lunes, 8 de diciembre de 2014

«Yo, Francisco Sánchez, hispano nacido en la ciudad tudense ...»

Aunque sabía de la existencia de Francisco Sánchez (Tuy, 1551 - Toulouse, 1623), reconozco que nunca me había detenido a leerlo. Debo agradecer a don Marcelino Menéndez Pelayo que me lo haya presentado y, sobre todo, que haya azuzado la intensidad de mi lectura (la filosofía al fin y al cabo es una intensidad) al asegurar que no hay páginas, en todo el siglo XVI, escritas con mayor libertad filosófica que las del Quod nihil scitur de este librepensador gallego. 


Juzguen ustedes mismos:

"Innato es en los hombres el deseo de saber, pero a pocos es concedida la ciencia. Y no ha sido en esta parte mi fortuna diversa de la del mayor número de los hombres. Desde mi primera edad fui inclinado a la contemplación de la naturaleza y a inquirir menudamente sus secretos. Y aunque al principio mi espíritu, ávido de saber, solía contentarse con cualquier solución, no se pasó mucho tiempo sin que la saciedad me obligase a arrojar tan indigesto alimento. Comencé entonces a buscar algo que mi mente pudiese comprender con exactitud, y en cuyo conocimiento pudiese reposar, pero no encontré nada que llenase mis deseos. Revolví los libros de los antiguos, interrogué a los doctores presentes: unos me respondieron una cosa; otros, otra; nadie me daba respuesta que verdaderamente me satisficiese [...]. Entonces me encerré dentro de mí mismo y comencé a poner en duda todas las cosas como si nadie me hubiese enseñado nada, y empecé a examinarlas en sí mismas, que es la única manera de saber algo. Me remonté hasta los primeros principios, y cuanto más pensaba, más dudaba; nunca pude adquirir conocimiento perfecto. [...] Volví a acercarme a los maestros y les pregunté por la verdad. ¿Y qué me contestaron? Cada uno de ellos se había construido una ciencia con sus propias imaginaciones [...]. Los infelices los creen, vuelan a coger los libros de Aristóteles, los leen y releen, los aprenden de memoria, y es tenido por más docto el que mejor sabe recitar el texto aristotélico. Si les niegas algo de lo que allí se contiene, te llaman blasfemo; si arguyes en contra, te apellidan sofista. ¿Y qué les vas a hacer? Si quieren vivir eternamente engañados, que vivan en buena hora. No escribo para tales hombres, ni me importa que lean o no lean mis escritos. No faltará entre ellos alguno que, leyéndolos y no entendiéndolos (porque el asno, ¿qué sabe del son de la lira?) querrá herirme con venenoso diente. [...]. Yo me dirijo tan sólo a aquellos que están acostumbrados a no jurar en las palabras de ningún maestro y a examinar las cosas por sí propios, sin más criterio que los sentidos y la razón. [...]. Mi juicio será libre, pero no será irracional. [...]. En la república de las letras, en el tribunal de la verdad, nadie, nadie juzga, nadie tiene imperio, sino la verdad misma. [...]. Y no por eso te prometo la verdad, porque yo la ignoro lo mismo que todos los demás; pero te prometo inquirirla en cuanto yo pueda, para ver si sacándola de las cavernas en que debe estar encerrada, puedes tu perseguirla en campo raso y abierto. Pero tampoco tengas muchas esperanzas de poder alcanzarla nunca, ni menos detenerla; conténtate, como yo, con perseguirla. Este es mi fin; este es mi objeto. [...] No esperéis tampoco de mi un estilo culto y adornado. ¡Ojalá pudiera yo escribir así! Pero entretanto que me pusiera a escoger las palabras y a buscar giros elegantes, la verdad se me escaparía de entre las manos. Si buscas elocuencia, pídesela a Cicerón, que la tenía por oficio; yo, bastante bien habré escrito si escribo la verdad. Eso de las bellas palabras quédese para los poetas, para los cortesanos, para los amantes, para las meretrices, para los rufianes, aduladores, parásitos y otras personas semejantes a éstas y que precian en mucho el bien hablar. Lo que a la ciencia le basta y lo único que en ciencia se requiere, es la propiedad de lenguaje. Tampoco me pidas mucha autoridad ni gran reverencia con los maestros, porque esto más bien sería indicio de ánimo servil e indocto, que de un espíritu libre y amante de la verdad. Yo sólo tengo por guía a la naturaleza. La autoridad manda creer; la razón demuestra; aquélla es más a propósito para la fe, ésta para la Ciencia".

Estas palabras fueron escritas en 1576. Descartes escribió su Discurso del método en 1637.

Don Marcelino, además de jalear "el verbo de la emancipación filosófica proclamado por Francisco Sánchez" (otra muestra de su acendrada carcundia, claro) llama la atención sobre una característica que comparte con Kant: "el tedio de pensar".

18 comentarios:

  1. Va quedando claro que la fama de D. Marcelino era una caricatura, D. Gregorio, lo mismo que había sucedido con los neocon

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  2. Que conste que el primer sorprendido de ver a don Marcelino loar la emancipación filosófica soy yo. ¡Y no sabe usted lo que me estoy divirtiendo!

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  3. Parecido me ha pasado a mí cuando, tras tantas vueltas, he descubierto que Cole Porte ya lo había dicho:

    “If you want a future, darling
    why not get a past?”

    (“Let’s Misbehave”)

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    1. Hubiera sido un magnífico lema para las jornadas sobre la transmisión.

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  4. Si no me llega la mandíbula más abajo es porque está el suelo. Desconocía este escrito pero desde luego irradia cartesianismo con una intensidad apabullante.

    Indago y descubro que Francisco Sánchez nació en 1551, esto es, ¡cuarenta y cinco años antes que el padre del "Método"!, lo cual representa una "precocidad" de tres generaciones (si seguimos el cómputo orteguiano).

    Y rastreando, rastreando me encuentro con que Pierre Daniel Huet llegó a decir que la "Duda metódica" plagiaba al pensador tudense. No me extraña esta sospecha, aunque el azar y el espíritu del tiempo pueden jugar estas pasadas.

    Esto impresionado, lo confieso.

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    1. Rafael, si al "Quod nihil scitur" (1576) de Francisco Sánchez le añades la "Antoniana Margarita" (1549), del también médico español Gómez Pereira, lo que aparecen son dos antecedentes de Descartes que sitúan en un una dimensión desconocida a la la filosofía hispana del XVI.

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    2. Después de esto creo que necesito un trago.

      Ya lo decía Humphrey Bogart: "No me fío de nadie que no beba; el mundo entero lleva tres copas de retraso".

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  5. "Que nada se sabe"..., no es de extrañar que se le conozca como "el Escéptico". También se habla de su obra como criptojudaica.

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  6. No quiero...interrumpir tal regocijo formado entorno al pre-cartesianismo españolizado, pero me parece una osadía que pagarán cara, el comparar o mejor dicho el asemejar este buen hombre de origen portugués que no español, con el autor de la razón y el método cartesiano. Yo que no lo conozco salvo por la wikipedia (que vergüenza la mía!) me juego con Uds unos vinos y unas croquetas, a que el tal Sanchez era antes neoplatónico que des-cartesiano.

    H. de Wittenberg.

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    1. Don H., me reafirmo en todo lo dicho.
      Comenzando por el título del post.
      Respecto al neoplatonismo que supone usted... pues si un neoplatónico puede ser un nominalista completamente contrario a la teoría de las ideas y a la de la reminiscencia, que defiende que todo es particular y se perciben únicamente individuos, sea, es neoplatónico.
      "Tú no me puedes entender porque no sabes nada, y como yo también lo ignoro todo, tampoco te podría persuadir de ello, por mucho que me empeñara".
      "¿Cómo te atreves a hablar de proposiciones eternas, incorruptibles, infalibles, tú, miserable gusano, que ni siquiera sabes quién eres, ni de dónde vienes, ni a dónde vas?".
      Digamos en conclusión que es tan fácil hacer de Sánchez un neoplatónico como hacerlo de Pirrón.

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  7. Sí tendra Ud razón, en que el Uno que le habla no sabe Nada. Pero, sánchez estudió en ambientes peculiares y comunes a Servet y a G. Bruno, y su mal llamado sképticismo, me lleva tanto más a Hume e incluso a Leibniz,que a Descartes. Descartes, al fin y al cabo, fue un tramposo de la "duda metódica". Duda infantiloide y pueril, la de Descartes. Ahora, que si también me asemejan Descartes con Hume, entonces "tampoco os prodría persuadir de ello, por mucho que me empeñara".

    H- de Wittemberg

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  8. Dice nuestro sánchez: "“Y ojalá fuera yo el Mercurio de nuestros Eneas, para que se volviesen
    hacia la naturaleza, abandonando la endeble y hechicera Dialéctica; tal vez llegarían a ser dueños de buena parte del mundo”.

    Y les recomiendo este ar´ticulo sobre él: http://www.ahf-filosofia.es/biblio/docs/OrdenJimenez2.pdf

    Donde se dice cosas como estas:
    "Dos han sido los paradigmas dominantes en la interpretación de su obra
    filosófica desde los primeros estudios monográficos que desde la segunda
    mitad del siglo XIX se le han venido dedicando. Tales estudios, amparados
    en los escasos datos que venían transmitiendo los manuales de historia de la
    filosofía, optaban, bien por catalogarlo como un empirista que anticipaba las
    tesis de la escuela baconiana –tal es la interpretación del portugués Teçofilo
    Braga– o bien por considerarlo un filósofo dogmático precursor de la tradición
    cartesio-kantiana –así lo dio a conocer entre los españoles Menéndez
    Pelayo–. Ambas interpretaciones se basaban, fundamentalmente, en el Que
    nada se sabe, pero ambas habían de hacerlo acudiendo a afirmaciones esporádicas
    que, al estar insuficientemente desarrolladas y argumentadas, impedían
    darlas por sólidas y definitivas1.
    Las dos interpretaciones, sin embargo, compartían una misma aspiración
    hermenéutica, a saber, la de evitar que a Sánchez se le tuviese por un mero
    escéptico, tal y como había sucedido generalmente hasta entonces."

    El melancólico de Wittenberg

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  9. Tú no me puedes entender
    porque no sabes de nada,
    y como yo,
    también lo ignoro todo,
    ni podría persuadirte de ello,
    por mucho que me empeñara".
    Le ha salido a Sánchez una bonita rima y dice que no es poeta?
    HdW

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  10. Joder! cuánto ha escrito estos últimos días Gregorio! He ido tirando p´atràs...lo recordaba más reciente sus post sobre Don Menéndez Pelayo....
    Mire por dónde! que me encontré en una librera de descatalogados unos libritos finos pero delicados acerca de la colección "La Matemática en sus personajes" (maravillosa, pero solo pude comprarme 2). Uno de ellos, lo comencé enseguida, me quemaba...se titula "Da Cunha, Matemático, Hereje y Poeta" del profesor de Historia de la Matemática (da una Máster sobre el asunto en Ourense creo...) Dr. Xenaro García.
    Bueno pues me encuentro con una cita a nuestro Menéndez Pelayo sobre el personaje en cuestión (el indescriptible Da Cunha) y sabe qué dice el bueno de Pelayo??

    Pues Don Menéndez Pelayo habla de él (Da Cunha fue un protegido del Marqués de Pombal), no en términos de matemático (desarrolla el cálculo infinitesimal, como Leibniz, pero en portugués!) sinó en términos de poeta!!! que también lo fue! Ve como la poesia y el cálculo infinitesimal son dos brazos del mismo cuerpo!!!
    Bien dice: "La obra de Pombal había engendrado sus naturales frutos....entronizada en las aulas la filosofía sensualista....(tiene guasa o mala leche este Pelayo) ...quizás la posteridad respete más su corona de poeta (sigue la mala leche). Así y todo no es.....abunda en galicismos y todavía son más galicanos sus pensamientos que sus frases (joder que mala milk). Pero no era "materialista vulgar". Como hombre de alma lírica y soñadora, tendía más al panteísmo naturalista e invocaba el alma del mundo, esencia incomprensible,......" Y sigue Pelayo dándole al fenomenal Da Cunha.
    Fíjese lo que dice Menéndez "no era materialista vulgar" (cómo no diferenciarlo entonces del cartesianismo o el newtonianismo, por ejemplo...) y luego dice era propenso a un "panteismo naturalista"....Con estos dos calificativos Menéndez me da la razón: hay dos materialismo distintos. El Vulgar y el no-vulgar. El no-vulgar es un materialismo cercano al panteismo!!!! y Da Cunha era judío converso!! sospecho!! Todo esto se pone muy interesante.....este materialismo que no lo-es y sí lo-es, incluso para el ilustradísimo Menéndez Pelayo.

    Henri dein Wittenberg

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    1. Le añado que don Marcleino estudió en la Universidad de Barcelona y que hablaba perfectamente catalán.

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  11. Sí y yo también (estudié y estudio en ellas), y lo que es hablarlo, lo hablo mal pero escribirlo peor!
    Por eso nunca llegaré a ser un Pelayo, aunque la verdad sí hubiese deseado ser un Da Cunha!

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