miércoles, 20 de febrero de 2013

Ayer

Ayer vi a una mujer asombrosamente guapa entrar en el vagón de cercanías en el que yo iba a Barcelona. Y se sentó a mi lado. Ayer me encontré en la Diagonal con un ex alumno que apenas podía ponerse en pie. Me reconoció él a mí y me extendió la mano pidiéndome lo que le pudiera dar para un bocadillo. Me costó identificar al adolescente que fue en aquella pobredumbre humana. "No, a tí no te quiero pedir dinero", me dijo, y retiró la mano. Al marcharse lo llamé por su nombre y se volvió sorprendido -me pareció- de que alguien podiera dirigirse a él por su nombre de pila. "Sí te voy a dar dinero. Y no sé si hago bien. Pero no puedo dejarte marchar así". Cogió el dinero y se marchó sin sonreir. Yo creo que su cuerpo ha olvidado el ejercicio de la sonrisa. Ayer comí con tres mujeres encantadoras. Era una comida de trabajo y el mío consistía en soñar despierto con proyectos fantásticos. Ayer entré en un bar, pedí una caña y me senté cerca de Joan de Sagarra. Justo estaba en el primer trago cuando me llamó mi hermano para comunicarme la trágica muerte de un amigo de la infancia. Ayer presenté Erotismo y prudencia en el Ateneu y conocí a Calamar. Me senté entre Jordi Sales y Ramón Alcoberro y mencioné a Lucrecio sin caer en la cuenta de que estaba presente el gran Jaume Pòrtulas, que se sabe el De rerum Natura de memoria. Después hablé de la lectura lenta y, al terminar, le dimos tal repaso a la historia universal que la dejamos como nueva. Al llegar a casa me encontré un mail de una editorial con la que trabajo comunicándome que un tal Gregorio Luri había pasado por sus oficinas  y quiere conocerme. Dejó su teléfono. Lo tengo ahora mismo aquí delante. Todo esto fue ayer.

4 comentarios:

  1. Ayer un alumno problemático me dijo que le había pasado la hora de mi clase volando. Ayer voté en asamblea una democrática lista cerrada en mi sindicato. Ayer corrí para no llegar tarde al Ateneu. Me reencontré con Ramón. Y conocí a Don Gregorio, que fue muy cordial conmigo. Escuché atentamente las intervenciones. Supe de otro maestro Strauss. Ya en casa empecé a leer lentamente el primer capítulo de la historia de la Filosofía de bachillerato: todavía me queda mucho para leer directamente a los griegos.

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  2. Ayer llegué al trabajo puntualmente tarde, como de costumbre. Me había pasado la noche anterior llenando cajas para la mudanza, hasta las tantas, y por la mañana me dolían músculos que ignoraba poseer. Ayer me llamó un comercial de una empresa de mudanzas con quien había contactado para hacerme el presupuesto. Tuve que salir del trabajo a las once para enseñarle el piso. Como no me convenció, contacté con otras cuatro empresas más. A las cuatro otra vez dejaba la oficina para enseñar el piso. No recuerdo haber cogido tantos autobuses por Barcelona en un solo día. Tengo tres presupuestos para la mudanza, en espera de dos más, a cual más desolador. Ayer ella, con toda la buena intención del mundo, decidió empezar a empaquetar mi colección de cds en pequeñas cajas al azar. Sólo de pensar que ahora Miles Davis reposa junto a Jethro Tull y lo que me espera cuando tenga que volver a ordenar esos mil cds... prefiero no pensarlo. Ayer encontre entre papeles olvidados algunos relatos que escribí hace más de diez años. Me sorprendió y me deprimió a partes iguales descubrir lo bien que escribía en catalán.

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  3. Ayer tuve un día loco, como suele suceder, y el único momento tranquilo fue cuando me senté con media copa de vino a leer su post, que me pareció muy simpático y bien escrito.

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  4. Hoy ayer ya es anteayer, y no sé por qué no me sorprendre llegar tarde al pasado.

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El niño tiene derecho a ser frustrado

Entrevista que me hizo el jueves pasado Carlota Fominaya para el ABC.