domingo, 18 de mayo de 2014

La dudosa solemnidad del origen y la dudosa utilidad de señalarlo

Domingo extraño este, que me mantiene inválido, con una rodilla lamentablemente caprichosa, que se queja en cuanto me pongo de pie, así que me muevo de libro a libro, yendo de De Maistre a Michel Foucault.

Leo en Nietzsche, la genealogía y la historia, de Foucault: "La historia también enseña a reírse de las solemnidades del origen… El origen es siempre anterior a la caída, anterior al cuerpo, anterior al mundo y al tiempo: está del lado de los dioses y, al relatarlo, se entona siempre una teogonía. Pero el principio histórico es bajo. No en el sentido moderno de modesto o discreto como el paso de las palomas, sino de irrisorio, irónico, apropiado para desbaratar cualquier engreimiento".

Yo no soy muy devoto de Foucault porque me parece que se queda tan satisfecho de sí mismo mostrando lo obvio, pero le cuesta preguntarse por el sentido terapéutico de lo obvio. De hecho, lo que la historia nos enseña una y otra vez, antes y después de Foucault, es que corres muchos riesgos si te ríes de las solemnidades del origen en público; que, efectivamente, en el origen de las naciones -tal como es relatado retrospectivamente- siempre hay una teogonía… que todo pueblo necesita creer en sí mismo mintiéndose.

Sostenía Ernest Renan en ¿Qué es una nación?: “Un pasado heroico, grandes hombres, la gloria, éste es el capital sobre el que se asienta una idea nacional”. Foucault es bueno poniendo de manifiesto los límites conceptuales de Renan; pero no parece ser capaz de preguntarse si, a pesar de todo, Renan describe bien la realidad política.

2 comentarios:

  1. El gato de Schrödinger1:30 a. m., mayo 19, 2014

    La idea de nación en Renan es muy republicana, a diferencia de Fichte, por ejemplo.
    Me hace pensar también que los regeneracionistas deberían haber leído a Renan, y pienso especialmente en Joaquín Costa, en el sepulcro del Cid y las siete llaves.

    Acabo de leer un libro que me ha causado una profunda impresión, por su lucidez y su clarividencia: Suicide of the West: An Essay on the Meaning
    and Destiny of Liberalism
    (1964), de James Burnham.

    Me pregunto si lo conoce. En caso negativo, póngalo en la lista de la compra.

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    1. He escrito sobre él en mi libro sobre el neoconservadurismo. Es autor también de
      The Managerial Revolution. Si con el primer libro nos lleva al tío Krisotl, con el segundo, nos lleva al tío Orwell.

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