domingo, 6 de enero de 2008

Sobre la "moral fashion"

En La riqueza de las naciones Smith diferencia dos esquemas morales que según él prevalecen en todas las sociedades civilizadas. Uno sería el “strict or austere” y el otro el “liberal, or, if you will, the loose system”. El primero contaría con el respeto y la admiración de la gente corriente, mientras el segundo estaría adoptado por lo que Smith llama “people of fashion”. Ya sé que lo que Smith y nosotros entendemos por “fashion” no es exactamente lo mismo… pero sin embargo, creo que resulta interesante pensar esa diferencia desde nuestra concepción de lo “fashion”.

Smith sostiene que la gente corriente siempre ha sido partidaria de la rigidez moral y que las revueltas puritanas ganaron sus adeptos entre las clases bajas, mientras las clases altas eran mucho más licenciosas y permisivas. Hoy, salvo quizás en los Estados Unidos, con el formidable fenómeno de los “born christian again” (indisociable del crecente número de americanos que consideran que el declive moral es el principal problema del país), en los países económicamente más avanzados parece que estamos asistiendo a una universalización del “people of fashion” (en todos los sentidos del término), de tal manera que nos estamos quedando sin gente corriente (a no ser que lo corriente sea ir a la última tanto en trapos como en ideas).

En una fecha tan temprana como 1960 Daniel Bell llamó la atención sobre una contradicción que atraviesa las sociedades capitalistas avanzadas. Por una parte requieren para su funcionamiento de una cierta convicción de la necesidad de la autodisciplina y de la postergación de la gratificación inmediata del deseo; pero al mismo tiempo estimulan la autoindulgencia y el hedonismo impaciente. Tanto es así que la mercantilización del deseo se ha convertido en el principal motor de una economía que, sin embargo, necesita una mano de obra que no sea especialmente sensible a este mensaje.

La impaciencia por la gratificación hedonista y la mercantilización del deseo afecta especialmente al sexo. Alguna vez he llamado por aquí la atención sobre el sorprendente hecho de que la misma sociedad que degrada el tabaco al rango del vicio, tolera la promiscuidad sexual como una cuestión relativa al inalienable derecho individual a hacer con el propio cuerpo lo que más nos plazca.

Pero la moral-fashion no puede ocultar ya las contradicciones culturales de la liberación sexual. No ha sido una ganancia sin pérdidas y, por lo tanto, si ha sido un progreso, ha sido un progreso problemático. O sea: es problemático que haya sido un progreso.

sábado, 5 de enero de 2008

Sobre el aborto

Definitivamente, no soy progre. Entiendo por progresismo la convicción de que es posible liberar al hombre de sus condicionantes naturales y crear una vida determinada “progresivamente” sólo por factores culturales. Se tiende a identificar así lo cultural con la acción creadora del hombre; mientras que lo natural sería aquello que está a disposición de la cultura. En cierta forma el progresismo es la ideología que cree posible (obviamente con las mejores intenciones) romper el nexo causal existente entre las acciones humanas y sus consecuencias naturales. Posiblemente en ningún otro lugar se ve esto más claro que en el caso del aborto.

El del aborto me ha parecido siempre un tema muy serio. El concepto de “nasciturus” como ser que carece aún de personalidad jurídica pero que por eso mismo es capaz de tenerla, le otorga al feto una entidad diferente al de un mero agregado de células. Un feto no es un callo. Me parece que hay argumentos sobrados para entenderlo como un ser humano en potencia y, en cuanto tal, necesitado de tutela jurídica.

En tiempos de nuestros abuelos, cuando la naturaleza estaba inmediatamente presente en la conducta humana, era evidente para todos que las relaciones sexuales podían tener consecuencias naturales y, por lo tanto, se asumía que un ser inteligente y responsable debía asumir las consecuencias de sus actos libres.

Hoy, cuando la naturaleza es lo que está a nuestra disposición (y no nos engañemos, es por esto mismo por lo que somos ecologistas) la sexualidad se ha convertido en una acción que no debería tener ninguna consecuencia más allá del disfrute que pueda ocasionar su práctica. A no ser que voluntariamente uno quiera someterse a la cadena natural de actos y consecuencias, o sea, a lo que se ha dado en llamar "paternidad responsable".

Todo esto estaría muy bien si no fuera porque la realidad se empeña en importunarnos con sus datos, recordándonos que en la gozosa experiencia de la sexualidad, precisamente por ser tan laminera, conviene no olvidarse de la prudencia, especialmente cuando se practica con el fin exclusivo de gozar de ella (cosa a la que no tengo absolutamente nada que objetar, sino al contrario). Me refiero a la realidad la que nos enseñaba sus orejas ayer mismo en los datos que recogía El País de las estadísticas del Ministerio de Sanidad. Los resumo:

  • En el año 2006 (¡el 2006!) el número de abortos realizados en España superó la barrera de los 100.000 (exactamente 101.592).
  • Una de cada 100 mujeres de 15 a 44 años aborta en España cada año.
  • Casi el 40% son menores de 25 años.
  • El 14% no llegan a los 19.
  • Cada vez se interrumpen más embarazos y a una edad más temprana.
  • Aumenta el número de las mujeres que abortan por segunda, tercera o cuarta vez. En un 31% de los casos, la mujer ya se había sometido al menos a un aborto con anterioridad. Y en 1.240 ocasiones se trataba al menos de la quinta interrupción. En el caso de las menores de 20 años, el 12% ya había abortado previamente.

Las conclusiones que me parecen desprenderse tanto de estos datos como de los comentarios que he ido leyendo en diferentes lugares son las siguientes:

  • Progresivamente se está utilizando el aborto como un método anticonceptivo más. La despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo ha dado lugar entonces a un fomento de su práctica (y esto ya es harina de otro costal).
  • Los analistas oficiales están perplejos. No entienden por qué los jóvenes de la sociedad de la información no usan anticonceptivos.
  • Estos analistas recurren a la explicación que menos explica nada: La culpa es la falta de educación. El presidente de la Federación de Asociaciones de Planificación Familiar lo tiene claro: “Un aborto es un fracaso educativo y asistencial". Es decir, nada tiene que ver en ello la voluntad de quien tiene relaciones sexuales. La sexualidad parece haberse convertido en la conducta más inocente, tanto que en ella se está autorizado a ser irresponsable. No hace mucho que se pretendía poner en los institutos máquinas expendedoras de preservativos. Pero si es tan bueno garantizar el uso de preservativos para los adolescentes, ¿por qué no animamos a las familias que les entreguen cada mañana uno a sus hijos junto con el almuerzo?
  • Como falla la educación, hay que facilitar al máximo el acceso a métodos anticonceptivos, que se deberían vender sin receta, comenzando por la píldora poscoital.

Lo de la educación sexual para adolescentes siempre me ha hecho mucha gracia. ¿Cómo se lleva a cabo? Para empezar sería una educación en la que estaría muy mal visto poner deberes o hacer prácticas de laboratorio o intercambiar experiencias sobre técnicas y procedimientos gozosos. ¿Formarían el sadismo y el masoquismo una unidad didáctica? Si decimos que no, es que creemos que los contenidos de la educación sexual deberían estar determinados por algún criterio moral y no solamente por criterios fisiológicos y eróticos. Pero si la moralidad entra en juego de una manera tan determinante, es que entre la educación sexual y la enseñanza de la geografía hay alguna diferencia considerable.

"No hay que tener miedo a hablar de sexo", dice el presidente de la Federación de Asociaciones de Planificación Familiar, ignorando que nunca se ha hablado de sexo más que en la actualidad.

viernes, 4 de enero de 2008

Liriqüescencias

El post anterior me ha hecho recordar los poemas liriqüescentes de mi amigo Esteban Soler. He aquí algunos:

I

amor,
sin ti
el tiempo sería empo
y yo
por no poder ser tuyo
sería eternamente yo

II

sin ti
no puedo estar contigo
sino en el congo

III

contingente sin ti,
luego conngente

IV

con tí: eso es el estío

V

sin tí los gatillos cantan ki-ki-ri-kí
y los relojes sólo hacen ctac ctac

jueves, 3 de enero de 2008

Postales filosóficas: El tiempo

Vía: El señor enviñetado


Recuerdo las palabras del poeta: "Amor, sin ti, el tiempo sería empo."

Postales filosóficas: Al-Razi

El médico persa Abû Bakr Muhammad ibn Zakarya al-Râzî (muerto hacia el 930), que no es precisamente el filósofo más admirado del Islam, comienza su Medicina espiritual con estas palabras: “Dios, ensalzado sea su nombre, nos ha dado la razón para obtener por ella, tanto del presente como del futuro, los mejores beneficios que podamos conseguir; es el mejor don que Dios nos ha dado (...). Debemos apoyarnos en ella para todo y juzgar con ella todas las cosas. Debemos actuar según lo que ella nos manda hacer”. Aplicando este criterio en La conducta virtuosa del filósofo, sostiene que “a veces se hace preciso beber para disipar las penas”.

Levanto mi copa por al-Razi.

miércoles, 2 de enero de 2008

Dos de enero. Segundo post del año.

Junto a la historia de la filosofía se encuentra su hermana gemela, la mitología de la filosofía. Son como dos plantas trepadoras que crecen en el mismo tiesto. Como tienden a enredarse la una en la otra es tan difícil construir una historia de la filosofía sin mitologemas como una mitología sin filosofemas. Esto es lo que me propuse señalar en mi Guía para no entender a Sócrates. Cosa distinta es si lo conseguí.

Hay mitos filosóficos de todo tipo. Cuanto más grande es la figura del filósofo, más abundan las leyendas que le conciernen. Por eso hay tantas sobre Sócrates, Platón y Aristóteles. Voy a recoger una muy poco conocida sobre la Academia de Platón que me gusta especialmente. La encontré en el Policraticus de Juan de Salisbury (1159) y sostiene que Platón quiso fundar la Academia en un lugar muy alejado de Atenas en el que había frecuentes sacudidas de tierra para que los filósofos tuvieran siempre miedo y así ser modestos y, por lo tanto, aptos para la sabiduría. Posiblemente Juan de Salisbury se basa en el Adversus Iovinianum de Jerónimo, donde leemos que Platón eligió para su escuela un lugar pestilente, para que sus discípulos, ocupados en protegerse de la enfermedad, despreciaran los ardores de la carne y se dedicaran exclusivamente a los del intelecto. Esta versión se encuentra también en la Historia calamitatum mearum de Abelardo. Los mitos tienen la ventaja de que nos permiten elegir, a los que andamos flojos de fe, de entre varias versiones, la que más nos interesa. Y me quedo con la del Policraticus. Lo que cuentan Jerónimo y Abelardo no me acaba de cuadrar. No entiendo muy bien por qué los discípulos de Platón tenían que estar todo el santo día vigilando su profilaxis si lo que tenían que aprender con ella era la irrelevancia del cuerpo. Lo que cuenta Juan de Salisbury me parece, por el contrario, cargado de sentido. Nada ha de exigírsele a un filósofo con más severidad que el recuerdo de la naturaleza. Un filósofo que ha olvidado la naturaleza puede ser un gran competidor de los poetas, pero no un filósofo.

Viene todo esto a cuento de las noticias que recoge la prensa de hoy sobre la violencia desatada en Kenia, país que se tenía por uno de los más estables del África negra. Alguien que leía el periódico a mi lado me ha dicho con cierto sobresalto que le resulta imposible comprender cómo se pueden quemar vivos a más de 30 mujeres y niños refugiados en una iglesia. Yo le he preguntado por qué le resultaba más difícil comprender la violencia que la convivencia. Y ahí nos hemos enzarzado, como el mito y la filosofía.

martes, 1 de enero de 2008

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...