... pero algunas falsedades son más falsas que otras y algunas verdades, más verdaderas.
sábado, 31 de diciembre de 2016
viernes, 30 de diciembre de 2016
jueves, 29 de diciembre de 2016
martes, 27 de diciembre de 2016
Un paseo con Shostakovich
He salido esta tarde a dar un paseo por la playa de Ocata acompañado por Shostakovich, que nunca me defrauda. El cielo estaba tremendo y en un primer momento pensé que me sugeriría escuchar la séptima o la octava, pero para mi sorpresa se ha decidido por la que más desentonaba con las estridencias del cielo, la novena. Me ha costado entender su pretensión.
La novena sinfonía de Shostakovich fue estrenada poco después de finalizar la Segunda Guerra Mundial en un lugar tan cargado de simbolismo como Leningrado. Todos esperaban la música que cantaría la gloria de la victoria con un despliegue que fuera incluso superior al de la novena sinfonía de Beethoven, pero se encontraron con una sátira melancólica que a veces se acerca a la elegía (el segundo movimiento, con su transición del solo de clarinete a las cuerdas) y a veces a la carcajada. Lo curioso del caso es que Shostakovich comenzó a escribirla con un tono majestuoso, pero se interrumpió de repente, abandonó lo escrito y siguió un camino totalmente opuesto.
No sé qué pudo pretender Shostakovich, pero a mi parecer le salió un guiño a la vida liviana, que era, precisamente, la única vida imposible en la Union Soviética de Stalin.
Parece que Shostakovich quisiera recordarnos que la vida es una búsqueda triste de alegría. "A los músicos", dijo, "les encantará interpretarla y los críticos disfrutarán destrozándola". Sabía, pues, a qué se exponía al desnudar los hechos de su grandilocuencia oficial.
Los guardianes de la ortodoxia estalinista cayeron sobre Shostakovich como buitres, acusándolo de desconectar de la realidad. Pero esta reacción desmedida, paradójicamente, le da la razón a él. En 1948 prohibieron esta sinfonía. ¡Y después criticamos a Platón por expulsar los poetas de su ciudad!
Mucho más tarde confesará Shostakovich: "Ellos querían que produjera una fanfarria, una oda; querían que escribiera una Novena Sinfonía majestuosa... El golpe era inevitable... Cuando se presentó, Stalin se puso furioso. Se sintió profundamente ofendido, porque no había ningún coro, ni solistas, ni apoteosis. Ni siquiera una miserable dedicatoria. Era solamente música... No pude escribir una apoteosis a Stalin... simplemente no pude."
Stalin intuyó que en aquella obra había un insulto dirigido contra él, pero era incapaz de entender su naturaleza, porque era incapaz de entender que alguien reivindicase la ironía como un canto de victoria. Y en esto se ha puesto definitivamente el sol tras Collserola.
Dios revela que no existe
Un rico campesino de Alma-Ata se desplomó de repente mientras trabajaba en el campo, víctima de un fulminante ataque de apoplejía. Cuando recuperó el habla y el movimiento, contó que se le había aparecido Dios y que le había revelado que "Dios no existe", ordenándole que predicara esta mala nueva. El campesino abandonó su hacienda y su familia para dedicarse a su apostolado por toda Rusia. Las autoridades lo soportaron durante un tiempo, hasta que al ir acumulándose las quejas, finalmente lo deportaron a una mina de cobre de Siberia, donde fue asesinado por una banda de ladrones, que se erigió en defensora de la existencia del Dios Vivo.
La historia la cuenta Aleksander Wat en Mi siglo.
lunes, 26 de diciembre de 2016
La pregunta que sólo B. me ha hecho
He colgado esta imagen en las redes sociales y ha tenido un éxito fenomenal e inesperado, especialmente en Facebook. Muchísimas personas me han manifestado su sorpresa por la escena. Hay quien me ha preguntado qué podía estar leyendo María, pero sólo una me ha hecho la pregunta elemental, sin la cual, no se entiende el profundo sentido teológico de la escena: "¿Por qué lee María?" Ha sido mi amiga B., parisina y judía, y ante ella me descubro.
Querida B.: María lee porque en ella el Verbo (o el Logos) se hace carne. José tiene la carne del Verbo entre sus brazos, pero esa carne la ha recibido de su madre. Es ella la que le ha dado la carne a Dios, que es el Verbo.
Me preguntas también, B,, por el origen de esta iconografía. Lo único que puedo decirte es que es probablemente de origen medieval. Nos remite a uno de los evangelios apócrifos, el titulado Libro sobre la Natividad de María, que durante mucho tiempo fue atribuido a San Jerónimo. Sin embargo es muy probable que su autor fuese contemporáneo de Carlomagno.
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La normalidad
El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...







