Me envía Miguel Morey la portada de su última traducción de Colli, "La naturaleza ama esconderse", que está a punto de salir.
Heráclito conocía muy bien la querencia de la naturaleza por las afueras del saber. A mi me ha costado media vida entenderlo, pero cada día estoy un poco más convencido de que la naturaleza sólo se da en su rehusarse. Por eso todo lo que hacemos los desvalidos humanos no es, en el fondo, sino poesía sobre una ausencia. La ciencia (la exégesis del hecho), el mito (la exégesis del símbolo) y el arte (el baile sobre la tumba vacía) son las tres formas que tenemos de mentirnos que sabemos algo sobre la naturaleza. La filosofía es la conciencia de esa mentira y de sus formas.
No he leído este libro y, por lo tanto, no sé si Colli va por aquí o no, pero, sin duda, lo leeré con todo el interés que me merecen Morey y Colli.
Decía Baudelaire que el ser humano es un niño desorientado en un bosque de símbolos. Desorientado –añado yo- en más de un sentido. Por ejemplo ayer por la noche conocí a un cocinero, que no es nada malo en su oficio, que se jactaba de visitar cada semana el McDonald. Tardé lo mío en descubrir que lo que este cocinero entendía por una “comida rápida” no era precisamente un BigMac.
Sala de consultas de la Universidad de Barcelona. 150.000 ejemplares de los siglos XVI al XVIII esperan al lector. Aquí he pasado yo algunos de los mejores días de mi vida. Podría incluso hablar de los efectos terapéuticos de este lugar
Ando empeñado en analizar de qué son símbolos las bibliotecas. Sólo consigo dar pasos modestos, pero no del todo irrelevantes. Por ejemplo ya voy aclarándome de cuál es el uso real de las bibliotecas públicas barcelonesas:
Aseos públicos. He descubierto que en una ciudad sin aseos públicos, las bibliotecas públicas cumplen ese papel perfectamente, especialmente entre los jubilados.
Centros de asistencia social: El personal de las bibliotecas públicas desarrolla, de hecho, una función terapéutica, oyendo todo tipo de confesiones y ofreciendo consejos existenciales.
Lugar para leer la prensa del día y las revistas de la semana. La pena es que no puedes comentar las noticias con el vecino.
Lugar para jugar con los ordenadores.
Lugar al que se puede ir a solicitar el libro de moda que todo el mundo ha leído pero, sobre todo, a escuchar música o a pedir un CD para copiarlo en casa.
Guardería infantil. Los padres han descubierto esta dimensión desconocida de las bibliotecas públicas. Y hacen abundante uso de ella, especialmente a media tarde.
Espacio de estudios para estudiantes de bachillerato y universitarios y, por lo tanto, de relaciones sociales.
Biblioteca de Les Corts, esta misma mañana
Lo que no acabo de entender es ni por qué ni para qué se dedican tantos recursos públicos a estos centros polifuncionales llamados bibliotecas. Me temo que son símbolos de una fe que tarda en desaparecer: la del poder liberador de la lectura. Es un fe que afecta también a los defensores de la filosofía en el bachillerato. No tengo claro que comparta ni la una ni la otra.
Volviendo este medio día a casa en tren, después de un gratísico reencuentro en la biblioteca pública de Les Corts, un mendicante moderno ha ido repartiendo estos textos entre los viajeros. Comprenderéis que no he podido resistirme a hacerle una foto.
La verdad verdadera es que hoy me había propuesto escribir sobre la ciencia como símbolo de los neonaturalistas, pero me da pereza.
Ayer, la luna a media tarde, sobre las nubes escandalosas que surcaban los cielos de Ocata a la deriva.
La noticia viene recogida, aunque con un despliegue discreto, en todos los medios. La Agencia EFE la ha difundido con este titular: “La Novia de la Paz italiana deja Turquía en un ataúd tras ser asesinada”. "La novia de la paz" era la artista italiana Giuseppina Pasqualino di Marineo, conocida como Pippa Bacca.
Me cuesta ser comedido ante esta muestra de ingenuidad, tan europea. Aún no acabamos de darnos cuenta de que el mundo no tiene por qué obedecer a nuestras buenas intenciones. Creo que eso lo sabía bien Piero Manzoni, el tío de Pippa Bacca, pero Manzoni pertenecía a una generación que podía ahorrarse las buenas intenciones. Los jóvenes artistas, por el contrario, son demasiado beatos, aún creen firmemente en la nobleza del arte y, lo que es mucho peor, creen que se puede hacer arte con nobles deseos.
Pippa Bacca abandonó Milán el pasado 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, junto a su amiga Silvia Moro. El objetivo de ambas era llegar hasta Tel Aviv, haciendo autoestop vestidas de novias, para realizar así una performance que habían denominado “Brides on tour". Se separaron al llegar a Estambul el pasado día 19 de marzo.
"Era un trabajo basado en la confianza en los demás", ha dicho Rosalia Pasqualino di Marineo, la hermana menor de Pippa. Y ha añadido: “El traje era una metáfora del encuentro con el otro, la unión y la búsqueda de la parte femenina positiva, de la mujer como fuente de vida, estabilidad y sensatez.”
El fin de semana pasado Pippa fue violada, estrangulada y enterrada desnuda en el pueblo del noreste de Turquía por un hombre que la recogió en su coche. Todos –la madre de Bacca, Elena Manzoni, incluida- se apresuran a resaltar que era un desequilibrado.
Los políticos y periodistas turcos pugnan entre sí para ver quién consigue el lamento más melodramático. "¿Qué van a pensar en Europa de nosotros?", se preguntan.
Ausentes filhas do prazer: dizei-me! Vossos sonhos quaes são, depois da orgia? Acaso nunca a imagem fugidia Do que fostes, em vós se agita e freme?
N'outra vida e outra esphera, aonde geme Outro vento, e se accende um outro dia, Que corpo tinheis? Que matéria fria Vossa alma incendiou, com fogo estreme?
Vós fostes nas florestas bravas feras, Arrastando, leôas ou pantheras, De dentadas de amor um corpo exangue...
Mordei pois esta carne palpitante, Feras feitas de gaze fluctuante... Lobas! Leôas! Sim, bebei meu sangue!
“¿Qué pasaría si la radioactividad provocara picor?”
Esta es la respuesta de Ulrich Beck:
“Los realistas –también llamados cínicos- contestarán: algo inventarían, una pomada, por ejemplo, para ‘extinguirlo’. O sea, un negocio rentable y con futuro. Sin duda rápidamente surgirían explicaciones deseosas de causar un gran impacto público que afirmarían que el picor no tenía la menor importancia ni relación alguna con la radioactividad sino probablemente con otros fenómenos y que en ningún caso era nocivo: desagradable, eso sí, pero probablemente inocuo. Pero al final – cuando todos fuéramos por ahí con picores y la piel enrojecida y se celebrasen sesiones fotográficas con maniquís simulando reuniones de dirección de los institutos de mentirosos unidos mientras los interesados se rascaban sin cesar- habría que admitir que tales aclaraciones no tenían demasiada oportunidad de éxito. Con lo que la situación por lo que respecta a qué hacer ante uno de los grandes peligros modernos cambiaría completamente: sería culturalmente visible de qué se discutía y hablaba.”
La pregunta, ahora, necesariamente se modifica: “¿Contra qué picor Ulrich quiere ser pomada?”. ¿O no puedo incluirme yo mismo entre “los realistas, también llamados cínicos”?
Este es un post de agradecimiento. Vuestras respuestas a mi petición de ayuda del post anterior son tan generosas como interesantes.
El día ha comenzado con una reflexión de peso. El carraspeo de mi garganta era la confirmación de una noche de ronquidos. Una noche más, quiero decir. Le he dicho a mi mujer -y esta es la reflexión de peso- que si estuviese de verdad enamorada de mí sería feliz escuchando embelesada mis ronquidos, pasando noche tras noche en vela, sin cansarse de mis cavernosos estruendos guturales. Ella aduce que el despertador tiene razones que el corazón no entiende y yo me deprimo al constatar que a ciertas horas de la noche el tic-tac inapelable del reloj tiene más contundencia que mi carne enamorada.
Se lo he dicho bien claro: “Amor es apreciar los ronquidos de tu marido por encima de todo”. Os confieso que dudo de mi capacidad de convicción. ¡Qué raro es el amor!
Tenía que salir pronto para Barcelona y me he limitado a echar una mirada de reojo a este café. Ya había varias respuestas a mi petición de ayuda. No he podido comentar ninguna porque era miembro del tribunal de una tesis doctoral que se constituía a las 10 de la mañana. El doctorando ha sido el catalán-mexicano Javier Martínez Villarroya que ha tenido la osadía de firmar una tesis titulada “Las estructuras antropológicas del imaginario órfico”. El presidente del tribunal ha sido el gran Jaume Pórtulas, el secretario el no menos grande Miquel Morey, a los que acompañábamos Francesc Casadesús, Luis Garagalza y un servidor. Felicito desde aquí a Javier Martínez por su “Cum laude”. Después de la tesis, claro, comida. Mi diámetro se está dilatando peligrosamente y con él el recorrido interior de cada ronquido tiene más posibilidades para inflarse. Tengo que buscarle un arreglo a este asunto.
He llegado a casa cuando ha comenzado a llover. Con lo cual quizás en Cataluña no tengamos que bebernos nuestros propios orines reciclados... por ahora. Vivo en Arrakis. ¿Recordais Dune?
Y ahora aquí estoy, frente al ordenador, leyendo vuestros comentarios y sintiéndome en deuda con todos vosotros. Y sigue lloviendo.