miércoles, 3 de abril de 2013

Mujeres republicanas

Me paso el día colgado al teléfono, intentando contactar con mujeres que pudieron conocer, directa o indirectamente, a Carmen Brufau o a Lena Imbert. En la inmensa mayoría de los casos me encuentro con viejecitas muy correosas con una memoria de pedernal, a las que en cuanto les arrancas una chispa, te ofrecen una acogida generosa. Una de ellas me cuenta que sigue yendo a las manifestaciones, a sus 99 años, pero que como apenas puede andar, se manifiesta en taxi. Otra me habla de los signos de los tiempos y de que son las condiciones históricas las que hacen a los hombres y no los hombres a la historia, y ahora las masas vuelven a despertar y se siente feliz porque ve sus ideas de juventud confirmadas en la protesta nuestra de cada día, que la historia nos vuelve entregar. Suelen tener muchas ganas de hablar, aunque no necesariamente de lo que yo querría escuchar, y yo las escucho embobado. Varias insisten en que las heridas más grandes, que aún sangran en la memoria, han sido las producidas por la saña del fuego amigo, de los camaradas y sus navajazos a la sombra de la revolución postergada. A una le comento la muerte solitaria en México de Carmen Brufau, al margen de la emigración y de los miembros de su partido. "Son muchos los abandonados que murieron solos", me dice, y me cuenta una historia terrible. Son mujeres muy cultas, muchas de ellas magníficas traductoras del ruso al español, que mantienen, y eso es lo que más me sorprende, una gran firmeza en la voz. A alguna de ellas la he vuelto a llamar sólo por volver a escucharla. En más de un caso, cuando pregunto por la persona que me interesa, una voz más joven me contesta al otro lado que murió recientemente. En un país más generoso que el nuestro a estas mujeres las tendríamos mantenidas de por vida en el Pritaneo, ese edificio que los atenienses reservaban para los que habían rendido grandes servicios a la Patria. En el nuestro están desapareciendo anónimamente, llevándose a la tumba jirones irrecuperables de nuestra memoria colectiva.

Richard Brautigan

Cada vez que salgo de la habitación de mi hotel aquí en Tokio
hago las mismas cuatro cosas:
compruebo que llevo mi pasaporte
mi carnet
una pluma
y mi diccionario
japonés-inglés
el resto de mi vida es un misterio total

Richard Brautigan

martes, 2 de abril de 2013

What a Constitution Can, and Can’t, Do

I was at a conference recently on the relationship between constitutionalism and liberty. There were quite a few very smart and learned people there. Two things struck me in particular from the conversations we had over several days:  first, how little faith scholars today seem to have in constitutional structures, and, second, how little faith they seem to have in the possibility of human virtue.

Bruce Frohnen
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lunes, 1 de abril de 2013

Morgenbesser

Cuando le preguntaron su opinión sobre el pragmatismo, Morgenbesser respondió: "Está muy bien en teoría, pero no funciona en la práctica."

Et sine ipso factum est nihil


Cuenta el gran Cristóbal de Villalón en su Escolástico una fábula que, aunque ya fue recogida en este Café, no está de más volverla a recoger. Dice así:

En el monasterio de Santesteban había dos frailes ancianos y letrados, el uno era conocido como el Maestro de Peñafiel y el otro como el Maestro de León. Ambos eran catedráticos de teología. El maestro de Peñafiel había quedado algo falto de juicio tras una enfermedad, tanto era así que en ciertos cuartos de luna estaba fuera de seso y desvariaba algo en la conversación. Una noche, estando en el frenesí, se sentó a estudiar con mucha concentración el Evangelio de San Juan, que comienza con aquellas palabras "In principio erat verbum", y llegó a donde dice: "Et omnia per ipsum facta sunt: et sine ipso factum est nihil." Y luego con gran despecho dijo entre sí: "¡Válgame Dios, que el Evangelio dice que todas las cosas son hechas por Dios, menos Nihil. No puede ser sino que este Nihil es el príncipe, causa y cabeza de los males, y de donde emana y nos viene toda tristeza y pesar, pues haciendo Dios todas las cosas, no pudo hacer a este Nihil, del cual procede el mal, pues está escrito que en la creación del mundo vio Dios que todo lo que había hecho era muy bueno, y por lo tanto él no hizo a este Nihil. Gran descuido es de los que rigen la república cristiana no poner diligencia en buscar este mal Nihil y prenderle y matarle, y entonces viviríamos todos los cristianos en paz y sin temor de ningún mal. Y con esta consideración se fue a la celda del maestro de León, y llamó a su puerta, éste, al abrirle, vio que estaba en su frenesí y le dio una silla para que se sentase. Con gran pasión y enojo le contó sus pensamientos sobre el pasaje del Evangelio, que creía que ningún otro letrado se había dado cuenta de él, y que había de ponerse mucho cuidado en aprender, pues tanto le va a la salud y sosiego de los cristianos el que sea preso Nihil, para que se remedie tanto mal como hay en el mundo por su causa. Como el Maestro de León lo vio tan apasionado con el Nihil, procuró sosegarlo y le dijo: "Reverendo padre Maestro, verdaderamente el punto es muy sutil y está bien mirado, y todos los que leen este Evangelio se saltan esta dificultad. Pero tenéis que saber que ya fue remediado por Cristo, porque puso en ello a todos sus discípulos y amigos para que con gran estudio lo prendiesen, y después de haberle puesto grandes espías y haber velado una noche, prendieron a Nihil, y cargándolo de grandes hierros y prisiones, le hicieron justicia y murió. ¿Queréis ver cómo es así? Sabed que en Lucas está escrito que vinieron los apóstoles a demandar albricias a Cristo cuando le prendieron y dijeron: "Magister, per totam noctem laborantes nihil prendidimus". Cuando el Maestro de Peñafiel oyó la buena razón, que estaba probada con tanta autoridad, satisfízose mucho y díjole: "Por Dios, señor Maestro, que hasta ahora no me había dado cuenta de tan alto secreto, y me quedo convencido con vuestras razones." Y así, muy sosegado se volvió a su celda a dormir y tranquilizó el frenesí.

Fe y futuro

Larga conversación por teléfono a media mañana con una anciana centenaria que conoció a las mujeres a cuya sombra me acuesto y me levanto: Carmen Brufau, Lena Imbert, África de las Heras, Caridad Mercader. "Nadie pensaba en sí mismo", me insiste una y otra vez, "no había egoísmos. Nos dejábamos guiar por la luz del futuro. Era fe, sí, pero basada en la ciencia". 


Ya sé quienes son las persona del centro de la foto: Beni y Sonia Rabinovich. A los que estén al tanto del mundo del espionaje de los años 40 les sonará el nombre de Gregory Rabinovich.

El Santo NIhilismo

Pensaba yo esta mañana de resurrección (¡qué sol magnífico luciendo generosamente para todos!) que el viernes santo la Iglesia católica se lo tiene dedicado al Santo Nihilismo.

La escuela que enseña

Artículo publicado en el diario ARA: Hace poco me preguntaron cómo me imaginaba la escuela a la que me hubiera gustado ir. La pregunta es pe...