viernes, 2 de junio de 2017

Sobre las competencias

En respuesta a Ramon Torné.

Las “competencias” son la expresión pedagógica de la reducción pragmatista del saber al hacer. 

La teoría, la contemplación, la especulación, la curiosidad pura, aquel afán prometeico del saber por el saber “que es el que al hombre lo ilustra / más que otro alguno”, en palabras de Calderón… todo esto ha perdido valor pedagógico por exceso de intelectualismo. Lo que Albert Einstein llamó “la poesía de las ideas lógicas” ya no interesa en la educación. Hemos jubilado la “curiositas” y aquellas virtudes intelectuales a las que Aristóteles dio el nombre de dianoéticas.

No estoy en contra de una escuela que trabaje las competencias. Sería tanto como estar a favor de una escuela que fomentase la incompetencia. Lo que me parece criticable es la visión exclusivamente pragmatista del saber. El fomento del saber significa el fomento de todas las expresiones del mismo; el fomento de las competencias, es una jibarizacion del saber.

David McClelland es considerado el impulsor del movimiento competencial gracias a su artículo Testing for competence rather than for intelligence, de 1973, en el que criticaba los límites de los tests tradicionales de evaluación de la inteligencia, que eran entonces de uso común en las aulas. Según McClelland, estos tests mostraban una capacidad predictiva tan reducida que era imposible hacerse, a partir de ellos, una idea concreta de la evolución de un alumno y su futuro profesional. En su opinión, los tests de aptitudes eran mucho más fiables. De este modo dio forma a un concepto de inteligencia como la excelencia en la resolución de determinadas funciones profesionales que ganó inmediatamente la atención de los psicólogos. 

Planteadas así las cosas, las competencias no se pueden definir a priori, sino que nos las muestran los mejores de cada campo profesional cuando resuelven los problemas propios de su profesión. Las sólo se encuentran en la práctica. Si queremos encontrar las competencias de un buen pianista, deberemos observar a los mejores pianistas. De la misma manera, si queremos conoce qué competencias, en general, son hoy valoradas, deberemos saber dónde buscarlas. Lo curioso es que sólo se buscan en el mundo de la empresa.

Una definición teórica y a priori de las competencias sería tanto como afirmar que el fundamento de las competencias es teórico.

La conclusión es, entonces, clara: el niño sólo puede ser competente en la resolución de problemas propios de su edad. Intentar conseguir que un niño adquiera competencias propias de un adulto tiene algo de irónico. Sin embargo, lo que buscan las competencias escolares es algo que en las empresas nos dicen que ponen de manifiesto los adultos más competentes. Pero respecto al mundo adulto, el niño sólo es competente en potencia y, por lo tanto, no sabemos si es competente. 

Insisto en que en su origen, las competencias fueron concebidas como puntos de contacto y articulación entre el mundo educativo y el laboral. En este sentido, por ejemplo, el Departamento de Educación y Trabajo de los Estados Unidos creó la Secretary's Commission on Achieving Necessary Skills (SCANS) para definir las competencias y capacidades que los trabajadores debían poseer para encontrar trabajo en el mundo actual. Los resultados se publicaron en un estudio titulado What Work Requires of Schools: A SCANS Report for America 2000, que contenía un listado muy complejo de competencias profesionales. A partir de entonces no han dejado se publicarse listas y listas de competencias que, tomadas en conjunto, ofrecen una imagen bastante desconcertante.

Si en la escuela nos tomamos en serio las competencias, estamos obligados a señalar a los incompetentes, es decir, a los inútiles. A no ser que postulemos –también a priori- que todo el mundo es competente para algo, dejando al futuro que confirme este supuesto. 

Hemos dicho que McClelland defendía el giro competencial de la enseñanza por considerar que los tests de inteligencia no poseen mucho valor predictivo, pero hemos pasado por alto lo más importante: ¿Está bien sustentada esta consideración? Lo menos que podemos decir es que importantes psicólogos sostienen lo contrario: que cuanto mayor es la inteligencia de una persona, mayor capacidad competencial posee, ya que es más capaz de adaptarse a situaciones nuevas. Es decir, la ductibilidad competencial, que según nos aseguran, sería una de las competencias básicas del siglo XXI, no dependería de las competencias que se pueden adquirir en la escuela, sino del cociente intelectual del alumno. En contra de lo que sostiene McClelland, muchas empresas saben que la mejor manera de contratar personal competente es contratar a los más inteligentes.

Mientras tanto en la escuela se va reduciendo de manera inevitable el espacio para la filosofía, las lenguas clásicas o la literatura.

13 comentarios:

  1. "One of the intriguing features of the most recent round of PISA results was that practical work seemed to be negatively associated with science understanding" (...)
    The authors have an explanation for why this might be the case that, in my mind, clearly links to cognitive load theory:

    “When one examines the cognitive activities in which students are engaged while completing such lab course activities, they are dominated by following instructions to collect specified data using unfamiliar equipment, and following specified procedures to analyze the data and write up reports in a specified format. Although the relevant physics concepts were central to the thinking of the instructor that designed and built the experiments, those concepts get little, if any, attention from the student carrying out the assigned activities using that apparatus.”
    https://gregashman.wordpress.com/2017/06/02/do-students-learn-physics-through-practical-work/

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  2. Dicen que Sócrates aprovechó el momento en que su carcelero le preparaba la cicuta para aprender a tocar una canción con la flauta.
    "¿Para qué te servirá esto?", le preguntaría hoy un pedagogo competencialista.
    "Para saber tocar esta canción antes de morir", le respondería Sócrates.
    "¡Vaya pérdida de tiempo", le replicaría el pedagogo.

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    1. Retitule el artículo, Gregorio: "La canción de Sócrates..." No hay como despistar a los competentistas para llevarlos al camino del conocimiento...

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  3. Don Gregorio, de su entrada me ha quedado claro que todo el discurso de las competencias es valorar el potencial de trabajo futuro. Por supuesto, no digo yo que lo diga usted.

    Pensar que dentro de veinte años se enfrentarán a problemas similares quienes se están educando ahora, creo que es suponer demasiado.

    Me perdonará usted que pronuncie en nombre de Platón (espero que no muy en vano). La educación es sacar de la caverna. El proceso tiene sentido en poder hacer a personas que serán dueñas de su libertad. Las competencias ni desatan a los prisioneros. Es ver cómo pueden reconocer mejor los objetos que realmente son sombras.

    Definir al individuo por su trabajo es convertirlo en siervo. Adiestrarle en competencias creo que es la mejor manera de prepararlo para eso. Lo siento, pero el comienzo de la Política aristotélica creo que analiza muy bien esta situación (es el análisis de la esclavitud).

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    1. Insisto en que el error de las competencias está en la reducción instrumentaliista del conocimiento. El conocimiento no es sólo saber hacer. A la taxonomía de Bloom me remito. Pasa con el conocimiento como con el futbol. Cuando un grupo de aficionados va a ver un partido de su equipo, desarrolla una amplia gama de actividades que no son estrictamente futbolísticas (la manera de vestirse, sus cánticos, comidas o cenas, debates en el bar, etc) pero que son generadas por el futbol, se manera que el futbol acaba siendo todo aquello que da sentido a una tarde. Pasa lo mismo cuando se busca el conocimiento: lo que se pone en marcha inmediatamente es mucho más complejo que la mera teoría. En resumen: buscando el saber se desemboca inevitablemente en les abre hacer; mientras que buscando el saber hacer, se olvidan frecuentemente los principios y estructura del saber.

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    2. "Pasa con el conocimiento como con el futbol" Está claro que es un ejemplo útil para ilustrar lo que quiere explicar, pero ¡otro gallo nos cantaría si pasase con el conocimiento como con el fútbol!
      El fútbol se toma mucho más en serio, en el fútbol se pide a los que juegan que intenten estar en la élite, sin que este elitismo se vea como nada negativo, a nadie parece mal que el que quiera alcanzar la excelencia tenga que trabajar duro, madrugar, trabajar el fin de semana, o tener pocos días de vacaciones.

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    3. Don Gregorio, perdone que me pierda con el fútbol. ¿El conocimiento es cómo saber pasar una tarde? Estaría de acuerdo con usted, pero seguro que requiere muchísimo más desarrollo.

      Curiosamente, ni el instrumentalismo se aclara. Nadie creo que negará que saber programar es algo utilísimo. Dicen que no es tan difícil hacerlo. Lo complicadísimo es saber hacerlo bien (ya no digo realmente bien).

      La diferencia está en tener formación matemática sólida. Teclear código puede ser relativamente fácil. Lo realmente complicado es programar en serio. Esto es, de modo informáticamente eficiente y seguro.

      Incluso desde una práctica tan técnica como la informática, la formación es decisiva. No el mero adiestramiento en técnicas de programación.

      Espero que el ejemplo no sea demasiado oscuro.

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    4. Lo que quiero decir es que cuando se persigue con ilusión un objetivo siempre se encuentran en el horizonte de ese objetivo más cosas que las que inicialmente buscábamos. A medida que nos vamos acercando a él, se enriquece y nos va mostrando todo aquello que lleva asociado. Pero este enriquecimiento no se habría producido de no haber perseguido el objetivo. Dejemos, pues, el futbol y las tardes aparte.
      En resumen: que si persigues el conocimiento, acabas encontrándote con las competencias, pero si persigues las competencias te acabas perdiendo porque no hay un objeto claro y definido que las ordene.

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  4. El aire filosófico me pierde y uno tan terrenal tiende a pensar que a veces es demasiado aire. Sin embargo, y yendo a lo práctico y ahí viene la relación con lo comentado por Gregorio, la competencia no es sino su aplicación y esta se hace a través de unos estándares que son de un reduccionismo enorme en su intento por objetivar (la relación con el mundo empresarial y técnico). Estas tablas infames odiadas por bastantes profesores que conozco (la mayoría se resiste) que tratan de separar en una redacción cada aspecto cual análisis morfológico sin entender que el profesor valora un todo pues lo que se pretende es que el alumno vaya sabiendo integrar conocimientos y razonamientos. De lo más reaccionario esto de las competencias sobre todo en enseñanzas más humanísticas.

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    1. ¿Reaccionario? ¡Más bien es la ortodoxia!

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  5. Se confunden la "competencia" con la "competitividad".
    Y a nivel profesional prima la última sobre la primera.
    La competitividad es para con el otro, la competencia para con uno mismo.
    La competencia puede ser no competitiva, la competitividad habitualmente es incompetente (los más capacitados se ven relegados por los más incompetentes, dentro de las organizaciones). Por otro lado, la competencia es solitaria y la competitividad insolidaria. La competencia es un para-sí y la competitividad es un para-otro al que le importa el coste antes que el esfuerzo. En relación a ello, la competencia exige desgaste sin pedir a cambio resultado o sin moneda de cambio. La competitividad se concentra en minimizar el coste, el desgaste o el esfuerzo con tal de ser más barato. Aunque hay excepciones de competitividad por excelencia de producto/servicio, pero éstas tienen un segmento de mercado estrecho de alto poder adquisitivo. Si nos damos cuenta de que vivimos en el nuevo mundo del low-cost, eso tiene un precio que se paga en términos de baja calidad.

    En fin, por hablar abstractamente se puede hablar de todo, que es como no decir nada.

    La "escuela" en general, en su niveles más primarios (hasta finalizar el bachillerato), no debería plantearse nada sobre competencias profesionales, que son del orden de los últimos niveles de estudio y formación. Esos que ahora, son interminables al ser la formación continua. Se deberían limitar, a no poco, que es dotar al estudiante de herramientas fundamentales sobre el leer, escribir, hablar y matemizar correctamente.Además de inocular con finura el virus del ansia de saber.

    El perrodegeryon

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  6. Quizá la pregunta sea muy sencilla: ¿por qué y para qué queremos educar a todos?

    Si necesitamos guarderías, a lo mejor sería más fácil hacer guarderías en vez de escuelas.

    La pregunta creo que es relevante porque si sólo instruimos para trabajar, creo que es fácil ver que sobran muchos esfuerzos.

    A los dos anónimos personalmente les agradecería que usasen un pseudónimo (opción Nombre/URL [es válido sólo con nombre]). No es que tenga ganas de saber quiénes son, sino de saber si los dos personas o no. Por seguir la conversación.

    La competitividad que piden los mercados tiene la forma del «más barato todavía» (con el ejemplo, siento decirlo, de China). Se trata de producir más barato.

    Perdonen mi ingenuidad, pero no usamos la competencia (no la capacidad, sino la competición) para elegir a los mejores agentes, sino para escoger aquellos que nos van a suponer menos gasto de modo inmediato.

    Repito que seré ingenuo, pero ese modelo de depauperación es casi imposible que no sea insostenbile.

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