La tecnología nos atrae. Y lo hace con tal fuerza que está consiguiendo que los fines sean la excusa que utilizamos para trastear con los medios. En esta usurpación del fin por parte del medio se encuentra la principal clave del éxito de la tecnología. Todos andamos en ello pero andamos con mala conciencia y por eso, por ejemplo, nos quejamos con la boca pequeña del poder del móvil mientras nos compramos un móvil nuevo mucho más potente que el antiguo, a pesar de que el antiguo cumplía con casi todas sus funciones (sus fines). Con casi todas, porque no cumplía con los imperativos de la novolatría. Quejarse de un poder es reconocer su poder y el poder siempre atrae, sea en el caso de los leones, de los macacos o de los humanos. No ha habido dictador sin admiradores. El inocente que juega con el fuego y se quema, protestará contra la llama pero no dejará de encender hogueras. Por eso hoy la técnica es omnipresente y se ha apoderado de nuestras vidas mientras protestamos de su omnipotencia. Véase el caso de las pantallas.
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