miércoles, 18 de mayo de 2022

En Madrid, de nuevo

He llegado este mediodía a Madrid, donde ya se asoma el verano a la dureza del asfalto. Madrid en verano es un barco a la deriva sobre un mar de asfalto encendido. He dejado en el hotel mis cuatro cosas (una, en realidad) y me he dirigido en metro a la Universidad CEU-San Pablo, donde me esperaban a las 13:30. Lo que no esperaba yo era encontrarme entre los oyente a personas a las que aprecio mucho, como Pablo Velasco, Jaume Vives o Manuel Oriol. Como decía aquel, ¡qué agustico se está entre amigos! Tras una exposición por mi parte del tema que nos traíamos entre manos (la familia y la corrección política), ha habido debate y comida, todo al mismo tiempo. Mi conclusión es que conviene debatir con una lata de cerveza en la mano, porque al sujetar la lata te desembarazas inmediatamente de academicismos, retóricas escolásticas y pedanterías, y estás en condiciones de llamar al pan, pan, y al vino, vino,

Vivo con tanta intensidad estos encuentros que al acabarlos me siento agotado. He vuelto caminando al hotel y me he echado una siesta antes de ir a la Librería Berceo, una librería de viejo, a gastar dinero en vicios impostergables. 

Por el camino he recibido un mensaje de Aurora Nacarino, la entrañable editora de Deusto, que me publicará mi próximo ensayo, el más ambicioso que he escrito hasta ahora. A medida que lo iba escribiendo, iba también modificando mis ideas iniciales, y a medida que lo reescribía para recoger las modificaciones, iba remodificándolas. Así que ha sido este un largo diálogo conmigo mismo que, previsiblemente verá la luz a finales de año. 

Mi mujer me ha llamado para decirme que nos ha llegado el último libro de García-Máiquez, un poeta que pasará a los libros de texto. Lo ha devorado y me ha hablado maravillas de su contenido. 


 Mañana me espera un día intenso y, a priori, emocionante.


4 comentarios:

  1. Al final nos cruzaremos en la Plaza del Biombo y como no nos conocemos (una verdad a medias) no nos saludaremos. Uno por no conocer, y el otro por reconocer y no molestar. Un puntito novelesco.

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  2. Y a lo que iba, que me he perdido. ¿Qué alta ambición es esa en la que se ensaña consigo mismo tanto? También recomiendan no hablar del oso hasta tenerlo hecho una alfombra debajo del sillón. Era preguntar por vicio. A veces la curiosidad resulta impertinente. Dejo la pregunta en el aire, como que me lo pregunto a mi mismo: en qué andará rumiando esa cabeza.

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    1. Está acabado y a falta de firmar el contrato. Pero no tengo dudas sobre su publicación. Su título: "En busca del tiempo en que vivimos".

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