”

Victor Serge, carta a Herbert Lenhoff, 1 de abril de 1946.

Es decir, que la auténtica conciencia de clase no es la que tienes de forma natural como miembro de tu clase, sino la que te dicen que has de tener los que no son de tu clase.

En la misma carta, Serge recuerda una discusión que tuvo en México con Julián Gorkin y Marceau Pivert en la que sostuvo, con gran enfado de estos dos últimos, que "la revolución española fue una guerra de ciudadanos de todas las clases, mezclados en dos campos y lanzados los unos contra los otros por la necesidad de una elección."

jueves, 2 de noviembre de 2017

Cosas que he aprendido del "procés"



Clarín, educador

¿Educador, Clarín? (...) Lo era, sin duda, y en grado supremo, de modo espontáneo, sin proponérselo, sin aire profesional. Eso, ¡jamás!

Educaba, es decir, elevaba -como educa y eleva siempre el espíritu verdaderamente superior- por el simple contacto o trato: por sugestión singularísima, con el ejemplo del pensador generoso, que siembra a manos llenas, que se da entero a sus discípulos y a los suyos, y que ofrece a la contemplación estética el edificante espectáculo de un maestro sincero, comunicativo, sin reservas, con noble ademán... ¿Sinceridad? ¿Nobleza? Oíd:

"... años y años llevo diciendo a mis queridos discípulos que procuren ser buenos, ante todo, y, además, si tienen tiempo, que procuren encontrar por el camino que me parece más racional, menos expuesto a engaños, una ciencia que yo no tengo, y que, por lo mismo, no puedo enseñarles" (De El sombrero del señor cura)."

Alas funcionaba de educador por el contacto espiritual, por acción directa, de alma a alma, en la conversación, en el trato... 

Su trato íntimo nos educó en ese goce del pensar hacia adentro; que es la más fecunda y eficaz escuela de modestia que quepa imaginar.

- Adolfo Posada, "Mis muertos", en España en crisis (1923).

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Allí el maestro un día

A Don Francisco Giner De Los Ríos

Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió?... Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
...¡Oh, sí!, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas...

Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.

- Antonio Machado

Jo ja no entenc res

Cambó dijo en cierta ocasión que "nuestra política", es decir, la española, "tiene horror a los problemas".  Es una observación certera y vigente. A nosotros nos gustan las soluciones. "Como a todo el mundo", me objetará alguno, pero no exactamente, porque a nosotros nos gustaría vivir en un mundo de soluciones sin problemas. Y si, por desgracia, vemos o creemos ver un problema en algún sitio, inmediatamente nos sumamos al cortejo de quien nos promete una solución que nos haga olvidar el problema... hasta que descubrimos que las supuestas soluciones son tan supuestas que traen aparejadas problemas más grandes que los que pretendían resolver. Entonces ha llegado el momento de la espantada. Se trata de correr para apartar el nuevo problema de la vista.

La forma catalana de esta espantada es ese "Jo ja no entenc res" que ya ha comenzado a oírse.

Añado a lo anterior, más que nada por la pereza de abrir un nuevo apunte, un par de reflexiones de Adolfo Posada tal como aparecen en su España en crisis. Son de 1919 y no las recojo como argumentos de autoridad, sino como ejemplos de una música lejana:

  • "Habría que ver si el movimiento regionalista, incorporado en serio al proceso institucional de España, entrañaría o no una reforma de la Constitución"
  • "En cuanto al argumento de que la Constitución no ha sido nunca obstáculo para cosa alguna..., es de tal fuerza, que apenas si se nos ocurre un reparo 'serio' que oponer. Quizá esté ahí la clave del escepticismo de los hombres prácticos. ¿Para qué reformar la Constitución, cuando es tan fácil infringirla siempre que hace falta?"

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...