viernes, 9 de diciembre de 2011

jueves, 8 de diciembre de 2011

La crisis

Lo he dicho y lo repito: Ni sabemos cómo hemos llegado a este punto de la crisis ni percibimos con nitidez lo que se está cociendo ante nuestras narices; ni sabremos muy bien cómo habremos salido de ella (cuando salgamos). Eso no es culpa de lo oscuro o complejo de la crisis, sino de la especificidad de las cosas humanas. Evidentemente es mucho más consolador echar la culpa de todo a los malos.

Y como muestra, un botón.

Con el debido respeto...

Chesterton dice que un obispo se quejó de que un inconformista se refiriera a san Pablo llamándole Pablo y luego añadió: “Al menos podría haberle llamado don Pablo".

Vía Salmonetes

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Las barbas del vecino

New York City Mayor Michael Bloomberg said last week that if it were up to him, he’d double class size and fire the 50 percent of teachers who are in the bottom half of effectiveness ratings:  “doubl[ing] the class size with a better teacher is a good deal for the students.”

Vía A Sociological Eye on Education

domingo, 4 de diciembre de 2011

Cristo como ecónomo

 
Sin la sujeción a la ley -a la ley que guardan los gramáticos- todo pueblo es peregrino. Israel dejó de peregrinar cuando Moisés grabó en la piedra del Sinaí los diez mandamientos. Por eso los gramáticos intentan mantener diáfano el surco del cincel sobre la roca. Lo suyo es la teología política porque en ese surco Israel ha echado raíces.

La Ley permitió a los israelitas arraigar en una tierra porque les permitió olvidar su condición de peregrinos en el desierto. Gracias a la Ley la naturaleza se oculta tras la cultura. Pero la ley que se escribe con la yema de un dedo sobre la arena no deja surco y por eso mismo en lugar de ocultar la naturaleza, la insinúa. El cristianismo es un religión sin ley, fuera de la ley. El régimen de lo que se insinúa teológicamente en el mundo recibe en los primeros teólogos cristianos el nombre de economía, especialmente a partir del siglo II, cuando comienzan a tratar de la Trinidad. 

El debate trinitario creó pronto dos frentes: el de los “monarquianos”, que defendían la existencia de un único poder divino y el de los ortodoxos que, como Tertuliano, Hipólito o Ireneo, sostenían que si bien Dios en cuanto a su ser es sólo uno, en su manera de regir el mundo que ha creado -en su economía- es triple (Gregorio Nacianceno expresa ésto con claridad). En la medida en que la presencia de Dios en el mundo está personificada en Cristo, es a él a quien le corresponde con justicia el calificativo de “ecónomo”.

Las polémicas que enfrentaron al arrianismo y a la ortodoxia tenían que ver con el fundamento (o “arkhé”) de la economía del hijo. ¿Estaba fundada en el Padre, como defendían los seguidores de Arriano, o, como afirmaban los ortodoxos, era “anárquica”, sin “arkhé”, es decir, sin principio ni fundamento? Con el triunfo de la ortodoxia aparece en la tradición occidental, como muy bien ve Giorgio Agamben, el problema de un "logos" y de una economía anárquica (sin fundamento en el ser). La ética y la política se presentan entonces como manifestación de la fractura que separa la acción del ser, que es el espacio de los asuntos humanos. ¿Significaría esto que no hay una teología política cristiana, sino una economía política cristiana?

El cristianismo no es anárquico porque lo sostiene la fe en que la economía humana se inscribe en el seno de una economía divina, la de la Providencia (Clemente de Alejandría), que es la expresión histórica de la articulación trinitaria (es un Dios quien escribe sobre la arena). O dicho de otra manera, la providentia especialis se inscribe en el seno de una providentia generalis. Esta dialéctica está representada en Occidente por la imagen de un Rey que reina pero no gobierna. El rey hace posible el gobierno particular precisamente porque él no lleva directamente las riendas de los asuntos prácticos. Pero esto, a su vez, significa que los asuntos prácticos están alejados del fundamento, de la “arkhé” que sustenta la misma posibilidad del gobierno. Todo acto de gobierno incorpora un punto ciego en el que surge lo imprevisto que pone en marcha la misma acción de gobernar.

Volvamos a la teología: El Padre ha creado el mundo y el hijo lo redime. Pero lo redime ofreciendo a los hombres un reino que no es de este mundo. El Hijo salva a los hombres al ofrecerles una nueva comprensión de sí mismos como extranjeros de este mundo. Esto, en última instancia, lo sabe muy bien todo legislador cuando se niega a reconocerse en los efectos imprevistos de sus buenas intenciones.

Quizás, volviendo al evangelio de San Juan, esto era lo que sabían también los gramáticos más ancianos, que son los primeros en retirarse cuando Jesús dice que el que este libre de pecado tire la primera piedra. El evangelista deja claro que primero se retiraros los más ancianos y en último lugar los más jóvenes. Ningún legislador está libre de pecado.

sábado, 3 de diciembre de 2011

La manera de mirar a una adúltera

Sigo pendiente de la imagen del Evangelio de San Juan de la que hablaba en el apunte anterior. He repasado diferentes representaciones artísticas de la misma y descubro, sin demasiada sorpresa, lo reticentes que son los artistas a la hora de organizar la escena. Actuando como los gramáticos, preservan el centro para Jesús. Así, lo que para el evangelista está claro, que el centro de lo que ocurre está definido por la mujer adúltera, para los artistas, no. Pero la fidelidad al evangelio exigiría que todas las miradas se concentraran en la mujer, no en Jesús. 

El juego de las miradas desplegado en este texto es complejo porque muestra que hay diferentes formas de contemplar el centro: desde arriba, como hacen los gramáticos, o desde abajo, como hace Jesús. Desde arriba la mujer es observada desde el pedestal de la ley; desde abajo, Jesús la observa desde el dibujo efímero que ha trazado sobre el suelo. Desde arriba, la condenan; desde abajo, no. 

La voluntaria excentricidad de un Dios que mira a la mujer pecadora desde abajo me parece sobrecogedora y, al mismo tiempo, radicalmente antipolítica. La teología política está de parte de los gramáticos. En en lado de Jesús hay otra cosa. Los primeros escritores cristianos cuando trataban del papel de Jesús en el mundo hablaban de economía.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Un dios jugando con la arena

 Pieter van Lint, Cristo y la mujer adúltera

J. B. me entregó el otro día El silencio de los libros, de George Steiner, con la condición de que, si lo aceptaba, subrayara y anotara lo que me pareciese oportuno sobre sus propias anotaciones en los márgenes del texto y se lo devolviera. Hoy, que al fin he tenido un rato libre, he comenzado a leerlo. Pero me he detenido en la página 23, en la imagen de Jesús escribiendo sobre la arena. El texto es bien conocido, se encuentra en el Evangelio de Juan, 8,1-11. Tras pasar la noche en el Monte de los Olivos, por la mañana temprano Jesús se presenta en el templo, donde se sienta a discutir con los que quieren acercársele. Los maestros de la Ley Escrita (hoi grammateîs) le llevaron a una mujer que había cometido adulterio y, poniéndola en medio (en mesô), le preguntaron qué castigo merecía. Jesús, en lugar de contestar, se pone de cuclillas y se entretiene escribiendo (o dibujando) con el dedo algo en el suelo (kategraphen eis tên gên). Como ellos insisten una y otra vez, Jesús levanta la cabeza y, sin erguirse, les dice: "Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que tire la primera piedra" y volvió a bajar la cabeza y a dibujar sobre el suelo (éngraphen eis tên gên). Poco después la alzó de nuevo y vio a la mujer, que seguía en medio (en mesô). "Si ellos no te han condenado -le dijo- tampoco yo".

El texto está tan plagado de sugerencias que da para una infinidad de comentarios (la oposición entre los maestros de la "gramma" y Jesús, que hace grafías; el hecho de que se repita por dos veces que la mujer está "en medio"; la posición de Jesús, mirando a los presentes desde abajo; etc), pero me quedo con el juego de Dios sobre una losa de piedra, o quizás sobre la arena. Es imposible saber lo que escribió, pero es también imposible no contraponer el juego puntual de su escritura pasajera con la indeleble inscripción de la Ley judía. Y frente a esta imagen me vienen tantas ideas a la cabeza que acabo completamente confundido. Pero recuerdo al Nietzsche que decía que sólo creería en un Dios que supiera bailar y veo en la escritura efímera de Cristo algo así como un baile del aire sobre la piedra o la arena. Y aún me confundo más.

Ya ves, J.B., no avanzo.

Euclides y las competencias

La gran paradoja de PISA es que, a pesar de ser una prueba diseñada para medir competencias, los mejores resultados los obtienen los países ...