martes, 31 de enero de 2017

Haciendo deberes con mi nieto

Los martes traemos a nuestro nieto Bruno a comer a casa. Nos lo pasamos bien, aunque a veces hay que poner cara seria con algunos platos que no son completamente de su devoción. Hoy, durante la comida, le he contado la historia de Orfeo. Hemos hablado de Tracia, del río Hebros, de las mujeres tracias, de Eurídice y de la entrada al infierno del monte Tenaro y de todo lo demás, añadiéndole que una vez su abuela y yo estuvimos cenando en un merendero en Edirne, en un mirador que daba a la corriente del Hebros y al atardecer nos pareció notar un eco remoto de la música de Orfeo, aunque no descartamos que fuera la música de una fiesta popular que se celebraba en las proximidades y que a veces llegaba hasta nosotros con un golpe de viento. Al día siguiente comenzamos a remontar el curso de otro río Tracio, el Maritsa, en etapas de 25 kilómetros diarios que nos llevaron hasta Shipka.

En los postres hemos escuchado esto:



¿Y saben qué? ¡Me siento orgulloso de mi nieto y de mí mismo por haber estado haciendo deberes mientras comíamos! Nos lo hemos vuelto a pasar bien.

11 comentarios:

  1. ¡Qué suerte tiene Bruno!

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  2. Suerte los dos. Y Yo también por poder acercarme al café de Ocata. Los que pretenden legislar en contra de los deberes deben pensar que todos los abuelos (padres) son como usted, don Gregorio (y ojalá así fuera). La escuela y los deberes están, sobre todo, para los huérfanos de padres cultos...o estaba.
    No me canso de darle la enhorabuena, es todo un lujo visitarle.
    Saludos de Pilar.

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  3. Ya hace usted bien, porqué en Primaria nadie le hablará de la antigua Grecia y en Secundaria, con un poco de suerte, (si tiene un profesor de sociales -Historia- sin complejos...) tendrá dos temas en primero de ESO sobre los griegos y la herencia clasica y nada más. Eso sí vivirá los dias de halloween, de la paz, de los derechos del niño..., cada año como un mantra..., saliendo al patio y pintando globos de colores que soltará al viento.

    De todas formas tenga cuidado con publicitar este tipo de deberes no vaya a tener problemas con los comisarios de "la Santa Innovación". (excelente artículo suyo)

    !A quién se le ocurre enseñar mitología clásica a un niño y decirlo públicamente!

    José

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  4. ... Y si de joven se obsesiona con Orfeo?
    No hay que despertar a los Manes tan pronto!

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  5. Bueno, pensándolo bien, tampoco ed grave viniendo del abuelo. Lo peligroso hubiése sido que viniese del padre. Entonces sí que lo trauma!
    O peor, que lo tomen por el pito del sereno (como es mi caso)

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  6. Ahora que caigo por cierto, el que tenía mala leche era Aristeo!

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  7. La solución al problema de la enseñanza en España es fácil: ¡ que se eduque a los abuelos para que sean como usted con sus nietos !

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  8. Permítaseme discrepar,porque advierto que corre el peligro de "singularizarlo" tanto que va a acabar estigmatizado por sus impares -que pares no va a tener, seguro...- como, digamos, insólita rara avis en la charca donde chapotea "la gente"... No sé, no sé...

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  9. Releo estos días el Gorgias, y ¡zas!, me encuentro con el club de sabios de Calicles donde, según Sócrates, "os exhortáis a andar con cuidado para evitar que, convertidos en sabios mayores de lo conveniente, resultaseis dañados sin advertirlo", que me viene de perlas como argumento de autoridad para la intervención anterior...

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  10. Cuando todavía no había cumplido cuatro años, un día apareció mi abuelo, que era carpintero, y a quien, gracias a Dios, quedaban todavía muchos años de ejercer su oficio, con una pizarra de madera pintada de negro que había hecho en el taller. Se había propuesto enseñarme a leer.
    Clavó, creo, dos alcayatas en la pared y colgó de ellas la pizarra a mi escasa altura; había decidido enseñarme a leer. Con los años supe que lo había hecho varias veces más, alguna en la mili, y alguna en un campo de prisioneros en que purgó su ocurrencia de esconderse cuando había sido llamado a las armas.
    Cuando terminó la etapa elemental con la pizarra siguió con Corazón, de D'Amici, en la mesa de la cocina, no sé si antes o después de cenar.
    Fueron mis tiempos los de la EGB, precedidos de un año de párvulos, antes del cual estuve dos años en un colegio de monjas que había en mi pueblo. Cuando llegué a éste, las monjas enseñaban las letras mediante unas fichas de cartulina en las que estaba dibujada, por ejemplo, la letra Q junto a un queso. Para entonces yo sabía leer y escribir.
    Ése era mi abuelo, y eso lo hacía cuando llegaba de trabajar.

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