miércoles, 5 de diciembre de 2007

De nuevo Pisa

De nuevo nos ha caído el informe PISA encima. Y de nuevo nos hemos pillado los dedos. Y de nuevo aparecen opiniones para todos los gustos. Tanta, tanta opinión sólo pone de manifiesto la desorientación colectiva. Así que los políticos invertirán más, porque no pueden quedarse de brazos cruzados e irán refugiándose progresivamente en lo de que el fracaso es de la sociedad. ¡Evidentemente, ya que es la que lo padece!

Si yo tuviese alguna posibilidad de decisión en este berenjenal y no anduviera –como lo estoy actualmente- tentado de pensar que el deterioro tiene que ser aún mucho mayor para que todo el mundo se convenza de las causas verdaderas, propondría las siguientes medidas utópicas:

1. Escuchar a los profesionales. Y escucharlos sabiendo que mienten, porque nadie está dispuesto a admitir que tiene problemas si sabe que será inmediatamente señalado como provocador de problemas.

2. Dar estabilidad a las leyes. ¿Cuántas reformas y contrarreformas hemos conocido en estos últimos 30 años? ¿Y no parece evidente que cuanto más cambian las leyes más diáfano es el mensaje de que no tenemos confianza en la ley?

3. Mandar a todos los profesionales que están haciendo tareas administrativas a las aulas, eliminando toda la burocracia sin sentido.

4. Centralizar. Sí, ya sé que esto va contra las señales de los tiempos, y que los especialistas creen que la autonomía de los centros es el remedio para buena parte de los males. Centralizar quiere decir darles a todos los profesionales la programación que tienen que desarrollar, y asegurar que la cumplen. La libertad de cátedra no tiene sentido en la enseñanza no universitaria.

5. Reducir la extensión de los conocimientos, especialmente en primaria y secundaria obligatoria, para aumentar su intensidad.

6. Recuperar la seriedad en la escuela, comenzando por la tarima para el profesor y siguiendo por los hábitos imprescindibles en el vestir, comportamiento, etc.

7. Ofrecer alternativas de educación no formal al alumno que, simplemente, detesta la institución.

8. Garantizar que el profesor que se contrata está capacitado, como mínimo, para resistir la mirada de sus alumnos.

9. Eliminar toda asignatura que pueda calificarse de “María”: es un cáncer.

10. La gestión de los centros debe ser responsabilidad exclusiva de la administración (que para eso ha sido elegida democráticamente) y los profesores.

Añadido a las 15:41

11. Conviene no minusvalorar lo que dice Claudio en su comentario.
12. Axioma pedagógico elemental: En la enseñanza el único especialista es el profesor en activo con éxito.
13. Axioma pedagógico sub-elemental: Cuando las leyes cambian deberían cambiar también los inspectores de educación. Los que, amparados en la bondad de una ley, defienden hoy una conducta y amenazan a los que no siguen sus orientaciones, no deberían verse en la tesitura de defender mañana lo contrario. A no ser, claro está, que se sustituyan los inspectores por policías de tráfico legal.

Añadido a las 23:01

14. Llevamos, desde los tiempos en que el Solana era ministro de Educación y nos envió a todos a reciclarnos a la fuerza asistiendo a cursos que impartían inútiles desvergonzados, un montón de años preguntándonos si lo hacemos bien. Pues bien. ¡Ya está! Debería prohibirse esta pregunta existencial. Lo hacen bien los que no necesitan estar evaluándose continuamente para saber que lo hacen bien.



martes, 4 de diciembre de 2007

Entrevista a Joshua Muravchik

J.R. me envíia un mail con el siguiente mensaje: "En el último número de Democratiya viene esta impresionante entrevista al "neocon" Joshua Muravchik. He pensado que te interesaría".

¡Y tanto que me ha interesado, J.R.! Tanto, que he decidido ponerla a disposición de los amigos de "El Café de Ocata". No espero ni pretendo convencer a nadie de nada, pero quien tenga ojos para leer quizás no pierda el tiempo dedicando un rato a esta entrevista.

Presento al entrevistado tal como es presentado por el entrevistador:

Joshua Muravchik is a resident scholar at The American Enterprise Institute (AEI) and the author of Heaven on Earth: The Rise and Fall of Socialism (Encounter, 2002). He has written extensively about democracy, human rights, and American foreign policy in Commentary, The New Republic, The New York Times, The Los Angeles Times, The Weekly Standard and The Wall Street Journal. His books include The Future of the United Nations: Understanding the Past to Chart a War Forward (2005], Covering the Intifada: How the Media Reported the Palestinian Uprising (2005), The Imperative of American Leadership (1996), Exporting Democracy: Fulfilling America's Destiny (1991), and The Uncertain Crusade: Jimmy Carter and the Dilemmas of Human Rights Policy (1986). He serves as an adjunct scholar at the Washington Institute on Near East Policy and is an adjunct professor at the Institute of World Politics. The interview took place on July 11 and 15, 2007.

Mitologías

El que no aprende inglés es porque no quiere





lunes, 3 de diciembre de 2007

El sexo de Sartre

Nunca me interesó demasiado Sastre, excepto, en todo caso, por lo que tiene de personaje repelente, obsceno, grasiento y manipulador, es decir, por lo que tiene de fenómeno de la naturaleza. Como muestra, este botón, de El ser y la nada:

La obscenidad del sexo femenino es la de cualquier cosa abierta: es una apelación al ser, como lo son por otra parte todos los agujeros; en sí la mujer apela a una carne extraña que debe transformarla en plenitud de ser por penetración y dilatación. Y, a la inversa, la mujer siente su condición como una apelación, precisamente porque ella está "agujereada." Sin duda el sexo es una boca, boca voraz que engulle el pene -lo que puede conducir a la idea de castración: el acto amoroso es castración del hombre-, pero ante todo el sexo es un agujero.

¡Qué joya de hombre!

Dos lecciones de política

Del Estupidario de Gustave Flaubert:

I

Lindezas de Marat.

Un miembro afirma haber oído decir a Marat que para tener tranquilidad, hacía falta que cayeran 270.000 cabezas.

-“¡Pues sí, esa es mi opinión!”, y alzándose la asamblea al completo, añadió: “Es una atrocidad que estas gentes hablen de libertad de opinión y no quieran permitirme las mías”

Louis Blanc, Histoire de la Révolution française.

II

En la sala de la Redoute, club Blanqui. Un obrero: « Todo esto es muy bonito, pero de lo que tenemos que tratar es de la isla de Polonia ». Una voz: “¡Cómo! No hay isla de Polonia.” El obrero: “¡Cómo! ¿Qué no hay isla de Polonia? ¿Quién es el reaccionario que está hablando? ¡A la calle con el ruso! ¡A la calle!”

Audebrand, Souvenirs de la tribune des journalistes (1848-1852).

domingo, 2 de diciembre de 2007

Algunos datos inútiles

El señor Albert Vilalta pasó en poco tiempo de conseller de medio ambiente del gobierno de Pujol a presidente del GIF (Gestor de Infraestructuras Ferroviarias: 1996-98) y, posteriormente, a secretario de Estado de infraestructuras (1998-2000) del Ministerio de Fomento del gobierno de Aznar, puesto que equivalía al de número dos del Ministerio.

Jordi Pujol recibió con muestras evidentes de satisfacción este nombramiento que estaba muy lejos de ser para él una sorpresa. Había sido pactado previamente como forma de estar en el gobierno sin estar. En cualquier caso de esta manera Pujol pasaba a controlar indirectamente los proyectos de infraestructuras del Estado en Cataluña y, especialmente, el del AVE. La prensa de la época no ocultó que había sido el mismo Pujol quien había “sugerido” desde la Generalitat el nombre de Vilalta. Ahí están las hemerotecas.

Vilalta fue el padre del primer trazado del AVE por Cataluña. Creo -no estoy seguro- que posteriormente el Ministerio de Fomento le compró los estudios a la Generalitat. De aquel proyecto al trazado actual del AVE ha habido mil idas y venidas. Tantas que la actual ministra de Fomento se encontró con que tenía que ejecutar un pacto político que priorizaba los intereses electoralistas a los técnicos. Todas las partes implicadas cambiaron varias veces de opinión sobre este trazado, dependiendo de los vientos circunstanciales que corrían, pero el acuerdo final lleva la firma de todos los partidos - todos, desde el gobierno popular, a la Generalitat de CiU y el Ayuntamiento tripartito-.

Si los políticos que firmaron ese pacto eran inteligentes sabían perfectamente que el trazado estaba lleno de riesgos. Y si no lo eran, me reservo la opinión que me perecen. Pero lo que los técnicos implicados vieron con claridad desde el primer momento es que se estaba confeccionando un traje con medidas diversas, que tenía que contentar a todo el mundo sin satisfacer a nadie. Por eso ha reventado por las costuras en cuanto los intereses electorales han variado.

Pero nada de esto tiene la más mínima importancia.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...