miércoles, 13 de mayo de 2015

Secretos de confesión

Imagínense ustedes que llevan quince años buscando información sobre alguien. Imagínense que después de ganarte muchas complicidades, consigues acceder a la memoria de una persona que te abre sus recuerdos sobre ese "alguien" casi... de par en par. Imagínense que la confianza entre los dos va en aumento y que este "casi" reticente va siendo sitiado astutamente... hasta que finalmente vuestro confidente os dice: "Te contaré una gran historia a condición de que tú no se la cuentes a nadie, porque es algo muy íntimo". Imagínense que, con la curiosidad desbocada dices que sí y saltas de alegría mientras estás oyendo lo que te están contando pero, al acabar, te das cuenta que has dado tu palabra y que debes retener como puedas el sañudo hormiguero que han sembrado en tu corazón. 

Me siento como el barbero del rey Midas, que un día descubrió que su señor tenía orejas de burro y como no podía guardar el secreto, hizo una agujero en la tierra y lo dejó allí, susurrado y enterrado. Pero quiso la ventura que fueran a crecer allí mismo unas cañas indiscretas, que pregonaban lo que sabían cada vez que el viento las mecía.  

6 comentarios:

  1. Suerte tenemos de la literatura y del paso del tiempo.

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  2. El dios de los cielos prohibió al dios de las aguas revelar a ningún ser humano que la tierra y sus habitantes iban a ser barridos por un próximo diluvio.
    El dios de las aguas lo contó entonces a las cañas -y no a los hombres-, mas éstas amplificaron, como los tubos de un órgano, lo que el dios de las aguas les contaba, justo cuando un sacerdote del dios de las aguas, piadoso y prudente, navegaba entre los cañaverales, oyendo las indicaciones del dios de las aguas sobre cómo y porqué construir un arca en la que se podría refugiar para sobreponerse al cataclismo.
    Las cañas, la tierra, no son los hombres, y si se van de la lengua...

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  3. Plas, plas, plas, don Sección de Estética. En el origen fue el trenzado, de mimbres o cañas. Y así nació la red, que es en lo que estamos.

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  4. Su confidente en realidad le estaba diciendo: sé que es muy íntimo y no debería (quizás él también prometió silencio), pero no puedo dejar por más tiempo que ese recuerdo, esa memoria se vaya conmigo, que quede sin decir; por favor, te lo suplico, cuéntalo!

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  5. diría que belart ha acertado en la intención que perseguía su confidente, al fin y al cabo cualquiera sabe que la única manera de que no se sepa algo es no decírselo a nadie.

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