viernes, 2 de diciembre de 2016

Aprender a morderse la lengua

Cuenta Liah Greenfeld en un pequeño ensayo de homenaje a su maestro Edward Shils (incluido en la recopilación titulada Pensar con libertad, Arpa, octubre de 2016) que en una de sus primeras clases, discrepó abiertamente de lo que Shils estaba defendiendo y que este le pidió que aprendiera a morderse la lengua y a justificar sus objeciones por escrito, porque él era la única persona que hablaba en sus clases. Cuando Liah le entregó su escrito, Sihls la citó en su casa. Nada más abrirle la puerta le dijo: "Discrepo de todo lo que usted escribe. Pero creo que lo que usted tiene que decir es muy importante, y quiero que escriba y publique un artículo sobre este tema". 

Pero Shils no se conformaba con eso. Quería, sobre todo, que Greenfeld escribiera su artículo bien y por eso en los meses que siguieron la obligó a redactar hasta tres borradores del mismo, "forzándome a reforzar y ayudándome a pulir el argumento cuya intención era demostrar que él se equivocaba".

Concluye Greenfeld: "lo que a él le importaba no era si él estaba o no en lo cierto, sino la Verdad".

Traigo este caso al Café de Ocata porque es un magnífico ejemplo de lo que un pedagogo innovador a la violeta no hará nunca, dado que, para empezar, es constructivista y no cree en "la" Verdad. Pero además el pedagogo innovador hablará poco en clase, fomentará que sus alumnos reflexionen en equipo y si tiene que llamar la atención a alguien, lo hará con el alumno que esté en silencio (mordiéndose la lengua o no), por acrítico, heterónomo y pasivo. No forzará a nadie, porque no posee ninguna autoridad que imponer, ni considerará que el centro de la clase sea el saber, sino la actividad del alumno, porque ya se sabe que lo que entra por el oído se olvida pronto. Para finalizar, les pedirá a sus alumnos -si se lo pide- un resumen de medio folio sobre los conocimientos que ellos mismos han construido. 

Lo sorprendente es que con métodos tan arcaicos, pasivos y poco innovadores, Liah Greenfeld haya conseguido ser un referente internacional de las ciencias sociales.


Melancolía pedagógica

Ayer, cuando volvía en tren a Ocata después de mi viaje por Sevilla y Huelva, me encontré con una antigua alumna. Fue, de hecho, una alumna del último COU que tuve, es decir, del último año que pude hacer de profesor de filosofía en un instituto.

El programa de COU era extenso y me preocupaba más la historia de la filosofía que los autores que "entraban" en selectividad. Por eso, completando lo que hacíamos en clase, cada trimestre leían un texto filosófico un poco complejo. Eran libros como la Apología de Sócrates de Platón, El Discurso del método de Descartes, o el Cándido de Voltaire...

Pero es que, además, teníamos tiempo en clase -casi lloro de emoción al recordarlo- para desmenuzar la Crítica de la razón pura, de Kant. ¡Y aún acababa yo con mala conciencia porque Hegel lo veíamos demasiado superficialmente!

No me parece -por decirlo así- que aquellos alumnos de COU estén hoy incapacitados para enfrentarse a los retos del siglo XXI, ni que sean menos creativos o críticos o autónomos que los que vinieron después. Lo que sí puedo asegurar es que, al constatar las dificultades crecientes de comprensión de mis alumnos que venían de la ESO, comencé eliminando los libros de lectura trimestral y sustituyéndolos por textos seleccionados y "editados" para que fuesen de fácil lectura y que cada año iba reduciendo estos textos, porque si tenían más de 500 palabras mis alumnos se perdían. 

Al pan, bread, y al vino, wine

Los deberes, como todo el mundo sabe, son malísimos, secan el cerebro de los niños y vampirizan la alegría familiar. En cambio el homelearning es lo más: dinámico, práctico, variado, colectivo y transversal. Y, por si fuera poco, "supone aprendizaje significativo, implica muchas más competencias y aporta valor al aprendizaje". En definitiva, que la raíz de todos nuestros males es nuestra incapacidad para llamar al pan bread y al vino wine.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Al volapié

I 
El reclamo de la noche: espigo notas de estos días.


II.
Jünger, Sobre los acantilados de mármol
"Los jefes también deliberan las vísperas de las batallas perdidas" 


III
Escatología popular:

En un cementerio entré,
pisé un hueso y dio un 'quejío':
"No me aprietes con el pie,
que soy tu madre, hijo mío,
la que a tu cuerpo dio el ser".


IV
Cantaba Angelillo:

Si esto se ha torcío
no ha pasao ná
si ésta no ha salío
otra me saldrá
yo estoy convencido que saldré
y otra vez
vuelta a empezar"

V
Del anónimo autor del Sobre lo sublime:

"Puede sacarse la conclusión de que aquello que es útil y necesario al hombre 
está siempre a su alcance, pero que es lo extraordinario lo que suscita su admiración"

VI
Aquella canción que escribiera Bobby Capó 
y que con tanto éxito cantara Lorenzo Gonzáles, 
Cabaretera:

"... el cielo será cielo
la tierra será tierra
la vida será siempre, siempre igual..."

VII
He encontrado una joya en un librero de viejo de la Plaza Nueva


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Siltolá, la isla del Parnaso


Mi mujer y Javier Sánchez Menéndez, camino de Siltolá. Yo sigo su estela.


Siltolá, como no podía ser de otra manera, está exactamente donde tiene que estar. 


Calle San Bernardo 24, Sevilla.


Yo no sé si leer nos hace libres. Nos hace, eso sí, más conscientes de los matices.



Para los que crean que la Isla de Siltolá no existe: la prueba de su existencia es que yo tengo el mapa.



Al fondo se encuentra Caridad. No muy lejos de Moby Dick.


Puesta de sol desde la Rábida


Quien diga que Huelva no tiene nada, es que no conoce ni sus nubes ni, sobre todo, sus puestas de sol. Aunque parezca mentira las gentes de esta tierra son tan orgullosas que ante el espectáculo fenomenal del ocaso, siguen a lo suyo y los hay que ni tan siquiera levantan sus miradas al cielo.


Cuando se contemplan esas puestas de sol desde el monasterio de la Rábida a uno se le encapricha el alma con melancolías de infinitud, y tiene que correr al claustro mudéjar, pero no a calmarlas, sino a abrevarlas con un padrenuestro.  Cuando decimos "santificado sea Tu nombre" conviene recordar que Su nombre verdadero es el "Padre Nuestro" que le acabamos de dar. Me ha sacado del claustro una llamada telefónica. Una anciana quiere hablarme de Ramón Mercader. Jugaba con él de niña en las calles de Barcelona. Ella quería ser princesa y él no la dejaba. Me asegura que tiene fotos y que tiene más cosas que contarme.


De lo infinito concreto a lo concreto histórico. Me encontré ayer en Sevilla con las obras completas de Aparisi, el gran carlista valenciano. Como sobrepasaban con mucho mi presupuesto, me tuve que conformar con el Del ser de España, de Joaquín Ruiz Jiménez. Me pareció barato, pero lo que a mi modo de ver le daba valor era la dedicatoria que el autor le dedica a Castiella: "A Fernando Mª Castiella, en la hora de su gallardo combate por España".  El sol es muy caprichoso. Tanto, que se pone mucho más rápido sobre unos que sobre otros.  

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...