lunes, 14 de noviembre de 2016

Otra historia de espías

Aparentemente era una familia convencional. Él trabajaba -decía- en una multinacional y ella era profesora de la UNAM. Tenían dos hijas. Una de 6 y la otra de 8 años. Un día él les dijo que lo trasladaban aValparaíso con urgencia y que había decidido vender la casa y todo su contenido. Ya  comprarían lo que les hiciera falta en su nuevo destino. "Cuándo piensas venderla?",le preguntó ella. "Ya la he vendido!", contestó él. Añadió que se marcharía al día siguiente a Valparaíso para preparar la instalación de la familia y que estaría esperándolas en una dirección que les dio. Así hicieron, pero no las estaba esperando nadie. Aquel hombre había desaparecido sin dejar rastro. Cuando las hijas crecieron comenzaron a buscar  a su padre. Lo localizaron en Rusia -ya había caído el muro-, estaba casado y tenía tres hijos. Se enteraron de que vivía en una pequeña localidad en las afueras de Moscú. Cuando dieron con él, descubrieron a un hombre con alzheimer. Su nueva familia no sabía nada de su vida en México. Las hijas pudieron averiguar también que su padre había nacido en la URSS y que había sido un importante agente de la KGB. Se había limitado a cumplir órdenes, les dijeron.

Les aseguró que la historia es completamente cierta.  La persona que me la ha contado sabía muy bien de qué hablaba.

jueves, 10 de noviembre de 2016

La hora

Bertis es una persona a la que no le puedes preguntar la hora, porque antes te cuenta la historia del reloj y lo hace de manera tan prolija que para saber la hora que es cuando acaba, deberías preguntarle la hora otra vez. Pero acudí a su casa, en el sur de la Ciudad de México porque Estaba a nteresado en una hora de la historia que sólo él había vivido. Se sentó cómodamente en el sofá y comenzó a contarme cómo a aquel antepasado suyo lo encontraron en una entrepierna que no le correspondía y lo nombraron Justicia Mayor Del Real lugar de  Nuestra Señora de las Mil  Vírgenes de Cosalá en la segunda mitad del siglo XVIII. Afuera comenzó a llover y la mujer de mi amigo se dispuso a hacer café y a preparar fajitas.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Unos datos para rumiar despacio


Llevo una hora dándole vueltas a este gráfico.

El precio como criterio estético

“Ningún artista moderno puede esperar que se rece ante su obra, que se espere alguna ayuda práctica de ella o se quiera ahuyentar los peligros que podrían surgir de ella. Lo máximo que uno está dispuesto a hacer hoy frente a una obra de arte es considerarla interesante y preguntar en todo caso por su precio. El precio inmuniza hasta cierto punto a la obra de arte contra el gusto del público. Muchas obras que actualmente se conservan en los museos habrían terminado hace tiempo en la basura si el efecto inmediato del gusto del público no hubiera estado limitado por consideraciones económicas”
Boris Groys, 
Introducción a la antifilosofía

Que todo pasa



Heráclito
en el cercanías
miró por la ventanilla
vio las olas que corrían
hasta la orilla del mar
y su sombra en el cristal
que apenas se movía
cerró el móvil
pasaron las olas
pasó el mar
bajó del tren
y quedó la vía.

El berenjenal erótico

Algo ocurre con el amor que cuando hablamos de él todos tendemos a ponernos unos guantes idealistas, como si el amor fuese exclusivamente una propiedad del alma y el sexo una circunstancia menor, meramente accidental del erotismo. El origen de esta actitud no comienza con San Agustín, sino con el mismo Platón o, mejor dicho, con una lectura sesgada de Platón que ignora los esfuerzos que realiza este filósofo por captar la complejidad de Eros, al que ve como un fenómeno a la vez antropológico y cósmico.

Para curarse de la tentación de desnudar al amor de todo olor a cuerpo, uno debe recordar que los genitales se buscan al menos con tanto interés como las almas y que, quien tiene alma, si es hombre, tiene también genitales. En definitiva, que quien habla del amor es una especie de oxímoron ontológico.

La tendencia al idealismo erótico suele dar por supuesto que el amor es clarividente. San Agustín decía que cuando se ama, el amor hace a lo amado mejor y más enteramente conocido y una larga tradición neoplatónica ensalza el poder iluminador de la "mirada erótica". Esta tradición llega hasta Percy Shelley y, a través de él, desemboca en Ortega.

Sin duda el amor tiende a idealizar el objeto amado, ¿pero es evidente que esta idealización nos haga clarividentes y nos permita un mejor conocimiento del mismo? Según Ortega, el amor es un estado de imbecilidad transitoria. Lo dice como algo positivo. La imbecilidad sería la condición de quien tiene toda su capacidad atencional concentrada en un punto, con lo cual toda lo que está en la periferia de ese punto se le vuelve borroso y carente de interés; pero, precisamente porque su atención está concentrada en un único punto, el imbécil sería capaz de descubrir en él los rasgos que para los no imbéciles pasan desapercibidos.

Insisto: ¿es evidente que esto sea así?

¿No ocurre, más bien, que el objeto del amor queda fragmentado por su idealización? ¿Aquello que subyuga nuestra atención es todo el objeto amado o una parte del mismo? ¿Es el todo de la persona amada lo que amamos o un simulacro parcial que confundimos con el todo?

¿No ocurre que cuando amamos a alguien de manera inevitable excluimos de ese alguien todo aquello que pudiera, al menos potencialmente, tener de poco atractivo e incluso de repulsivo? Sé que me estoy metiendo en un berenjenal, pero me atrevo a sugerir que el amor es un ejercicio de represión selectiva que se pone a prueba precisamente cuando tiene que hacer frente a la integridad del ser querido. En ese momento es cuando, una vez descubierto lo que no nos gusta de él, hay que decidir (si es que en cuestiones de amor puede decidirse uno) si, puesto que no lo amamos por eso que acabamos de descubrir, seguimos amándolo a pesar de eso.

Hay otra faceta del erotismo, más oscura y mucho más difícil de tratar, porque nos sitúa cara a cara ante nuestra condición de seres naturales. Platón trata de ella en la República cuando dice que en una ciudad bien gobernada los deseos son controlados y vencidos por la prudencia y la ley. Quienes leen a Platón de manera beata se suelen quedar aquí. Pero Platón, que no es ciego ante la realidad, dice bastante más que esto. En primer lugar puntualiza que este control de los deseos sólo se lleva a cabo "en la medida de lo posible" y esta no es una precisión menor. En segundo lugar, añade que en toda ciudad, sea cual sea la bondad de su gobierno, existirán siempre deseos que vayan contra la ley. En tercer lugar sugiere que estos deseos son universales, como se pone de manifiesto en los sueños, cuando la parte más salvaje del alma se considera liberada del sentido de la vergüenza y de la cordura. El psicoanálisis confirma cínicamente esta tesis cuando dice que los buenos son aquellos que se contentan con soñar lo que los otros, los malos, hacen en la realidad. Sea como sea, el amor que dura es aquel que se confirma cada mañana a la hora de despertarse.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...