sábado, 25 de septiembre de 2021

Dos cosas

La primera, la nueva entrega del Locutori.

La segunda, esto de hoy mismo de Fernando Savater en su columna de El País, "Conservador":

Los rótulos ideológicos tras los que nos parapetamos son cada vez más, según aumentan las identidades ofendidas y los derechos cantinflescos reivindicados. Pero hay una ideología compartida por todos, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, y de la que sin embargo pocos se enorgullecen: la conservadora. A nadie le falta un punto conservador en un aspecto o en otro, porque ser humano es elegir en el caos del mundo y de la vida algo que queremos ver perpetuado. A los demás animales la evolución les ha simplificado la tarea, inscribiendo en sus genes los gestos y preferencias a los que deben guardar fidelidad. En cambio nosotros estamos programados para autoprogramarnos (la inteligencia artificial no es la de ninguna máquina sino la nuestra) y debemos elegir el punto sólido, que quisiéramos inamovible, a partir del cual movernos, avanzar, explorar: necesitamos establecer lo que debe ser conservado para a partir de ahí revolucionarlo todo.

Para no ser conservador por imitación o rutina (fuentes habituales del instinto de conservación y del pensamiento reaccionario) hay que ser lúcido y, aunque suene paradójico, audaz. Actualmente en España el autor que mejor responde a este perfil es Gregorio Luri. Su último libro ―La mermelada sentimental, editorial Encuentro― es un buen compendio de sus ideas sobre educación (quizá su tema preferido), política, formas de ser y de dejar de ser de los españoles, ecología y hasta religión. Una prosa clara y contundente, una perspicacia que no desfallece y un humor sin el que no hay tarea intelectual digna de ese nombre. Una ráfaga a modo de aperitivo: “La política es el proyecto, siempre inacabado y siempre frágil, de establecer una relación comunitaria con el tiempo que nos permita dotar de historia coordinada a nuestros aconteceres personales y colectivos”.

6 comentarios:

  1. "Una prosa clara y contundente, una perspicacia que no desfallece y un humor sin el que no hay tarea intelectual digna de ese nombre."

    Piropo merecidísimo.

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  2. Enhorabuena, un elogio de Savater es un gran premio.

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  3. Todavía sobre el conservadurismo:

    “La civilización significa fundamentalmente conversatio civilis. (...) La civilización designa fundamentalmente un ideal de comunicación. No cualquier tipo de comunicación, sino aquella que es concebida sobre el modelo de lo que se puede obtener o debería poder obtenerse en la ciudad, entre aquellos que comparten la condición de civis y que, por ello, merecen ser llamados civilis. La ciudad es precisamente esto: un espacio que se define por la posibilidad de la comunicación a través del lenguaje (…). Su ideal es la extensión de la comunicación entre todos los hombres. (…)
    Lo que mueve a los que entienden que la preocupación por la civilización es la piedra angular de su actitud conservadora en general, es la atención que prestan a esta conversación civil. Todo se sostiene sobre un juego de palabras. Si se me permite simplemente cambiar dos consonantes, como en una especie de retruécano, propondría la fórmula siguiente: el conservador es fundamentalmente “conversador”. (…) El rechazo de la comunicación –en otras palabras, la barbarie– forma parte de una actitud más global en relación al Ser en general, la del rechazo de la continuidad. Se pone de manifiesto de un modo particular en nuestra actitud con relación al pasado. Una ruptura deliberada con el pasado implica una pérdida de civilización y permite presagiar una cierta forma de barbarie, entendida en su acepción habitual, como estupidez y crueldad. Los ejemplos históricos son numerosos. Entre otros, la Revolución Francesa puede ocupar un lugar honorífico (o vergonzante). (…)
    Quizás será oportuno recordar aquí un recuerdo personal que concierne a la manera como adquirí una concepción más positiva del conservadurismo. No hace mucho, me vi obligado a someterme a una operación, y me extirparon treinta centímetros de intestino… Quizás ustedes habrán ya adivinado que sobreviví a esta operación… Pues bien, una vez realizada, el cirujano me comentó que podría haber extirpado una parte todavía más grande del intestino. Pero añadió: “Yo defiendo una cirugía de estilo conservador”. Con esto quería decir –y la expresión es corriente entre los médicos– que siempre procura salvar de un órgano tanto como sea posible sin poner en peligro la vida o la salud del paciente. En contrapartida, no duda en extirpar todo lo que podría conllevar consecuencias negativas e incluso mortales para los pacientes que trata. Lo que quiero decir con esta anécdota es que la continuidad no es lo mismo que la inmovilidad, no es la obstinación de aferrarse a lo que hay. Al contrario, es la voluntad de seguir adelante. Permítanme el atrevimiento de dar un paso suplementario más, pequeño pero importante: es la voluntad de “continuar” en sentido fuerte. Ello implica transmitir lo que ya es para enriquecer lo que todavía no es pero es deseable que vea la luz, implica hacer que la herencia del pasado enriquezca el futuro. En una palabra: implica hacer historia. La historia es una forma de conversación. (…)

    RÉMI BRAGUE, Des vérités devenues folles.

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  4. Una persona conservadora generalmente es considerada enemiga de la libertad, o por lo menos es acusada de desconfiar de la libertad humana, de ser pesimista y albergar dudas sobre el agente de esta libertad, de modo tal que desea poner límites a su progreso. En realidad, los conservadores simplemente son conscientes de las cargas que deben soportar las espaldas del hombre en tanto que ser libre. Saben que todo lo que lleva consigo la marca de la humanidad, como los logros de la historia, depende de la voluntad de la gente que sea preservado. Si esta voluntad desapareciera, tales logros se hundirían y desaparecerían para siempre. Si me puedo permitir un juego de palabras –pero los juegos de palabras pueden capturar verdades profundas– el conservadurismo es una cuestión de mantenimiento. Los verbos “conservar” y “mantener” no son estrictamente sinónimos, pero recubren en buena parte el mismo significado. Conservadora es la persona que tiene conciencia de la necesidad de un mantenimiento de las cosas humanas en su integridad.
    Reconocer la presencia del logos en las cosas nos permitiría tener una visión más amplia de lo que es el conservadurismo, contestando de este modo a una sospecha que suele suscitar la idea misma de una posición conservadora. La crítica es fácil: “Pretendéis defender el orden público (…); en realidad, tenéis miedo ante las reformas o cambios sociales de cualquier tipo que pudieran poner en peligro vuestra posición de miembro privilegiado de una élite de poder, etc.”. La misma crítica ser puede formular ante las tentativas de salvar, digamos, la civilización occidental. Porque sería tan fácil como en el caso anterior argüir que difícilmente podemos dar por supuesto que esta cultura merezca ser preservada. Su historia no está hecha de mármol, sino de “piedras vivientes” que pueden ser de pecadores. “Vuestra pretendida defensa de la civilización se reduce a una empresa parroquial a beneficio de unos pocos”. Sin embargo, en adelante lo que urge salvar ya no es un sistema político particular, ni tampoco una civilización determinada. Es la humanidad entera, el animal que habla, el animal que mantiene una conversación, que alberga dudas sobre su propia legitimidad y que tiene necesidad de razones para querer llevar más lejos la aventura humana.”

    RÉMI BRAGUE, Des vérités devenues folles

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  5. Perdón por la extensión de las citas. Ignoro, Gregorio, si la nueva editorial que fundas con tres amigos va a publicar también traducciones (no he sido capaz de encontrar en google algún sitio donde se anuncien sus primeros títulos). Si fuera el caso, este libro de Brague bien lo merecería. Un abrazo.

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    1. Querido Xavier, sí, esa es nuestra iintención, pero a medio término. Queremos ir paso a paso y pisando sobre seguro. Tenemos un proyecto que creo que es erio y riguroso, pero, sobre todo realista. No soñamos con hacernos millonarios, pero sí con no tener pérdidas.

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