viernes, 24 de septiembre de 2021

Alain Minc

Crear una empresa es una tarea tan procelosa que cuando consigues el último sello y la pones en marcha, es decir, bajo la lupa de Hacienda, estás agotado y sólo tienes ganas de no hacer nada. Uno, ingenuamente, pensaba que la administación está para ayudar y tender puentes, no para ponerte trabas. Pero lo peor es que aquí, en Cataluña, tenemos varias administraciones y cada una exige su tributo burocrático. 

Las ventanillas siempre tienen sed.

Pero ya estamos en marcha, ilusionados y con buenas perspectivas.

He terminado Ma vie avec Marx, de Alain Minc. 

Me ha gustado. Creo que es el mejor de los libros que he leído de Alain Minc. Está lleno de sugerencias que te van dejando abundantes motivos para pensar a fondo el presente.

Sin embargo...  al cerrarlo me he encontrado con la misma sensación de precipitación que he notado en otros libros suyos. Me parece que de vez en cuando a Minc le entran ganas de correr y deja a su lector -o, al menos, ese es mi caso- un poco desamparado, con ganas de que nos explique más despacio algunas de las ideas que nos ha ido mostrando solo a medias. Por ejemplo, la del estancamiento de la productividad en la era de las nuevas tecnologías. Esta es una preocupación central del presente que, sin embargo, él apenas insinúa y que cierra dándonos a entender que espera que no sea así. Yo, que aprecio mucho la agudeza analítica de Minc, no tengo bastante con eso. A él, por respeto a su inteligencia, hay que exigirle mucho más. 

Me ha dejado un poco perplejo su reivindicación de Marx. Entiendo su reivindicación de lo que a su parecer representa: la ambición de una teoría rigurosa que se corresponde con una praxis  política que no conoce el desaliento. Me ha gustado porque en estos tiempos en los que animamos a los jóvenes a cambiar el mundo, mientras les negamos los intrumentos conceptuales que les permitirían comprenderlo, Marx se erige para Minc en el símbolo del compromiso de las virtudes téoricas con las prácticas. Pero hablar aquí de virtudes prácticas es hablar de virtudes política que, para el Marx dirigente social, incluyen un cierto componente maquiavélico y, por lo tanto, a mi modo de ver, lo que se nos acaba mostrando es que la razón teórica no cubre la destreza práctica. 

Marx es también un predicador y un habilidoso gestor práctico de su compromiso con la teoría. Y es todo esto lo que Minc parece querer resaltar cuando lo comprara con Adam Smith, Ricardo, Schumpeter, Kondratiev y Keynes. Ninguno de estos cinco es predicador. Más bien tienen alma de diplomáticos.

Marx es el predicador del Todo y, ciertamente, los otros cinco son diplomáticos de determinadas provincias del Todo. Pero hay, me parece a mí, una virtud en la renuncia a someter el Todo a una teoría, por muy ambiciosa que sea. Yo veo en esa renuncia precisamente la ambición del pensamiento liberal y conservador que reconoce que el Todo no encaja en ninguna teoría y, por lo tanto, admite que siempre actuamos con menos sabiduría de la que sería necesaria para garantizarnos el éxito.

¿Es Maquiavelo el suplemento que necesita la teoría para incrementar sus posibilidades de éxito?

En cualquier caso, bien pudiera ser que Alain Minc sea, efectivamente, el último marxista de Francia. Y no sé si de Europa. Y esto es lo que molestará a los marxistas elementales. ¡Bien por Minc!

Una cosa más: He entendido perfectamente las alabanzas que Minc dedica al emprendedor.

2 comentarios:

  1. "Las ventanillas siempre tienen sed" qué imagen tan poderosa. El mundo habría sido un lugar mejor sin Marx y sus idólatras, pero la realidad es la que es y hay que gestionarla

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  2. Tendrá algo que ver con Los Dioses Tienen Sed, que a D. Gregorio le gustan los franceses (Minc, por ejemplo) y Anatole, francés y France además. Era, creo, una alusión incomprendida. No hay que ser tan sutil, G.L. (al menos en las redes) Fue un rasgo de humor. Las tentaciones están para caer en ellas.

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