jueves, 14 de junio de 2018

De Madrid al cielo (casi)

A las 9:10 de la mañana me suena el móvil justo cuando estaba dejando la habitación en el hotel Miguel Ángel de Madrid.
- ¿Señor Gregorio Luri?
- Sí, soy yo.
- Soy el taxista de cabify. Le espero en la puerta del hotel.
- Bajo en dos minutos.
- Está bien.
Cuando abandono el hotel veo que hay varios coches esperando en la calle. Pregunto uno por uno, pero ninguno es el mío. Hay también un coche negro sin nadie adentro. Me esperan para grabar un vídeo y no me quiero retardar, pero obviamente allí no está el coche que debía estar. Pasados unos minutos llamo al teléfono desde el que me habían llamado anteriormente.
- Hola, soy Gregorio Luri.
- Perdone usted, pero es que me encuentro muy mal.
- ¿Qué?
- Muy, muy mal. ¿puede llamar a una ambulancia, por favor?
Me cuelga.
¿Qué hago?
Debo llamar a una ambulancia, pero ¿a dónde le digo que tiene que ir? Obviamente al Hotel Miguel Ángel, no. Aquí no está. 
Vuelvo a llamar. Nadie contesta.
Intento encontrar algún policía municipal para contarle lo que pasa. No veo ninguno. ¿Y si al hombre le está dando un ataque al corazón?
Llamo a la empresa que hace el vídeo. Les cuento lo que ocurre y les ruego que se pongan en contacto con cabufy. Me dicen que me envían otro taxi.
Suena el teléfono. 
- Señor, me encuentro un poco mejor. He llamado yo a una ambulancia. ¿Puede usted dar de baja el servicio? Por favor, ¿Puede dar de baja el servicio?
Respiro un poco más aliviado.
En este tiempo al verme con una maleta a las puertas de un hotel, se han parado varios taxis preguntándome si necesitaba sus servicios. Al primero le he dicho que esperaba un coche de cabify y prefiero no reproducir aquí sus exabruptos.
Suena una sirena. Sí, es una ambulancia. Viene por Castellana. Gira en Gregorio Marañón y se detiene frente al hotel. Se bajan dos enfermeros. Miran a su alrededor sin ver a nadie. Me acerco para contarles lo que sé. En ese momento un hombre de unos 50 años que está sentado en las escalerras del hotel con un móvil en la mano, levanta el brazo. Es el taxista. He estado todo el tiempo a su lado sin fijarme en él. Lo introducen en la ambulancia.
A los pocos minutos llega el segundo coche de cabify. Le cuento al nuevo taxista lo ocurrido y va a la ambulancia. Vuelve preocupado. Intenta llamar a alguien sin éxito. Poco después se nos acerca un enfermero.
- Parece que está bien. Saldrá por su propio pie. Se va él. Ya está bien.

1 comentario:

  1. Hola, soy el taxista. La cosa no acabó ahí. Cuando me levanté, me percaté de q

    ResponderEliminar

El daimon de Bruto

"Era la noche muy profunda, su tienda la alumbraba una luz no muy clara y todo el campamento estaba en silencio. Él, envuelto en sus r...