jueves, 8 de enero de 2009
miércoles, 7 de enero de 2009
Bendita Gloria
Me gusta reencontrarme con antiguos alumnos. El narcisismo pedagógico, claro. Hoy me he dado de bruces con Alba Rossell, a quien tuve la fortuna de conocer en la Escuela Superior de Diseño de Sabadell. Me anima a conocer su "fanzine" y, por supuesto, eso es lo que hago. Aquí está:
martes, 6 de enero de 2009
La complejidad palestina
"El viernes pasado las fuerzas de seguridad disolvieron las manifestaciones de apoyo a Hamás en Hebrón y Ramallah, deteniendo a los partidarios de Hamás, confiscando sus banderas y destrozando sus pancartas". Estas fuerzas de seguridad no son las de Israel, sino las de la policía palestina. Nos guste admitirlo o no, es más fácil manifestarse en apoyo de Hamás en Barcelona que en Hebrón.
lunes, 5 de enero de 2009
Recital poético a Vins i Divins
La única publicidad que me permito hacer en este blog es la de la vinoteca VINS I DIVINS de El Masnou, por la razón poderosísima de que mi hijo, Guillem, es uno de los socios aventureros (podría añadir el argumento nada trivial de que en tiempos de crisis cualquier apoyo es bien venido).
Ceesepe, Café de Madrid, 1982
Així doncs:
Ceesepe, Café de Madrid, 1982Además esta vinoteca, que no en vano tiene por santo patrón a Omar Khayyam, se ha empeñado en organizar cada primer martes de mes un recital de poesía, que ya es quijotismo. Cuenta para ello con la colaboración de LaBreu, una editorial dedicada a promocionar poetas desconocidos (empresa que por sí misma ya es merecedora de la Creu de Sant Jordi).
El próximo martes, dia 6 -día de reyes- los que estén dispuestos a combatir los sobrecúmulos adiposos de estos días con el disolvente de la lírica (y una copa de vino) pueden pasarse por VINS i DIVINS, que serán bien venidos.
El próximo martes, dia 6 -día de reyes- los que estén dispuestos a combatir los sobrecúmulos adiposos de estos días con el disolvente de la lírica (y una copa de vino) pueden pasarse por VINS i DIVINS, que serán bien venidos.
Així doncs:
sábado, 3 de enero de 2009
Este mundo es demasiado oscuro
El cinco de abril de 1968, en plena revolución cultural china fueron detenidas y condenadas a muerte por revisionistas siete personas. Nada fuera de lo normal. Cinco de ellos eran delincuentes comunes, los otros dos habían escrito un folleto titulado "Mirando hacia el norte". El tribunal popular que los condenó a una ejecución pública no tuvo ninguna duda de que este título animaba a expandir el revisionismo de la Unión Soviética por la República Popular China. La ejecución coincidió con el festival en honor de los antepasados. Antes de ser fusilados los condenados debieron permanecer de pie durante horas con la cabeza inclinada ante el pueblo expectante. Pero al llegar la hora asignada para el cumplimiento de la sentencia, uno de los detenidos -respetemos su dignidad: se llamaba Wu Bingyuan- levantó la mirada y gritó: "Este mundo es demasiado oscuro". A continuación cerró los ojos para no volver a abrirlos nunca más.
He buscado esta historia provocado por el encuentro con un antiguo maoísta que durante un tiempo se compadeció -a la espera de la llegada de la hora revolucionaria- de mis tibiezas. ¿Os acordáis de cuando en Europa muchos lucían el Libro Rojo de Mao como un distintivo de nobleza moral? Su inmensa indignación moral ante las injusticias del mundo los animaba a abrazar la revolución permanente convencidos de que la historia los había situado ante la alternativa de maoísmo o barbarie.
Este mundo, efectivamente, es demasiado oscuro.
He buscado esta historia provocado por el encuentro con un antiguo maoísta que durante un tiempo se compadeció -a la espera de la llegada de la hora revolucionaria- de mis tibiezas. ¿Os acordáis de cuando en Europa muchos lucían el Libro Rojo de Mao como un distintivo de nobleza moral? Su inmensa indignación moral ante las injusticias del mundo los animaba a abrazar la revolución permanente convencidos de que la historia los había situado ante la alternativa de maoísmo o barbarie.
Este mundo, efectivamente, es demasiado oscuro.
viernes, 2 de enero de 2009
Las palabras del alma
Vuelvo al alma en este primer día del año nuevo. Ahora que el cuerpo pesa más que de costumbre, al mismo tiempo que los propósitos de enmienda nos quieren más livianos, puede no ser completamente ocioso recuperar el hilo. Pero si lo fuese, tampoco pasaría nada.
En realidad más que del alma estamos hablando del proceso de su conocimiento en la Grecia antigua, que es, a la vez, el proceso de su profundización. Estamos siguiendo un camino que estuvo acompañado de una reflexión -y en gran parte estuvo posibilitado por ella- sobre una serie de conceptos de uso corriente que, iluminados filosóficamente, parecían indicar diferentes vías de acceso a la interioridad anímica emergente.
Uno de estos conceptos es el de "vergüenza", que ya nos ha aparecido en Pitágoras y Demócrito. En el vocabulario coloquial de la Grecia de los siglos V y IV, que es la de Sócrates, Platón y Aristóteles, se hallaba muy viva una relación semántica, de la que nosotros ya nos sentimos en buena parte ajenos, que es omnipresente en los textos platónicos y, en general, en toda la literatura griega de la época. Es la siguiente:
La rotunda afirmación de Diotima en el Banquete platónico, que tan perplejos deja a algunos profesores de filosofía antigua, de que Eros no pretende otra cosa que la fecundación en la belleza, sólo es completamente inteligible si se entiende que la alternativa a la belleza es la vergüenza. ¿Y quien quiere sentir vergüenza de su progenie?
Lo justo, lo hermoso y lo bueno eran para los griegos antiguos diferentes manifestaciones de una armonía de base (de un objeto, una acción, una ciudad, una persona...), mientras que lo injusto, lo vergonzoso y lo malo denunciaban con su presencia una carencia de proporción y de medida ("a-metría", se lee en el Sofista de Platón) que en política, por ejemplo, da lugar al peor de los males, el enfrentamiento civil (la "stasis").
En el caso del hombre la vergüenza presenta una peculiaridad notable: es un estado del alma carnalizado, de forma que la confusión anímica se delata a sí misma por el enrojecimiento del rostro, el temblor de la voz o los microgestos que desvelan, tanto a los otros como a nosotros mismos, una pérdida de coherencia. Platón insiste en que la vergüenza es la incoherencia en el relato ("lógos") de nuestra propia vida. La vergüenza sería así (y esto no lo dice Platón, sino un servidor, que aprovecha la ocasión para un fácil juego de palabras) el "lógos" -el humano, claro- hecho carne.
La reflexión filosófica sobre la vergüenza parece tener un doble origen en los círculos de Pitágoras y de Parménides (lo cual, a su vez, nos hace sospechar, de nuevo, de la influencia órfica en todo lo relativo al nacimiento del alma en Grecia) y es heredada, como una cuestión filosóficamente axial por Demócrito y Sócrates. Patocka ha escrito páginas memorables sobre la doctrina del cuidado del alma en estos dos filósofos.
La Apología de Sócrates escrita por Platón puede entenderse, en su conjunto, como una reflexión sobre la desvergüenza. No creo que haya que tomar a la ligera el hecho (sólo en contados casos resaltado) de que Sócrates insista en la importancia del cuidado ("epi-meleia") del alma, mientras su principal acusador (Meleto) le recrimina su negligencia ("a-meleia") con los jóvenes, a los que corrompe. Es decir, Sócrates ha de defenderse ante Meletos ("el que se preocupa") de despreocuparse (de ser "a-meletós") de las cosas importantes para la ciudad, lo cual significa, para Platón, demostrar que su maestro poseía un profundo sentido de la vergüenza. Tarea difícil, sin duda. De hecho el jurado creyó a Meleto.
En realidad más que del alma estamos hablando del proceso de su conocimiento en la Grecia antigua, que es, a la vez, el proceso de su profundización. Estamos siguiendo un camino que estuvo acompañado de una reflexión -y en gran parte estuvo posibilitado por ella- sobre una serie de conceptos de uso corriente que, iluminados filosóficamente, parecían indicar diferentes vías de acceso a la interioridad anímica emergente.
Uno de estos conceptos es el de "vergüenza", que ya nos ha aparecido en Pitágoras y Demócrito. En el vocabulario coloquial de la Grecia de los siglos V y IV, que es la de Sócrates, Platón y Aristóteles, se hallaba muy viva una relación semántica, de la que nosotros ya nos sentimos en buena parte ajenos, que es omnipresente en los textos platónicos y, en general, en toda la literatura griega de la época. Es la siguiente:
La justicia es a la injusticia
lo que lo hermoso es a lo vergonzoso
y lo bueno a lo malo.
lo que lo hermoso es a lo vergonzoso
y lo bueno a lo malo.
La rotunda afirmación de Diotima en el Banquete platónico, que tan perplejos deja a algunos profesores de filosofía antigua, de que Eros no pretende otra cosa que la fecundación en la belleza, sólo es completamente inteligible si se entiende que la alternativa a la belleza es la vergüenza. ¿Y quien quiere sentir vergüenza de su progenie?
Lo justo, lo hermoso y lo bueno eran para los griegos antiguos diferentes manifestaciones de una armonía de base (de un objeto, una acción, una ciudad, una persona...), mientras que lo injusto, lo vergonzoso y lo malo denunciaban con su presencia una carencia de proporción y de medida ("a-metría", se lee en el Sofista de Platón) que en política, por ejemplo, da lugar al peor de los males, el enfrentamiento civil (la "stasis").
En el caso del hombre la vergüenza presenta una peculiaridad notable: es un estado del alma carnalizado, de forma que la confusión anímica se delata a sí misma por el enrojecimiento del rostro, el temblor de la voz o los microgestos que desvelan, tanto a los otros como a nosotros mismos, una pérdida de coherencia. Platón insiste en que la vergüenza es la incoherencia en el relato ("lógos") de nuestra propia vida. La vergüenza sería así (y esto no lo dice Platón, sino un servidor, que aprovecha la ocasión para un fácil juego de palabras) el "lógos" -el humano, claro- hecho carne.
La reflexión filosófica sobre la vergüenza parece tener un doble origen en los círculos de Pitágoras y de Parménides (lo cual, a su vez, nos hace sospechar, de nuevo, de la influencia órfica en todo lo relativo al nacimiento del alma en Grecia) y es heredada, como una cuestión filosóficamente axial por Demócrito y Sócrates. Patocka ha escrito páginas memorables sobre la doctrina del cuidado del alma en estos dos filósofos.
La Apología de Sócrates escrita por Platón puede entenderse, en su conjunto, como una reflexión sobre la desvergüenza. No creo que haya que tomar a la ligera el hecho (sólo en contados casos resaltado) de que Sócrates insista en la importancia del cuidado ("epi-meleia") del alma, mientras su principal acusador (Meleto) le recrimina su negligencia ("a-meleia") con los jóvenes, a los que corrompe. Es decir, Sócrates ha de defenderse ante Meletos ("el que se preocupa") de despreocuparse (de ser "a-meletós") de las cosas importantes para la ciudad, lo cual significa, para Platón, demostrar que su maestro poseía un profundo sentido de la vergüenza. Tarea difícil, sin duda. De hecho el jurado creyó a Meleto.
jueves, 1 de enero de 2009
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