viernes, 27 de febrero de 2015

La Ciudad de la Verdad


En Veritas, la Ciudad de la Verdad, imaginada por James Morrow (The City of Truth)  los ciudadanos no pueden sino decir la verdad. 

No importa lo inconveniente que pueda ser. No pueden evitarlo: están condicionados para ser siempre transparentes los unos con los otros. No dicen ni mentiras, ni medias verdades, ni mentiras piadosas, ni usan eufemismos y las consideraciones sobre los efectos de su sinceridad simplemente son inexistentes.

Los ascensores llevan esta advertencia: “El mantenimiento de este ascensor se lleva a cabo por personas que detesta su trabajo. Tú sabrás lo que haces”. Los paquetes de cigarrillos, esta otra: “Se advierte que la cruzada general contra este producto podría distraerte de las miles de maneras como tu gobierno se olvida de proteger tu salud”. 

Los campamentos de verano para niños se llaman “Ahí os quedáis, chavales!”. Los anuncios comerciales hablan de los defectos de los productos que anuncian y los políticos cuentan con pelos y señales sus trapicheos. 

Por supuesto, las fórmulas de cortesía son completamente honestas: “Suyo, pero sólo hasta cierto punto”

miércoles, 25 de febrero de 2015

Mis conversaciones con periodistas

Estoy pensando en recoger mis entrevistas con periodistas y darle forma de libro: "Mis conversaciones con gente que sabe las respuestas que debo dar a sus preguntas".

Hoy me han llamado de varios medios, porque querían que les confirmase por teléfono la posición que ya habían tomado sobre el programa de educación católica elaborado por católicos.

- Me gustaría que me dieras tu opinión pedagógica.
- Es que aquí no hay un caso pedagógico.
- ¿Cómo que no? 
- Esto no tiene nada que ver con la pedagogía, sino con los derechos civiles.
- ¿Entonces te parece bien lo que dicen?
- A quien tiene que parecérselo es a los padres que libremente eligen la asignatura de religión.
- Pero los padres no se leen los programas de religión.
- No, ni los electores los programas del partido al que votan.
- ...
- ...
- ¿Pero me puedes dar una valoración pedagógica?
- ¡Y dale!
- ¿Es que has visto lo que dice?
- Es lo que tienen los dogmas de una religión, que a la gente del resto de religiones, les parecen mitos. Precisamente por eso hemos hecho del pluralismo uno de los valores democráticos supremos. ¿Por qué no me preguntas si soy partidario del pluralismo? ¿O dicen algo inconstitucional?
- ...
- ...
- Ya veo que te parece bien.

La perturbadora estabilidad de las diferencias intelectuales

En el blog de Roberto Colom

jueves, 19 de febrero de 2015

Los niños no paran de hacer deberes

Artículo en El Periódico de hoy

No hay unanimidad sobre la utilidad de los deberes. Mientras unos aseguran que son perjudiciales, otros dicen lo contrario, pero nosotros hemos decidido ignorar a los segundos. The Telegraph publicaba el pasado 15 de diciembre un estudio del británico Boarding School Beak en el que, a partir de datos de la OCDE, señalaba que «los deberes son buenos para los niños, como hemos sabido desde siempre» y añadía que los adolescentes británicos no estaban haciendo suficientes deberes. Ni uno solo de nuestros medios le prestó atención.

Si somos sinceros, hemos de empezar reconociendo que la teoría educativa en general, y la que hace referencia a los deberes en particular, es condenadamente difícil de evaluar de forma científica. Las variables que intervienen son tantas que pocas veces estamos seguros de estar evaluando exactamente lo que queremos evaluar. Así, para saber si los deberes son benéficos o perjudiciales, deberíamos tener claro previamente qué entendemos por deberes.

Los niños siempre están haciendo deberes, porque siempre están aprendiendo cosas fuera de la escuela, el problema es que lo hacen a ritmos muy diversos según sea su nivel socioeconómico. Fijémonos en el lenguaje familiar. Entre las familias de un nivel sociocultural alto, un niño escucha de promedio 2.150 palabras por hora, incluyendo 32 afirmaciones y 5 prohibiciones. Entre las de clase trabajadora, el promedio es de 1.250, con 12 afirmaciones y 7 prohibiciones. Entre las familias sin recursos, apenas se alcanzan las 620 palabras. De ellas, 5 son afirmaciones y 11, prohibiciones. Estas diferencias se manifiestan también en la utilización de subordinadas, conectivas lógicas, condicionales, un vocabulario sofisticado, etcétera.

Obviamente, el dominio lingüístico de la familia tiene una traducción directa en el progreso escolar del niño, porque cuanto más complejo es su lenguaje, mejor comprende a los adultos y más rápidamente progresa. ¿Cuál ha de ser aquí el papel de la escuela? ¿No ha de intentar compensar estas diferencias? Si, como yo creo, la respuesta es afirmativa, no tiene más que una alternativa: incrementar el tiempo escolar de calidad de los más pobres, porque lo que no aprendan en la escuela, no lo aprenderán en ningún otro lugar.

Hay otros muchos factores a considerar en relación con los deberes, pero me detendré en las llamadas academias, sean de repaso o de idiomas. Recientemente el director de un centro se jactaba ante mí de que su claustro había eliminado los deberes. Sin embargo, a dos pasos del centro hay dos academias de idiomas para niños. Existe todo un sistema educativo paralelo al escolar que mueve una gran cantidad de dinero sin ninguna supervisión de calidad y que crece utilizando las palabras que muchas escuelas no se atreven a emplear.

Paso con frecuencia frente a una academia que se presenta a sí misma como «centro educativo complementario» y que se anuncia sin subterfugios de esta forma: «Nuestro objetivo es conseguir el éxito escolar». Cuando hablamos de deberes deberíamos preguntarnos por qué hay tantos padres que necesitan recurrir a estos centros.

Dos apuntes para terminar. El primero: mi más absoluto rechazo a los malos deberes, a los ejercicios mecánicos, aburridos o incomprensibles que muchas veces ni son corregidos. No es que sean discriminatorios, son algo peor: fomentan los peores vicios intelectuales. El segundo: pienso seguir yendo con mi nieto Bruno a las sesiones del Petit Liceu, porque las considero una manera magnífica de hacer deberes.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Valores y escuela cristiana

Todo esto de los valores, tan venerados, es un fenómeno propio de una sociedad secularizada. Por eso me llama tanto la atención que sean las escuelas cristianas las que con más fuerza los defienden, al menos en sus folletos publicitarios.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...