jueves, 28 de marzo de 2013

Abandonado por todos


Antonio de Bellis, La ridiculización de Cristo

Circula por Facebook un chiste que asegura que "Cristo murió por tus vacaciones". Aceptemos que esto es lo que hay. Pero aceptémoslo de verdad, porque, a mi modo de ver, la única posibilidad que le queda al cristianismo en Europa, si quiere ser algo más que una expresión anecdótica de lo que una vez fue, es empaparse de nihilismo ambiental hasta el extremo de entender la necesidad de desembarazarse del mismo y afirmar lo serio.

Pienso en aquella idea de Schopenhauer según la cual la crucifixión de Cristo no está ahí solamente para recordarnos el sufrimiento universal y despertar nuestra compasión, sino, sobre todo, para recordarnos que ha llegado la hora de poner el punto final a nuestras esperanzas de un mundo mejor, a nuestras ilusiones sobre Dios, el futuro, la amistad... o el amor. La realidad, la única realidad, dice Schopenhauer, es ese hombre clavado en una cruz y abandonado por todos. En mi humilde opinión, hoy es imprescindible abrazar esta imagen con toda nuestra fuerza porque es este abrazo lo único que puede abrir el espacio que nuestro tiempo es capaz de crear para la epifanía de lo sagrado.

Espero que alguien me entienda.

14 comentarios:

  1. Gregorio, ¿por qué no asumir el infinito manifiesto en nuestro encontrarnos ante y con los otros? Esa apertura al infinito, o ese recibir el infinito, en relación a un otro está más allá del espacio, más acá de cualquier imagen o parábola... algo cierra el encuentro, un punto al infinito. Tal vez las cargas eléctricas puntuales no puedan existir; pero sí, sin duda, las cargas afectivas puntuales y la curvatura infinita de su campo en la experiencia del encuentro.

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    1. Es que me parece que el encuentro con el otro ya está previamente condicionado por expectativas bien finitas y concretas. Conozco a Buber y toda esta cosa del cara a cara. La he utilizado para pensar la relación docente-discente, pero como relación genérica entre adultos... yo no le pido tanto a los otros ni me pido tanto a mi mismo. En la mayoría de los casos con una higiénica distancia tengo bastante. En algunos casos concreto hago lo posible por no darme de bruces con el otro.
      Quiero decir que el otro es también Caín.

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    2. Por supuesto, no me refería a cualquier relación con cualquiera, sino a aquellas ocasiones notables en las que se da el encuentro y el encontrarse mutuamente como epifanía. Yo tampoco gozo de esa grandeza en el perdón que me haría recibir a todo otro en la desmesura de la gracia. Yo no soy el Tiempo. Aunque creo que su abrazo expresa un deseo similar. No estamos condenados a un desencuentro permanente, de cuando en cuando, vivimos nuestras epifanías. Tal vez con un otro, tal vez con el echo bruto de existir, sin ir más lejos... según mi forma de entenderlo, siempre como intercesión en lo infinito.

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  2. Ese alguien no soy yo, lamentablemente. Una vez más "me ejercito en fracasar". Aunque me quedo conformado con la esperanza de "la epifanía de lo sagrado".

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  3. Quizás todo sea más sencillo, al fin y al cabo ni sabemos seguro si le crucificaron. Todos y cada uno de nosotros estamos abandonados en la Tierra. No puedo abrazar esta imagen, porqué es la imagen de la nada, del vacío, vacío como el horizonte de nuestro rostro y el alma atea que no tengo.

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  4. Es el abrazo a todo lo que está más allá de nosotros. Sagrado es todo lo que nos trasciende, ya sean nuestras obras, nuestros pensamientos, nuestros deseos, que sin el otro no son nada. En el abrazo al otro es donde el yo tiene sentido.

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  5. Comprenderte, sí, por supuesto; entenderte, sin embargo, me parece tarea imposible. Lo mío de hoy e sun apunte marginal a propósito de la iconografía crística. No soporta la idealización eurocéntrica de la imagen de Cristo,lo siento. Hace años en el País semanal apareció una imagen plausible, verosímil de cómo pudiera haber sido la imagen del Cristo histórico, un judío de Palestina, de piel tostada, cabello rizado, acaso fiera mirada oscura, no excesivamente alto y corpulento. Con esa imagen, dudo mucho de que hubiera tenido tantos seguidores, y sobre todo seguidoras, el Cristo feminizado y atlético de dulcísima mirada azulona, espigado como buen nórdico y de facciones románticas, "a lo Bécquer" (pocas admiradoras le quedarían al sevillano si contemplaran sus últimos retratos de poeta burgués engordado y panzón). Creo que fue en "Rey de Reyes", aunque no estoy seguro, la única película en que se renunció a ofrecer una imagen real del Cristo y solo se le veía de espaldas en toda la película. Me pareció un acierto, un respetuoso acierto. Lo demás, idealizaciones de calendario... místico.
    Por cierto, Savater incluía en su último artículo la perla que más le había gustado del nuevo papa: "Si dejamos de caminar, nos paramos". Añadía, el socarrón easoniano, que eso se le había ocurrido antes de recibir el auxilio privilegiado del Espiritu Santo...

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  6. Cristo murió por (las) vacaciones de aquellos que se pueden ir de vacaciones (trabajadores contratados por el Estado...básicamente).
    Antonio el del Columpio

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  7. El día de Viernes Santo, nuestra mirada está fija en el Cristo crucificado, pero el Sábado Santo es el día de "la muerte de Dios", el día que muestra la experiencia sin paralelo de nuestra época, anticipando el hecho de que Dios está simplemente ausente, escondido en la tumba, no habla, ya no está despierto; así que ya no se necesita negarle, con ignorarle es suficiente. "Dios está muerto y le hemos matado". Éste dicho de Nietzsche pertenece, desde el punto de vista lingüístico, a la tradición cristiana de la Pasión; expresa el contenido del Sábado Santo, "descendió a los infiernos".....el descenso del Señor a los Infiernos nos recuerda que el silencio de Dios es también parte de la revelación. Dios no es solo la palabra comprensible que nos llega; el también es el inalcanzable, incomprendido e incomprensible fondo que nos evita. No hay duda de que en el Cristianismo hay una primacía del logos, de la palabra, sobre el silencio; Dios ha hablado. Dios es la palabra. Pero por esto no debemos olvidar la verdad de la ocultación duradera de Dios. Sólo cuando le hayamos experimentado como silencio podremos oír sus palabras, las cuales nos vienen en silencio. Joseph Ratzinger, Introducción al Cristianismo.
    Pedro L.

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    1. ¡Cuánto añoro la inteligente sobriedad de Ratzinger!

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  8. me da que el tocayo mio argentino es muy farandulero.

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  9. Sé que va muy en serio, pero me has provocado saludables carcajadas matinales.Yo también le añoro, pero, caramba, siempre siendo minoritarios, qué cansancio. Este nuevo Papa arrasará.

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  10. D. Gregorio: Que no le quepa ninguna duda de que ud. no es el único.
    Saludos
    Pedro L.

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  11. la vida es un misterio saludos D Gregorio

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